Argentina de hoy, Argentina de ayer, Argentina de mañana

¿Qué responderá la gente común si se le pregunta qué piensa sobre el futuro de la Argentina? La respuesta variará desde el optimismo inconsciente hasta el pesimismo más cerrado. Tantas distintas respuestas a un sólo interrogante tienen su explicación. No es solamente el pensamiento del interrogado lo que va a interferir en la respuesta. Por supuesto, todos sabemos aquí en Argentina que un peronista más o menos ortodoxo, un radical, un kirchnerista o un macrista van a dar respuestas completamente diferentes. Si fuera por eso, todo sería normal. Sin embargo, el asunto es mucho más complejo. Porque comienzan a accionar los condicionantes del pasado y del presente de la Argentina, comienzan a jugar en el imaginario de la gente, y modifican cualquier respuesta sobre el futuro. Tanto más si lo que se pregunta es qué hay que hacer para tener un futuro mucho mejor. Es el pasado que proyecta su sombra sobre el futuro. Son los condicionantes del pasado de la República Argentina que día a día nos atan a políticas desastrosas en uno u otro sentido, digo, derecha o izquierda, si es que todavía existen. La Argentina ha vivido momentos muy difíciles que siguen proyectándose como una enorme sombra sobre nosotros, impidiendo un crecimiento libre y poderoso hacia el futuro. No existe otro motivo para justificar ciertas actitudes de los políticos locales. Políticos para los cuales el pasado es fundamental, no pueden salir de él, y ni siquiera lo intentan.

Argentina
Gente de la Argentina

Los golpes militares hicieron un daño irreparable a esta sociedad. Como a los hombres de ejército del pasado de esta Argentina les encantaba prohibir hacer de todo, reuniones, política, o simplemente besarse en la calle o vestirse diferente, hay gente que piensa que hacer eso ahora, tantos años después, es un hecho de reivindicación, y que constituyen hechos meritorios. No los juzgo, no juzgo a nadie, pero a veces hay que repensar las actitudes en todo sentido. Como con el presidente riojano terminamos en un desastre que explotó con De la Rúa se considera que estar atado al dólar ya no es conveniente, pero sin embargo no hemos tenido otro medio para ahorrar o al menos mantener el valor de nuestro dinero. Hay que repensar todo el circuito financiero, no debemos seguir dependiendo de una moneda extranjera. Pero no por motivos políticos, o por pensar en nuestro pasado, o por quién aplicó la famosa convertibilidad. Hay que hacerlo porque es sano, porque si conseguimos que nuestro dinero sea valorado habremos recorrido una buena parte de nuestro camino hacia el futuro. Pero nadie muestra intenciones de recorrer ese camino, o se hace con extrema debilidad y se fracasa. Otro pasado que nos condiciona es el pasado peronista nacionalista. En este mundo globalizado debe mantenerse la cultura de un país, y como la hemos perdido hace tiempo está muy bien intentar encontrar el camino para volver a tenerla en su plenitud. Sin embargo, la Argentina no puede aislarse del escenario internacional para conseguir ese objetivo. No es bueno que un país se encuentre aislado, porque el pueblo sufre de esa manera con escasez, con miseria, y solamente algunos pocos se verán favorecidos. Eso se puede observar en distintos momentos en la historia de Cuba, de Rusia, de China, de España y muchos otros. Ya sea con gobiernos de derecha o de izquierda, el aislamiento es la muerte de un país. El ser nacional debe renacer, pero también debe y puede convivir en el centro del cúmulo de naciones que conforman este mundo de hoy. No se trata de elegir entre una cosa y la otra. Se debe llegar a un equilibro sano y responsable. Se puede hacer, pero nadie parece intentarlo. Nuevamente el pasado nos pone entre la espada y la pared, condicionándonos. 

Argentina
La gente común en Argentina

La Argentina debe declararse libre de su pasado y de los modelos que algunos, según las épocas, le han impuesto. Debe ser un país con fuerza propia, con su propio sello, con su propia forma de hacer las cosas, de crecer, de ir hacia adelante. No debemos imitar a nadie, ni del pasado ni del presente. Debemos conseguir nuestra propia fórmula del éxito, de la parecemos tan lejos, pero sólo es cuestión de ponerse de acuerdo e ir hacia adelante.

Claro, ahora todos los lectores deben pensar que es imposible que los argentinos nos pongamos de acuerdo en algo que no sea destructivo, ir en contra de, en lo que somos expertos. Pero si han leído la nota pueden sospechar que allí está la respuesta: nos pondremos todos (o casi todos) de acuerdo cuando el pasado deje de condicionarnos. Cuando nos aceptemos tal cual somos y dejemos de insultarnos o de despreciarnos los unos a los otros para, en lugar de eso, ir juntos hacia el futuro con fuerza, con ganas, con trabajo y pasión. Porque esta Argentina es demasiado grande para nosotros, es un país muy rico, es enorme, tiene de todo, le sobra espacio y riquezas de todo tipo. Por eso debemos tratar de ponernos a la altura del país que tenemos y dejar de mirar los enormes errores del pasado, bueno, mirarlos sólo un poquito, para no repetirlos. Nada más que para eso.

En la próxima ahondaremos un poco este tema.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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