Esferas Salvajes. Nueva novela futurista
Download
Esferas Salvajes. Nueva novela futurista:

Esferas Salvajes

Año 15347: El imperio de la felicidad se desmorona

Por Rolando Castillo

ISBN 978-987-33-6335-1

Este libro está editado en E-Book y se puede comprar en Amazon con un solo click

Esferas Salvajes. Año 15347:  El imperio de la felicidad se desmorona
Esferas Salvajes. Año 15347: El imperio de la felicidad se desmorona

Once milenios de evolución

Luego de veinte milenios de constantes guerras, el hombre había conseguido mantener la paz por un periodo de 497 años. Corría el año 15347 y no había habido enfrentamientos desde  el año 14850. Fueron casi cinco siglos de paz durante los cuales el hombre alimentó su intelecto como pocas veces, aunque partiendo en casi todo desde cero. Surgieron grandes sabios, la gente común se transformó en gente muy instruida y en general todos apreciaban los modales, el silencio, la intelectualidad y el aseo. ¿De qué manera se logró eso? No se sabe mucho del proceso, pero el costo pagado fue que el hombre se volvió más débil, menos humano, dependiente de máquinas y de computadoras que le facilitaban la vida. El ser humano poco a poco se transformó en un ser accesorio de un Estado, cuya utilidad no fue nunca discutida pero cuyas habilidades se perdieron con el tiempo. Fue una especie de deshumanización controlada por los altos mandos de dos Estados altamente competidores.

La historia real de la transformación del nuevo mundo en el sistema solar comenzó en el año 3425, cuando el hombre todavía ocupaba únicamente la Tierra. Hubo una guerra tan devastadora que disminuyó dramáticamente la población mundial. La atmósfera se hizo irrespirable por las llamas que devoraban el mundo y por los productos químicos, sintéticos y artificiales que los ejércitos lanzaban sobre los enemigos. La radiación excesiva amenazaba con sumar al hombre a las especies extintas que en los últimos años abundaban. Si, ya en ese entonces no había muchos animales ni plantas en la Tierra. Entonces un sabio con su equipo de profesionales, el doctor Xenio, se encargó de planificar una ciudad segura, a salvo de la radiación, de los gases tóxicos, de la escasa luz del sol y de todos los problemas que el mismo hombre creó. Sus invenciones dieron vida a la ciudad de Benda, una ciudad de elegidos, desde la cual se lanzarían hacia las nuevas conquistas, necesarias al estar la Tierra en estado calamitoso. Xenio creó un aparato que generaba una atmósfera excelente para el hombre a partir del agua y de distintos tipos de gases y minerales que contenían oxígeno. Mejoró el escudo de ciudad que ya existía como arma defensiva y lo transformó en una especie de contenedor para la atmósfera. Con eso se aseguraba que los gases del exterior no penetraran en el campo protegido de la ciudad. Ese escudo, además, era transparente, casi invisible. También inventó un aparato capaz de mantener la temperatura de una zona protegida por escudo en determinada cantidad de grados, sin variaciones. Y con otro aparato que perfeccionó, pudo transformar el agua contaminada, el agua salada y cualquier líquido o sólido que contuviera agua, en agua cristalina y fresca. Todos eran aparatos relativamente grandes y pesados, pero con el correr de los siglos el peso y el volumen fueron disminuyendo, a medida que los grandes estudiosos los reformaban. La gente de su equipo ideó la comida artificial, un trabajo que se fue perfeccionando con el correr del tiempo y los estudios. Partiendo de diversos minerales, se creó una especie de masa gelatinosa del tamaño de un huevo, que era el equivalente a una suculenta comida. Al principio no tenía gusto, luego se le fue agregando hasta hacerla más agradable. Esa masa se redujo con el correr de los siglos, hasta convertirse en una simple pastilla que terminó con el hábito humano de comer, hacia el año 7000.

Hacia el año 4026, seis siglos después de la invención de la ciudad artificial, la Tierra, dividida en ese entonces en siete países distintos, contenía ya más de cien ciudades protegidas con las invenciones del doctor Xenio. En el resto del mundo la vida se hacía casi imposible. Para salir al exterior había máscaras productoras de oxígeno y trajes especiales que evitaban la radiación. Eran trajes livianos, cómodos y que mantenían una temperatura constante en su interior.

En ese año uno de esos países, conocido en ese entonces el País de los Sabios, cuya capital era Benda, consiguió armar una nave que podía trasladar un importante peso hacia otro planeta. El primer vuelo fue hacia la luna, y fue exitoso. Se trasladaron doscientas personas, un generador de atmósfera, un generador de escudo, un termostato para la atmósfera protegida y todos los elementos como para hacer casas sobre la superficie. Además, un sabio de dicho país, llamado Ferez, llevó un estabilizador de gravedad en estado de prototipo, para tratar de compensar la poca gravedad de la luna en el territorio ocupado por la nueva ciudad. Así fundaron Xele, la primera ciudad no terrestre de la historia.

En 4045 se unieron cuatro de los países que existían sobre la tierra formando una Confederación, con el objetivo de poder competir con el País de los Sabios, que abarcaba la mayor parte del planeta y había ya fundado sobre la Luna varias ciudades bien preparadas para la vida. Lanzaron su primer cohete en el año 4072 hacia la luna, preparados para fundar una ciudad propia, pero fueron destruidos por el ejército del País de los Sabios apenas desembarcaron. Esto dio origen a una confrontación armada entre estos dos rivales, que duró seis meses y terminó con la derrota de la Confederación y con un tratado que reconocía a la Luna como territorio del País de los Sabios. Sin embargo, en consideración al enemigo derrotado, dejaron abierta la posibilidad de dividir Marte pacíficamente con un 80% de superficie para el País de los Sabios y el resto para la Confederación. Una convención de políticos, economistas, miembros del ejército y astrónomos dividió Marte y le dio el 20% del territorio a la Confederación. Era el territorio más frío del planeta, sobre el extremo sur. A la vez, determinó que sus dos lunas, Fobos y Deimos, serían de uso estricto del País de los Sabios.

Desde la ciudad de Benda, pequeña pero con la gente más importante (con más dinero y poder), el País de los Sabios comenzó a rodar su plan de adueñarse de todo el sistema solar. Los viajes interplanetarios estaban siendo investigados por sabios muy importantes y pronto lograrían bajar los costos, aumentar la seguridad y reducir el tiempo de los viajes, además de poder transportar gran cantidad de toneladas de peso. Con ello esperaban ser los primeros en llegar a Marte, y a los planetas Venus y Ceres. Además, varias de las lunas de Júpiter estaban siendo estudiadas para establecer allí a la población del país.En 4256 el País de los Sabios logró terminar una nave enorme con capacidad para quinientas personas y material para toda una ciudad, y con la fuerza para llegar rápido a Marte. Allí estableció la primera de las ciudades de Marte, Mistenia. Pronto se fundarían más ciudades. La Confederación recién llegó a su porción de territorio en 4313. Les costó más tiempo establecerse, pero luego de fundar la ciudad de Kampun comenzaron con un gran crecimiento sostenido a poblar su parte de terreno marciano.

En el año 4356 el país de los Sabios conquistó Ceres, un pequeño pero importante planeta algo más lejano que Marte, y veinte años después se estableció en Palas, un asteroide con dimensiones aceptables para fundar varias ciudades. La Confederación entonces apuró sus planes y conquistó Vesta, un asteroide de un tamaño similar a Palas. Un pequeño asteroide cercano, Juno, fue ocupado por desertores del ejército de la Confederación, donde fundaron Jenistea, la primera ciudad en el espacio que no obedecía las reglas del Imperio ni las de la Confederación. Este incidente no fue tomado muy en cuenta por ninguno de los dos estados, pero más adelante se arrepentirían de haberlos ignorado.

Para el año 5000 el país de los Sabios decidió como festejo cambiar su nombre a Imperio de los Sabios. Como respuesta la Confederación cambió el suyo por el de Confederación del Sol. Ambos estudiaban los cambios acelerados de Venus y de Júpiter, que podían hacerlos habitables. Venus se enfriaba lentamente y los gases que cubrían la atmósfera se estaban evaporando, mientras que Júpiter lanzaba al espacio la enorme masa de gas que cubría el núcleo y la corteza. Con ello achicaba su tamaño pero aún seguía siendo enorme y permitía soñar al Imperio con establecerse definitivamente en este planeta. Mientras tanto, ambos fundaron bases adelantadas en los dos planetas y comenzaron a recopilar información para adaptar sus modelos de ciudades a los mismos. Los dos países vivían una gran competencia para conquistar el Universo, ahora que se había hecho posible. Pero estos planes se demoraron más de la cuenta cuando surgió la discusión sobre el derecho de habitar Ganímedes, la luna más grande de Júpiter y de todo el sistema solar, que se mostraba como un excelente territorio listo para habitar. Hubo una guerra de enormes proporciones, donde murieron millones de seres humanos. Se extendió desde el año 5018 hasta el 5053, y fueron 35 años de desgracia, donde la violencia se sufrió de ciudad en ciudad, de planeta en planeta. Si bien la guerra la volvió a ganar el ahora Imperio de los Sabios, había tanta destrucción que los dos estados que se retrasaron siglos en la carrera conquistadora.

Un milenio y medio después de esa destrucción calamitosa, durante el año 6524, un científico del Imperio de los Sabios, el doctor Trixie, determinó que ya estaban dadas las condiciones para habitar Júpiter, pero sus planes fueron desestimados por el Consejo de los Sabios, que ambicionaba primero entrar en las lunas de dicho planeta. Por eso se preparó la misión a Ganímedes, Europa y Calisto, tres de las más grandes lunas de Júpiter. Io fue desestimada específicamente para permitirle a la Confederación del Sol ocupar una de las cuatro grandes lunas, para evitar otra guerra salvaje. Por eso salieron veinte naves juntas, de las cuales diez fundaron ciudades en Ganímedes, seis en Calisto y cuatro en Europa. Con ello se dio por establecido que las tres lunas ya pertenecían al Imperio de los Sabios. Con sabiduría, la Confederación del Sol aceptó la tácita invitación, pero sólo pudo desembarcar en Io durante el año 6586, con tres naves que fundaron tres distintas ciudades.

Luego de establecerse firmemente en los tres satélites de Júpiter, el Imperio de los Sabios invitó a las máximas autoridades de la Confederación del Sol a participar del reparto de territorios de Júpiter, que había quedado reducido con la pérdida de los gases de la atmósfera, pero aun así su corteza aseguraba una enormidad de territorio porque con su diámetro de más de 21.000 kilómetros era mucho más grande que la propia Tierra. El debate duró cinco años, hasta que se estableció de la manera más justa posible un territorio de 65% para el Imperio de los Sabios y un 35% para la Confederación del Sol. No era mucho para la Confederación, pero igualmente era un enorme territorio, era más que el porcentaje de Marte y logró quedarse con una zona mucho más rica y habitable que la que le dieron en el planeta rojo.

En el año 6606 comenzó la conquista simultánea de Júpiter por parte de los dos países, la que duraría varios siglos. Era la primera vez que pasaba y hacía pensar en una posible convivencia pacífica de ambos bandos. El futuro señalaría lo contrario.

Durante el año 6805 el Imperio de los Sabios comenzó a establecer ciudades en Venus. La Confederación protestó pero el Imperio siguió enviando naves. Una nueva guerra se produjo en consecuencia. Al finalizar la guerra anterior ambos países acordaron una reducción importante de armamento, por eso esta guerra fue menos cruenta, pero sí mucho más larga. En cualquier lugar que se encontraran las naves de uno y otro surgían escaramuzas, sin grandes planes estratégicos por parte de ambos, por eso estuvieron chocando entre ellos durante más de tres siglos.

En el año 7156 se firmó un alto el fuego, para tratar de seguir el camino de conquistas. El mundo había seguido avanzando, se encontraron nuevos métodos de producir oxígeno y se hicieron aparatos mucho más livianos y trasladables. La atmósfera ahora se hacía no solo sobre las ciudades sino alrededor, aunque siempre encerrada por el escudo, lo que le daba a la ciudad un espacio vital para plantar árboles o crear bosques más o menos autónomos, como hacía milenios que no existían. Además podía extenderse cientos de metros hacia arriba, lo que evitaba que las personas se sintieran asfixiadas con los gases de colores oscuros o negros que la rodeaban. La luminosidad de las ciudades aumentó gracias a eso, pero también las luces convencionales se hicieron más eficientes y naturales, agregando un poco de vida a la artificialidad que se había impuesto el ser humano, por causa de sus propias destrucciones.

El tratado de reparto de Venus se firmó en 7162, luego de años de discusiones. Sólo el 50% del planeta era habitable, por el calor que emanaba el resto. De ese territorio, el 30% correspondió al Imperio de los Sabios y el 20% a la Confederación del Sol. En el resto del planeta ambas potencias ubicaron numerosas bases de estudio y de experimentación.

Dos siglos después comenzaron a ubicar bases en Mercurio, donde nunca hubo posibilidad de fundar ciudades, por el extremo calor. Pero las pequeñas bases fundadas en dicho planeta estaban muy bien equipadas y refrigeradas.

Hacia el 7500 los viajes por el Universo se habían extendido de una forma inusitada. Eran más baratos, más rápidos y eficientes que nunca. Eso estimuló el comercio de los minerales y de todo otro tipo de elementos. También la movilidad de la población. La estabilidad que alcanzó el Imperio de los Sabios en Júpiter y en sus satélites le permitió dirigirse desde allí y no desde la Tierra, por primera vez, a nuevas conquistas. La Confederación puso en práctica el mismo plan, años después.

Luego de años de debatir en una numerosa comisión en la que tenía, como siempre, la mayoría, en 7516, el Imperio de los Sabios consiguió asegurarse el 70% de Saturno, dejando el resto para la Confederación del Sol. De inmediato partieron cientos de naves preparadas para la conquista. Saturno había perdido, como Júpiter, la enorme masa de gases exteriores que le daban ese aspecto gigantesco. Pero su núcleo y corteza eran más grandes que los de Júpiter, por eso se transformó en el planeta más enorme de todos, con el doble de diámetro que la Tierra. Era mucho territorio y había que poblarlo pronto para después seguir con el resto del Universo. La ambición y el hambre de conquistas provocarían otra extensa guerra con la Confederación, esta vez con la excusa de conquistar las lunas de Saturno. Hacia 7585 las lunas que quedaron para el imperio fueron la enorme Titán, Rea y Jápeto, mientras que para la Confederación quedaron tres lunas menores, Dione, Tetis y Encélado.

Por esos años ocurrió un grave problema: soldados desertores del ejército de la Confederación consiguieron hacerse de naves y suministros varios y salieron en ellas para fundar ciudades en las siguientes dos lunas de Saturno, Mimas y Febe. A partir de ese momento no sólo cuando había guerra entre los dos enormes estados había que preocuparse por la seguridad de las naves, sino que hubo que temer a los nuevos piratas del espacio. Desde Dolistea en Mimas y desde Calatea en Febe, los piratas se convirtieron en un grave dolor de cabeza para ambos estados.

Mientras tanto, el hombre se transformaba lentamente mientras pasaban los milenios. La costumbre de comer solamente pastillas artificiales, la de no ver casi el sol, la de respirar aire sintético y la de vivir en un medio hostil, aunque dentro de esa especie de cápsula de bienestar que eran las modernas ciudades, le fue dando otras características. Obviamente perdió el contacto con la naturaleza. Milenios de convivir en lugares cerrados, con apenas lugar para plantar árboles o tener algunos animales domésticos, lo hizo más frío, distante, con respecto a todo lo natural. Físicamente se volvió más flaco, huesudo, salvo algunos soldados especiales, que eran alimentados con complementos para desarrollar sus músculos y hacían gimnasia con regularidad. Y hubo diferencias de evolución, según la distancia al sol. Los planetas más lejanos influyeron en el hombre y le dieron menos peso, menos músculo, más inteligencia y algunas señales inequívocas de su lugar de nacimiento. Los ojos se oscurecieron pero a la vez comenzaron a tener una luminosidad importante. Cuanto más lejos del sol vivía el hombre, más oscuro tenía los ojos y más luz emanaba de ellos. Podían ver en la oscuridad. Después cada planeta o satélite tenía sus peculiaridades. Por ejemplo, en Venus la gente tiene la piel algo más roja y los ojos mucho más claros.

Cuatro siglos después de la conquista de Saturno y sus satélites, ambos estados fijaron sus metas en Urano. No querían más guerras, por lo cual en una discusión que duró años de argumentos a favor y en contra, se repartieron al planeta, que había sufrido el mismo proceso de pérdida de los gases que lo hacían ver enorme. Para el año 8206, el 60% quedó para la gran potencia en que se había transformado el Imperio de los Sabios, y un 40% para su competidor, que lo seguía de lejos. Urano sin los gases que lo hicieron grande, aún seguía siendo mucho más grande que la Tierra aunque algo menor que Júpiter. Su clima frío, sus mantos de hielo, su lejanía del sol, que se veía demasiado pequeño y casi no aportaba luz ni calor (el calor principal venía del núcleo del planeta, que estaba en estado líquido fundido, como el de la Tierra) no intimidaron a quienes querían hacer ciudades en ese planeta. Muchas ciudades fueron subterráneas, como ya había en otros planetas como Júpiter o Saturno. Incluyeron en el tratado de reparto a los satélites, de los cuales Titania, Oberon y Umbriel formaron parte del Imperio de los Sabios, mientras que únicamente Ariel pasó a formar parte de la Confederación del Sol. Originalmente Miranda estuvo asignado a la Confederación, pero de la misma manera que los dos satélites de Saturno, Mimas y Febe, soldados rebeldes lo tomaron para fundar la ciudad pirata de Fixitea. El problema de los piratas iba a ser insoluble con el tiempo.

Incapaces de detenerse, apenas establecidas varias ciudades en Urano y sus satélites, el Consejo de los Sabios quiso conquistar Neptuno, otro planeta enorme, casi del tamaño de Urano. Pero la Confederación del Sol protestó airadamente, con lo que se produjo una nueva guerra. En realidad, luego de la mencionada destrucción de armamento este tipo de guerras se transformaba en una especie de guerra de guerrillas. Ataques comando a determinados puntos, asaltos de naves, cortes de comunicación o de energía en algunas ciudades y atentados varios. Pero esta guerra también fue muy extensa en el tiempo, desde 8281 hasta 8341, sin prisa pero sin pausa. Por eso, se retrasó la conquista de Neptuno.

En el año 8350 los dos estados llegaron a un acuerdo: el 70% era para el Imperio de los Sabios y el 30% para la Confederación del Sol, que se vio castigada (por haber comenzado la guerra) con un porcentaje menor al que había conseguido en Urano. Hacia 8360 el planeta tenía ya varias ciudades funcionando sin problemas. El gran satélite de Neptuno, Tritón, obviamente se lo quedó el Imperio de los Sabios y uno mucho más pequeño, Proteo, fue para la Confederación del Sol. Los piratas tomaron Nereida a la fuerza en 8375, un satélite que había sido asignado a la Confederación del Sol. Allí fundaron Amastea, otra ciudad pirata en el espacio.

A partir del año 9531 los dos estados comenzaron una gran carrera armamentista. Los dos parecían confiados y conformes con los territorios que tenían, y no intentaron seguir con sus conquistas. Pero desconfiaban el uno del otro. Las armas almacenadas eran de un extraordinario poderío de destrucción.

Por esa época, un grupo de colonos del Imperio de los Sabios decidió por su cuenta seguir con la colonización de los planetas más lejanos. Mucha gente se les unió, incluso desde la Confederación del Sol, porque querían la paz y vivir tranquilos del comercio y del trabajo honrado, sin límites por parte del estado. Viajaron con grandes peligros y no mucho presupuesto hacia Plutón y su gemelo Caronte, luego ocuparon los pequeños satélites de Plutón, Hidra, Nix, Cerbero y Estigia. Hacia el año 10500 ya habían ocupado el planeta Eris, casi del tamaño de Plutón, con su satélite Disnomia, el planeta Haumea con sus pequeños satélites Namaka y Hi’iaka y el planeta Makemake. Le pusieron de nombre Unión de Pueblos Transneptunianos, ya que todos sus planetas eran más alejados del sol que Neptuno. Eran planetas congelados, oscuros, con territorios que no alentaban a la vida huma, ni a ninguna otra, donde todo era difícil. Pero eran muy ricos en minerales que ellos comerciaban con el Imperio y la Confederación. Cada ciudad era autónoma pero tenían una Asamblea de Representantes que organizaba la vida y dictaba leyes generales haciéndolas cumplir. La Asamblea tenía sede en Turimen, la capital de Eris. Hacia el año 12000 habían ocupado los lejanos planetas de Varuna, Quaoar y Sedna. Sus habitantes desarrollaron como pocos la visión nocturna, y sus cuerpos delgados y finos comenzaron a hacerse casi transparentes. Pero era una raza fuerte y resolvieron todos sus problemas con estricta disciplina y una filosofía de vida muy positiva. Eran más perspicaces e inteligentes que los hombres que habitaban desde Neptuno hasta Mercurio.

El problema de los idiomas: Hacia el año 8550 el Consejo de los Sabios encomendó a una serie de estudiosos que construyeran un idioma único y comprensible para todos los habitantes del Imperio de los Sabios. Diez años después el idioma estaba listo, con diccionario propio, y todas las explicaciones para cada palabra y cada frase. Se hizo obligatorio en todo el territorio del imperio. El uso de cualquier dialecto u otro idioma quedó estrictamente prohibido. Hacia el año 15347 seguía vigente la regla, pero en algunos lugares, especialmente lejos de la Tierra, la gente de las ciudades solía tener un dialecto propio, aunque lo ocultaban y lo usaban solamente entre personas de confianza. Para todo lo demás se usaba el idioma oficial. Los caracteres eran los occidentales y la base era el antiguo inglés con elementos del alemán, de los idiomas escandinavos y en mucho menor medida palabras derivadas de idiomas latinos.

En cuanto a la Confederación del Sol, al provenir de una unión de antiguos estados disímiles entre sí, le costó mucho más llegar a tener un solo idioma oficial, pero se lo impuso como plan en el año 11250, cuando ya la incomunicación podía ser motivo de perder una batalla. Una comisión de expertos en idiomas logró dar con un idioma homogéneo, útil y práctico para todos y a partir del año 11258 se lo enseñó en todas las escuelas y se hizo obligatorio. El resto de los idiomas no fue perseguido como en el estado vecino, pero se trató de limitarlos al uso familiar. Los caracteres de escritura eran los chinos, y el idioma contenía palabras derivadas del chino, el japonés, el coreano, el hindú, el árabe, el turco y en menor proporción algunas lenguas con menor cantidad de parlantes.

Formas de Gobierno: en el Imperio de los Sabios el gobierno era fuertemente centralizado. Solamente el Consejo de los 7 Sabios podía cambiar las leyes y hacerlas cumplir. Estaban en la fuertemente armada Benda, en la Tierra, una ciudad pequeña pero inexpugnable, junto con la administración general del imperio. Después de los 7 Sabios estaba el Cuerpo de los Secretarios, que se ocupaba de los problemas de índole regional y finalmente la Asamblea del Pueblo, que se ocupaba de los problemas civiles. Allí también estaba la sede principal del ejército imperial, temible por sus acciones en el pasado, ahora con pocas armas, después del desarme de 14862, luego de la devastadora guerra que casi deja sin habitantes al universo.

La Confederación del Sol mantuvo una sostenida guerra de conquista contra el Imperio de los Sabios hasta el año 14850, que luego de 10 años sangrientos diezmó dramáticamente a ambas poblaciones. Luego del armisticio, el Imperio de los Sabios mantuvo la preeminencia en todo el Sistema Solar, pero la cantidad de habitantes no se recuperó fácilmente, especialmente por la falta de hombres. En el año 15347 la prosperidad alcanzaba a ambos imperios que convivían pacíficamente. Sin embargo, las intrigas de ciertos personajes y los intereses de otros volvieron a agitar las aguas, amenazando con una nueva gran guerra, aunque la población total fuera todavía mucho menor que en aquella época. Son tiempos difíciles, donde la paz se encuentra amenazada, así como la vida diaria de los habitantes del universo.

Los animales que quedaron vivos en todo este proceso fueron muy pocos. Incluso los insectos se vieron reducidos a pocas especies de sobrevivientes. Se salvaron algunos animales domésticos como el perro, el gato, loros o palomas. Además seguían existiendo caballos, vacas, ovejas, gallinas, patos y algunos peces, pero como eran alimentados artificialmente dependían en un todo del hombre. Esos son de los pocos animales que acompañan al hombre dentro de las ciudades. En la Tierra se desarrollaron algunas mutaciones en el sur y el oeste en Sudamérica donde los imperios no tenían demasiados territorios, porque no les importaba la suerte de esa salvaje región. Algunas de esas mutaciones fueron llevadas a otros planetas y allí siguieron mutando al adaptarse a las peculiaridades de los distintos territorios. En Marte, en Ceres, en Júpiter y sus lunas, afuera de las ciudades existen algunas de esas mutaciones, que viven en estado muy precario y suelen ser muy peligrosas cuando el hombre sale de expedición. Sin embargo, su número es insignificante, así como el número de vegetales que se adaptó a la vida real de cada planeta. Ya en Saturno y sus lunas su existencia es absolutamente mínima y en Urano y Neptuno, son casi inexistentes.

Pero el ser humano siempre será un motivo de discordia en el mundo, y toda civilización que lo tenga como protagonista principal pronto se encontrará en serio peligro, dependiendo de distintas circunstancias que podrán hacerlas desaparecer o vivir con extrema dificultad en el futuro cercano. Los siguientes relatos demuestran que la vida era muy problemática y que la ambición del ser humano siempre fue exagerada y desmedida. Los protagonistas de estos relatos tomaron decisiones la mayoría de las veces sin medir las consecuencias ni calcular los posibles daños que serían ocasionados. Y éste es solamente el comienzo del caos.

Este libro está editado en E-Book y se puede comprar en Amazon con un solo click

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

Deja un comentario