Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

Maria Clara estaba muy preocupada, su rostro lo demostraba y además le temblaba el labio inferior en un claro gesto de miedo.

- Qué nos va a pasar, esto es muy raro.- Se dijo a ella misma. Su preocupación era evidente, pero además estaba marcada por el enojo que sentía con su marido, con la vida. Mariela la miró y se dio cuenta de lo que le pasaba, pero ya tenía a Martina pegada como para tener que consolar a otra. -Que se arregle con el marido, si puede.- Pensó, no sin algo de maldad. Pronto vio que Javier venía a buscar a su esposa.

- Nos vamos, dale.- Le habló en un tono seco, apremiante.

- Con vos, a ninguna parte.-

- Si eso es lo que querés…- Dijo Javier, se dio media vuelta y volvió al grupo que comandaba Beraldi.

Antonio Beraldi les dijo a los muchachos que si no abrían las puertas esperaran unos instantes antes de salir por las ventanas.

- Fíjense si sale alguien de los otros vagones.- Ordenó.

Todos se asomaron por las ventanillas de su vagón, pero no salió nadie. Era evidente que pasaba algo muy extraño. De pronto, el subte comenzó a marchar hacia delante, con lo cual la desesperación de los pasajeros llegó a su punto máximo.

- No puede ser, ahora qué vamos a hacer, estamos otra vez en manos de algún loco que conduce la máquina. La culpa es suya,- decía Juan Pablo, mientras miraba con rencor a Beraldi,- porque siempre anda con miedo y nunca quiere que salga nadie de acá. Todos los demás ya se han ido, y nosotros estamos presos en este lugar.- No hablaba con nerviosismo, ni siquiera gritaba, pero su alocución le pegó muy duro a Antonio, que había visto en esa difícil situación en la que se encontraban un escape a sus problemas, una forma de ser útil y eficiente en la vida y un programa que lo alejaba de la rutina diaria. Se sentó, con aire cansado de derrota.

- Y vos, pará de sacar fotos, che, que me tenés podrido.- Seguía en el mismo tono bajo pero decidido Juan Pablo, mientras miraba de forma agresiva a Nicolás Almanza.

- No tiene derecho a hablarme así. Seguro que el subte va a llegar a Flores y se va a detener, va a abrir sus puertas y entonces todos vamos a bajar. Luego nos explicarán lo que ha sucedido.

- Sí, claro, yo también creo en los marcianos. Por favor, señor fotógrafo, con todo respeto creo que usted es un iluso. Lo que necesitamos es salir de acá, sea como sea, como han hecho los otros. En cuanto se detenga nos iremos de aquí. Por las ventanillas o por donde sea. Está decidido, quien quiera seguirme, que me siga.

- Como usted quiera,- dijo Beraldi, con algo de aire de víctima,- pero les digo a todos que obré por su bien, para que estemos todos protegidos en todo momento, con prudencia y cordura, como debe hacerse en estos casos.

Juan Pablo le iba a contestar pero quedó en medio de otra foto de Nicolás Almanza. Cerró un poco los ojos, se los restregó para sacarse el efecto del flash, contó hasta diez y pudo por fin hablar.

- Todos le agradecemos su preocupación. Pero al mismo tiempo le comunicamos que estaba equivocado. A veces hay que ser un poco más audaz en la vida. El que no arriesga, no gana. Está muy claro.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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