Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

Antonio miró a Nicolás con la mayor atención. La expresión de su interlocutor no era desesperada, ni siquiera preocupada. Le decía que estaban solos en ese subte y no se le movía un pelo. Decidió asomarse a la ventanita. Desde ese lugar comprobó sin dudas que en el coche de al lado no había nadie. Pero, ¿qué podía haber pasado? ¿Habían evacuado a todos y no les habían avisado? No era posible, ellos hubieran escuchado algo. ¿Los de al lado habían sido más audaces que ellos y se habían bajado todos al túnel? Eso podría haber pasado, pero lo extraño era que si habían tenido la audacia para salir a alguno de ellos se le debería haber ocurrido avisarles a ellos. Eso era, al menos para él, lo que debería haber sucedido. Pero no, ellos estaban solos, al menos en la parte de atrás del tren. Tenía que informarlo a los demás pasajeros.

- No se le ocurra hablarles y decirles a todos.- Le advirtió Almanza con una expresión amable y casi sonriente.

- Es que tienen que saberlo, ¿por qué no puedo contarlo? Casi todos son gente adulta y responsable.

- Pero hay una colegiala muerta de miedo colgada del brazo de una chica joven y una mamá con su hijo pequeño. No, no conviene que lo sepan, se asustarían.

- ¿Usted que quiere, que guardemos el secreto? Olvídelo.

- No, no quiero eso, digo nada más que si organizamos una fuga completa en diez minutos tenemos que estar en la estación de Flores.-

- Si, tiene razón, o en Nazca.

- Mejor Flores.

- A ver, ¿por qué mejor Flores, se puede saber?- Dijo Antonio, que ya estaba por perder la paciencia.

- Porque cuando salgamos a la calle nos vamos a encontrar en la Plaza Flores, que es un descanso verde, reposaremos unos minutos en los bancos, charlaremos tranquilos, respiraremos un hermoso aire con smog pero mucho más agradable que este, que ni aire se le puede llamar, y luego de unos minutos nos iremos cada uno a sus trabajo o adonde sea, con el ánimo mejorado. En Nazca tenemos unos preciosos restaurantes y bares, pero no creo que nadie quiera detenerse a tomar algo después de esto.

- Está bien, tiene cierta lógica.

- Bueno, ahora vuelva al grupo pero no cuente nada. Diga que yo lo convencí de la urgencia de salir pronto, organice la evacuación. Mientras tanto yo les saco algunas fotos. Por suerte este flash es espectacular, ya que acá no se ve casi nada.

Mientras hablaban Beraldi y Almanza, el grupo ya se sublevaba para decidir que tenían que salir de allí. Pero después Beraldi les comentó que Almanza lo había convencido y los demás respiraron con alivio. Todos miraron al fotógrafo con caras de agradecimiento. Nicolás aprovechó para sacarles unas bonitas fotos en ese momento de júbilo colectivo. Los muchachos se abrazaron y sonrieron felices. Posaron para la cámara de Nicolás en las más inesperadas posiciones.

Mientras tanto, Martina seguía tomada de la mano de Mariela. Pero cada vez la apretaba más. Mariela se decidió a hablarle.

- ¿Tenés miedo?

- Creo que vamos a morir.- Contestó Martina con expresión lúgubre y una mirada algo extraviada. De inmediato comenzó a acariciar el pelo de Mariela.

Mariela la miraba con ternura. En ese instante era un ser indefenso, y pensar que parecía  tan dueña de sí misma cuando subió a ese vagón. Estaba segura de que por dentro la chica estaba muerta de miedo. Y en realidad no se lo había negado al hacerle la pregunta.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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