Inseguridad: la realidad y la ilusión

Inseguridad es una palabra demasiado usada en estos últimos tiempos. Si investigamos los sinónimos de la palabra, aparecen por ejemplo incertidumbre, duda, agitación, cambio, inestabilidad, inconstancia o desequilibrio. Desde esta posición podemos comprender mucho mejor el porqué del miedo que nos da el tema inseguridad. Es obvio que inseguridad significa para los medios de comunicación no poder caminar tranquilos por la calle, no poder estar disfrutando de tu casa, no poder vivir en situación de serenidad, tranquilidad, equilibrio. Además es la incertidumbre de lo que nos puede pasar, la duda sobre el futuro de nuestros hijos, el cambio al que todos tememos, inestabilidad en nuestras vidas, un desequilibrio emocional importante. Inseguridad es tener miedo. Tener miedo. ¿De qué? Miedo de ser asaltado en la vereda de tu casa o en cualquier calle, de que entren a tu propia casa y te roben todos tus tesoros, valiosos o no. Ese miedo existe, es real, tangible, se puede sentir en las expresiones de la gente que camina por la calle, que viaja en colectivo o en tren, en la gente que va a una cancha o simplemente sale a cenar afuera. Pero yo me pregunto: ¿Es eso bueno? ¿Sirve? ¿Es necesario? La respuesta que encuentro en mi interior es que no debemos dejarnos llevar por el miedo. Es bueno sentir algo de miedo para prevenir situaciones, pero prevenir robos es casi imposible para una persona común. No tenemos guardaespaldas ni nadie que nos cuide. Y dudamos de que la policía pueda hacer bien su trabajo.

Sufrir un robo puede ocasionarnos un grave trauma y siempre es violento, aunque no te peguen, porque las amenazas, los gritos y que se lleven tus cosas no es algo agradable precisamente. Repito: siempre es violento. Y nadie está preparado para ser asaltado, en ningún momento, por mucho que lo pensemos.

Inseguridad
Inseguridad: Helicóptero se lleva un policía herido en la 9 de Julio

Ya sabemos que un asalto es violento, causa miedo y probablemente algún trauma que nos mande al psicólogo. Además sabemos que nunca estaremos preparados para que nos asalten, porque un asalto siempre llega por sorpresa. Pero yo me pregunto si ese miedo que sentimos no estará sobre dimensionado.  ¿No estaremos exagerando? Analicemos. ¿Por qué medios se entera una persona de que el nivel de asaltos es grave, o preocupante? ¿En qué ocasiones escuchamos sobre estos temas? La respuesta es obvia: en todos los medios de comunicación, todo el tiempo. Entonces me pregunto: ¿Cuánto tienen que ver los medios de comunicación con el sentimiento de una persona que se ve paralizada por el miedo a ser víctima de un robo? Creo que mucho. Demasiado. ¿Por qué? Es muy simple: si fuiste asaltado en algún momento, escuchar sobre otros robos similares aumenta una enormidad el miedo que se siente. Y si en los noticieros, en los programas comunes, en la radio, en la televisión, en las revistas, diarios y afines todo el espacio lo ocupa la inseguridad, estamos seguros que ese miedo viene, en la gran cantidad de gente que aún no lo ha padecido, por ese lado. Y si la gente ya tiene ese miedo, lo aumenta, lo hace gigantesco, casi insoportable. Nos preguntaremos porqué los medios hacen ese análisis permanente de asaltos o robos que pueden ocupar una hora entera de un noticiero como si no pasara otra cosa en este mundo. La respuesta es muy simple: porque vende, asegura el rating, retiene a los espectadores, lectores u oyentes. Saben que tendrán más público si hablan de eso. El hombre es morboso, quiere detalles, quiere saber la historia, y parece no conformarse con leer novelas o cuentos de ficción.

Pero, para finalizar este breve ensayo, hay otro motivo, más oscuro, más grave en sus consecuencias: la guerra entre medios. Eso es lo peor que nos podía pasar. Medios favorables a un gobierno que niega la inseguridad, contra medios contrarios que exageran todo lo que pueden una realidad tangible. Las dos cosas tienen graves consecuencias. Negar la realidad es asegurarse de que nadie le encuentre una solución al problema. Exagerarla puede crispar los nervios de cientos de miles de buenas personas que no necesitan eso.

No voy a ahondar en el tema, por ahora esto es suficiente para instalarlo en nuestra agenda. Seguiremos con ello. Pero antes de terminar voy a dar un pequeño consejo. Tómenlo o déjenlo: creo que los ciudadanos debemos vivir la vida sin miedo, creo que debemos disfrutar de nuestras familias, salir, ir a la cancha, al teatro, a dar un simple paseo sin temores. Debemos cuidarnos, claro, debemos estar alertas por si vemos algo raro, pero no con obsesión, sino con responsabilidad, sin negar la realidad. Y, sobre todas las cosas, debemos pensar en ello cada vez que vamos a votar. Si vivimos con miedo, lo mejor es sacarse de encima a un gobierno que niega la realidad. Y también, dejar de lado los medios que exageran el tema, no leerlos, dejar el morbo y la curiosidad insana atrás. Vivamos de manera inteligente, lo más felices que podamos. No entremos en una discusión tonta, que solamente pretende volcarnos a favor o en contra de alguien. La vida sólo se vive una vez, y no nos la pueden arruinar intereses que no deberían afectarnos.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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