Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

Nico miró a su madre y le hizo un guiño. El no sufría el calor. Sólo pensaba que se iba a encontrar con sus amigos en la escuela. Era un chico muy imaginativo.

-Mami, los zánganos pueden venir en cualquier momento y matarnos a todos. Estamos indefensos en este túnel, la oscuridad los favorece.

- No te preocupes, los zánganos no atacarán el subte, los policías que cuidan las entradas jamás los dejarán entrar.

- Pero ellos son muy inteligentes, por eso son zánganos, se transforman en pequeños insectos para entrar a buscarnos y luego vuelven a su forma de semi hombres, semi monstruos.

- No te preocupes, estoy yo para defenderte.

- No podrías hacer nada contra ellos, mami.

Katerina le sonrió a Nico y le acarició la cabeza. Estaba segura de que si seguía con la costumbre de inventar esas cosas podría llegar a ser un buen escritor, aunque no era un buen plan para el futuro. Lo más probable era que se muriera de hambre, pobre Nico.

El dormilón seguía inclinado hacia delante y no daba indicios de darse cuenta de que el subte se había parado. Katerina lo miraba con preocupación, ya que por lo general cuando la gente dormía y el subte paraba unos minutos se daban cuenta de la situación y despertaban. Era como si el cerebro de los dormilones asumiera que el subte debía moverse todo el tiempo y cuando no lo hacía de inmediato encendía una alarma oculta en algún recóndito lugar, algunas células perdidas que avisaban a la parte consciente que debía despertarse porque pasaba algo raro, anormal. Pero este tipo era un adoquín, dormía con demasiada profundidad, con un abandono total de su cuerpo, ahora inclinado de forma bastante incómoda.

Mariela miró a su ocasional acompañante y pensó que era una chica algo extraña. Sin embargo le pareció muy bonita, aunque se notaba que hacía todo lo posible para ocultar su belleza natural. Notó que se pintaba los ojos con demasiado rímel de color negro, que estaba pálida y no le había dado un poquito de color a sus mejillas y que su boca pedía a gritos un poco de color. Cuando el subte se detuvo en medio de oscuro túnel la miró de reojo pero no notó que el asunto le preocupara. Como si adivinara sus pensamientos, la chica dio vuelta la cabeza, miró a Mariela y dijo:

- Siempre se detiene en los túneles.

- Es cierto- Dijo Mariela mirándola a los ojos. Era bonita. Muy chica, pero bella. Notó en ese momento que la chica le miraba las piernas desnudas.

- Nunca hablo con extraños, menos con gente grande, como vos. Pero me caés bien.

Martina sonrió y volvió a mirarla a los ojos. No dijo nada, porque se sentía algo incómoda con esa chica al lado. Tal vez fuera una miedosa, pero le parecía que la muchacha tenía una delicada personalidad. Ese pensamiento se le había ocurrido recién. Por eso optó por dar vuelta la cabeza y mirar por la ventana sin decir nada.

Por suerte el subte arrancó de nuevo con andar cansino, y emprendió otra vez su camino.

- Que molesto- comentó Javier a una Clara que no terminaba de despertarse, alarmada por la detención- vamos a llegar tarde.

- Avisá por el celular. Yo no voy a tener problema.

Javier sacó su viejo celular Nokia que usaba desde hacía tres años (sólo tres años y ya está obsoleto el pobre teléfono, pensó) y buscó en la libreta el número de su trabajo. Marcó el número y llamó. Nada. Lo volvió a intentar. Nada de nuevo.

- Que raro, debe ser que no tiene salida desde el túnel, voy a llamar en cuanto llegue a Carabobo.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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