Buenos Aires Bajo Fuego
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Mariela supuso que ese espantoso espécimen de hombre estaba observándola, desvistiéndola con la mirada. Se sintió desnuda frente a él, una especie de objeto del deseo en exhibición. Pero no podía corroborar si eso era cierto, porque no quería volver la vista hacia él. – Ojalá el vagón se llene de pasajeros y se nos interpongan, así ya no me podrá mirar más.- Pensó de forma tonta, con un poco de furia e impotencia.

Delante de ella se abrió por fin la puerta del vagón y entraron dos muchachos bastante interesantes, que ella miró con agrado. Eran amigos y tenían muy buena apariencia. Estaban vestidos de jean y remeras, lucían peinados modernos y se reían de forma transparente y agradable.

Rodrigo tenía 24 años y estudiaba periodismo junto a su amigo Gastón. Eran muy buenos amigos, ya que se conocían desde preescolar. Ambos estaban de común acuerdo en vivir la vida intensamente, compartir viajes, partidos de fútbol, salidas nocturnas, y una pasión incontenible por ser periodistas. Querían ser buenos periodistas, no como los que estaban en toda la radio y la televisión en esos momentos, amarillismo puro y simple. Ellos aún tenían el ideal de dar a conocer las noticias serias de la mejor manera. Ambos compartían el sueño de ser corresponsales de guerra. A todo el mundo esa idea le parecía muy loca, pero ellos lo tomaban muy en serio. Los familiares de ambos pensaban que era un pensamiento que pronto se les iría de la cabeza, que en cuanto lograran recibirse se sentarían en un escritorio y comenzarían a redactar aburridas noticias para algún diario, que les pagarían un sueldo y podrían asentarse, que se pondrían de una vez por todas de novios con alguna buena chica y que comenzarían a preocuparse de cosas serias, no de sueños de niños. Pero ellos estaban seguros de que harían muchos viajes, recorrerían mucho mundo, y que lograrían ser corresponsales en alguna de las varias guerras que había en este loco mundo, o en alguna revolución, algún país muy lejano en combustión, etc., etc.

La mayor diferencia física entre Rodrigo y Gastón era que mientras el primero era rubio, de ojos claros y mirada distraída, el segundo era de pelo negro y ojos color marrón oscuro, dueños de una mirada profunda y melancólica. También en el carácter eran distintos, ya que Gastón era muy afable, simpático y gracioso. Rodrigo, en cambio, era más frío, distante, en general se comportaba como una persona muy amable pero mantenía una prudente distancia del resto del mundo.

Ambos se sentaron en los bancos desocupados del otro lado del pasillo de espaldas a Mariela. Ella lamentó que no los podía ver porque los dos le simpatizaban. Volvió a mirar para el lado de Clara y Javier, y por suerte encontró la mirada de él ocupada en mirar a las distintas personas que entraban en el vagón. En un segundo volvió su mirada hacia los dos muchachos que habían entrado recién, y trató de no pensar más en su desagradable vecino.

Después del silbato del guarda y antes de que se cerraran las puertas entró corriendo una chica muy joven, sin lugar a dudas alumna del secundario. Tenía una pollera cuadriculada verde y negra, una blusa blanca, un morral, medias tres cuartos blancas, mocasines y el pelo recogido detrás de la cabeza. La chica la miró como evaluando toda su humanidad y decidió sentarse a su lado.

Martina era una chica poco común. No le gustaba el colegio y en cada oportunidad que tenía se iba a pasear por ahí. Le gustaba salir con chicos y chicas que conocía en los recitales de rock a los que iba seguido y no con sus compañeras de la escuela, muy aburridas y sin imaginación. Tampoco solía hablar demasiado con sus padres y con ningún adulto. Y nunca conversaba con chicos y chicas menores que ella. Cualquier persona de más de 16 años para ella era un adulto y cualquiera que tuviese menos de 16 era un niño indeseable, así que Martina sólo hablaba con gente de su edad y que no fuera de su escuela, de esta forma su círculo era muy limitado, una fauna de muchachos perversos y chicas viciosas que lograban verse muy de vez en cuando en recitales muy especiales, durante los cuales se daban a las más extrañas actitudes.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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