Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

En cuanto subió al vagón Martina observó a todos los ocupantes con esmerada atención y rapidez: pareja aburrida, dos tipos tontos, viejo, dormilón, mamá con su nene insoportable fueron sus primeras reflexiones. Prefirió sentarse, por eso, al lado del mal menor, una mujer joven (para ella ya vieja) con un ridículo vestido floreado que mostraba sus piernas de formas provocativas, maravillosas, por cierto. Al menos su mirada era alegre y su actitud tranquila. Apenas cruzó una mirada con ella después de sentarse y entrevió en sus bonitos ojos color miel que le estaba agradecida por sentarse a su lado. Vaya a saber por qué.

Por la puerta más cercana a Antonio Beraldi entró una mamá con su hijo, y se sentaron justo frente a él. El escultor pensó que era una linda mujer, pero no le prestó demasiada atención. Se sentaron en la fila de asientos a su costado derecho, frente al dormilón, que se inclinaba más y más y cada vez tenía la cabeza más cerca de sus piernas.

Katerina Arapaki era una mujer de 35 años, separada, que llevaba todos los días a esa hora al colegio a su nene de 11 años, Nicolás, de apellido Gerokosta, producto de la típica unión de dos integrantes de la colectividad griega en Buenos Aires. Seguía enamorada de su marido, no dejaba de reconocerlo, pero la pésima conducta del señor Gerokosta, en especial en cuestiones de fidelidad, la movió a propiciar el divorcio, el cual todavía se estaba tramitando. Cansada de correr para todos lados, sola con Nico, con muy poca colaboración de su ex pareja, Katerina se sentó deseando descansar al menos unos diez minutos sentada en su asiento. -Ojalá se mantuviese callado, pobre Nico. Que cansada estoy, y todavía tengo que dejarlo en la escuela, ir al trabajo, salir por la tarde a buscarlo y llevarlo al médico a que le hagan los estudios que pidieron en la escuela, llevarlo a casa, hacer la comida, lavar, planchar, dios mío, no doy más.- Pensó, mientras disfrutaba de su asiento, algo nada común para los que subían a esa hora.

El subte arrancó perezoso pero pronto se detuvo de nuevo en medio del túnel, antes de llegar a la estación Carabobo. En ese primer vagón, cada una de las personas que lo ocupaba se ocupó de mirar a los demás, pero no hubo preocupación porque estas paradas eran comunes.

-Que mal servicio el del subte. Ojalá hubiera otra forma de moverse por la capital, pero esto es lo más rápido.- Le dijo Gastón a su amigo.

-Pero me muero de calor, mirá mi piel, además de transpirada ya está toda colorada, irritada. Estoy cansado de viajar de esta forma. Quisiera poder comprarme un auto.- Rodrigo estaba fastidioso y molesto. El calor siempre le molestaba y esto ya era demasiado.

- Si, es un baño sauna, pero con ropa es insoportable. No corre una gota de aire, me ahogo. Es insufrible.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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