Medios de Comunicación, y el test de las manchas

Medios de Comunicación y el test de las manchas

Si uno ha leído sobre el famoso test de Rorschach sabe bien qué es: una colección de diez manchas a partir de las cuales el entrevistado debe decir qué figuras cree o supone ver en cada una de ellas. En suma, hacer una interpretación de cada una de las manchas. A partir de allí el entrevistador determina la personalidad del entrevistado. Ésta puede determinarse de acuerdo a ciertos parámetros en cada posible respuesta los cuales indicarían las características personales del entrevistado.

Es un test muy popular y conocido, lo que no quiere decir que sea eficiente o mejor dicho, eficaz.  Lo que no es demasiado conocido es que su autor, Hermann Rorschach nunca quiso hacer un test sobre la personalidad, sino que en realidad su objetivo era determinar qué personas sufrían de esquizofrenia. Basado en un juego de cartas llamado Klecksographie y en sus experiencias como estudiante de psiquiatría, Rorschach determinó que los esquizofrénicos veían esas cartas (manchas de tinta, básicamente) de una manera completamente distinta a la gente común.

La eficiencia de este test ha sido muy criticada por la subjetividad de las respuestas y también porque el entrevistador también será subjetivo en muchos aspectos. Eso no es muy científico, aunque ha demostrado ser útil para conocer un poco mejor al paciente o en todo caso para animarlo a despojarse de los miedos a ser entrevistado con esta especie de “juego psicológico”.

Hagamos una analogía con lo que ocurre en los medios de comunicación: De la misma forma que un test de Rorschach guiado y armado a propósito para cada caso, casi todos los medios de comunicación presentan a la gente la realidad distorsionada, disfrazada como si fueran manchas de tinta, trabajadas de distinta forma según el caso. En este caso, el entrevistador es el periodista (de cualquier medio, escrito, radial, televisivo, Internet) que fabrica sus propias manchas de una forma en que pueden ser interpretadas, si bien ambiguamente, dando varias pistas casi subliminales, para que la gente piense lo que el medio quiere que piense. El entrevistado, una vez que logra captar esas señales que manda el medio de turno, interpreta esa mancha de tinta como el medio quiere, o tal vez, si tiene la suficiente independencia de criterio, no lo haga y se dé cuenta de la trampa: en ese caso el medio dirá que el que está en desacuerdo es un esquizofrénico. De esta forma el test sirve como medida para descalificar a los que no interpretan lo que el medio o entrevistador quiere que se interprete.

La idea es simple. Los medios de comunicación tienen influencia política o son influidos políticamente, reciben grandes presiones, resguardan intereses específicos, y muchas veces siguen una ideología determinada. Eso es inevitable e inherente al ser humano, que es en definitiva el que dirige los distintos medios de comunicación. Pues bien, la teoría de las manchas es aplicable a todo, absolutamente todo lo que escriben. Puede ser la forma en que se presenta la noticia, el título que se le da, un texto bien disimulado en medio del escrito o incluso puede ser todo el texto. El asunto es que se exponga de manera tal que indique lo que el medio quiere que el lector piense. Esto se hace de una forma solapada, aunque a veces es muy fácil de identificar, con que uno analice con precisión cada frase. Los medios de comunicación lo saben, pero también se escudan en una estrategia bien armada, que incluye lograr que el medio obtenga el respeto por parte de un sector de público ávido de que le den noticias como las que ellos dan.

Esto no significa que el público lector sea tonto o no sepa interpretar la noticia. El lector, simplemente, confía en ese medio. Ese es el gran truco: los medios de comunicación tratan de que los consideren serios o imparciales, cuando en realidad no lo son. Ninguno de ellos lo es, al menos por completo.

Por eso, antes de leer una noticia, se deben identificar las manchas con mucha atención y detectar  las partes más reconocibles, que suelen ser las mismas repetidas nota tras nota casi sin variaciones, aunque en distintos tópicos y en estilos diferentes. Pero todas apuntan a lo mismo: a dirigir el pensamiento del lector hacia cierto destino, con o sin la complicidad de éste. Porque el lector también es parte de la cuestión. El que no sigue la regla, como he dicho anteriormente, será considerado un esquizofrénico, y desechada su opinión.

Queda expuesto el problema. Próximamente daré algunas indicaciones como para resolverlo favorablemente, para entrenarse como lector inteligente y así dejar de ser víctima de (casi) todos los medios de comunicación.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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