Redes Sociales: una nueva concepción de vida

Redes sociales hay muchas. Casi podría decirse que hay una para cada gusto. Podemos nombrar algunas, desde las archiconocidas Facebook o Twitter, hasta Tuenti o Sonico, pasando por Youtube, Flickr, Instagram, Tagged, Vimeo, DeviantART, Pinterest, Badoo, Reddit, Tumblr, Linkedin y un gran ectétera. Algunas son específicas, para compartir videos, fotos o encontrar pareja o amigos. Pero todas ayudan a compartir. Lo que sea, una idea, una foto, un chiste, una denuncia. Lo que voy a hacer acá es analizar algunos de los comportamientos más generalizados en dichas redes sociales. Las redes sociales desnudan el comportamiento del hombre, si se saben interpretar. Hagamos esa interpretación, entonces, limitados por ahora a las expresiones íntimas de las personas en las redes sociales.

Redes sociales

Lo que más resalta en el comportamiento de las personas en el Facebook o en muchas otras redes sociales es la idea bien fundamentada de que son absolutamente felices. Esto es lo que se puede deducir de la gran cantidad de fotos en las que el dueño de la cuenta se muestra sonriente, de vacaciones, en el trabajo, en la calle o en cualquier otro lugar, con sus amigos, sus hijos o su pareja, siempre sonrientes. También suelen poner muchas frases supuestamente “estimulantes” para la vida, chistes de todo tipo y ocurrencias varias. A veces al entrar en el perfil del Facebook de algún amigo me da la impresión de ver el perfil de un completo desconocido, alegre y feliz, sí, pero desconocido para mí. Hay gente que “vive” en las redes sociales, anuncian que se han despertado, de que humor están, cuando salen para el trabajo, lo que comen al mediodía, el mate de la tarde, los cambios de humor, la gente que ven, el viaje de vuelta, la llegada a casa, la alegría de estar con los seres queridos, la cena, los programas que miran por televisión, cuando se van a dormir. Y al otro día vuelven a empezar, convirtiendo a las redes sociales en una especie de Truman Show generalizado.

Pero si analizamos más a fondo, eso no es completamente cierto. Luego de observar muy atentamente durante un buen tiempo me di cuenta de que si bien lo de la felicidad, ficticia o no, es absolutamente cierto, hay otros factores que se desencadenan en las redes sociales con igual virulencia. Suelen leerse diversas lamentaciones, protestas y distintos dolores del alma que antes solían ser cosas muy personales y ahora se publican cada vez con mayor frecuencia.

Las personas, entonces, encontraron su lugar, “el lugar”, en el cual poder decir que son felices, que se sienten bien, pero también donde decir que se sienten traicionados o golpeados, tristes, doloridos, maravillados, melancólicos, satisfechos, insatisfechos, tranquilos, nerviosos y un larguísimo etcétera. Mucha gente encontró el lugar ideal donde se sienten escuchados aunque sólo escriban, donde se sienten vistos aunque sea en una foto, donde pueden tener muchos amigos aunque no los hayan visto nunca, donde pueden compartir lo que sienten. Ese lugar, o esos lugares son las redes sociales.

Ahora bien, mi duda es si esa gente sigue manteniendo el contacto humano con otras personas o las redes sociales han reemplazado a ese contacto humano natural, siempre con la posibilidad de un conflicto o de que nos digan cosas que no queremos escuchar. Yo creo que las redes sociales han reemplazado, en innumerables casos, a un psicólogo e incluso a un psiquiatra. ¿Por qué digo esto? Porque es común leer los problemas más íntimos de las personas, por ejemplo en el Facebook, problemas que tal vez no le contaríamos a gente que no es muy íntima, pero que al publicarlos le damos la posibilidad de leerlo a miles de personas, dependiendo de los amigos que tengamos y las opciones de privacidad que manejemos. Mi teoría es que las redes sociales se han convertido en un gran ámbito de confesiones, que sirven para expiar las culpas, para sentirse escuchado, para desahogarse, para decir simplemente lo que se siente y muchos usos más. Las redes sociales se han convertido en un refugio para solitarios y no tanto, en un amigo sin rostro, en un animador anónimo, gigante, que va absorbiendo sin quejarse todos los sentimientos de la gente.

Redes sociales

Las redes sociales están cumpliendo con una misión que debiera ser cumplida por el hombre en persona, la de escuchar al amigo, alentarlo, palmearle la espalda en un momento importante. Es cierto que los Me Gusta son puestos por personas que existen pero también se da el caso en que muchos ni siquiera se han visto personalmente una vez en la vida. Nada más impersonal que poner Me Gusta. No hay nada de contacto humano en eso, es un simple click en un par de palabras con el que las personas quedan bien de forma fácil y barata. De todas maneras hay que reconocer que a mucha gente las redes sociales le son muy útiles, porque logran resultados, mejoran su ánimo y se sienten mucho mejor. Eso necesariamente debe ser bueno.

Las redes sociales tienen escasos años de presencia en nuestras vidas pero ya están cambiando el paradigma de la humanidad. Luego de cierto tiempo pueden suceder dos cosas: que el ser humano se canse de ellas, harto de buscar resultados inciertos en un lugar que tal vez no sea el mejor o el indicado, o que dichas redes nos atrapen definitivamente, haciéndonos involucionar y entrar en una nueva Edad Oscura, donde el hombre va a tener miedo de entrar en contacto con otro hombre, impidiendo al ser humano desarrollarse y avanzar. El futuro nos dará la respuesta, quizás mucho antes de lo que imaginamos. Eso estará en manos de las nuevas generaciones.

¿Debemos hacer algo para evitar estos comportamientos? No. Por varias razones, entre ellas: debemos proteger siempre la libertad de elección del hombre, debemos confiar en el instinto del hombre y no debemos intervenir para evitar lo que pasará tarde o temprano. Esta última posibilidad, la de la intervención, podría resultar catastrófica. Que sea lo que el futuro nos depare.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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