Buenos Aires Bajo Fuego
Download
Buenos Aires Bajo Fuego:

María Clara estaba molesta, con sueño y calor, transpirada, y por eso mismo tenía chuchos de frío cuando entraba aire por la ventanilla, aunque el aire también fuera caliente. Javier intentó pasar su brazo por encima del hombro de ella, pero ella lo rechazó de manera suave pero firme.

- Hace demasiado calor para que andemos abrazados.

Javier hizo un gesto  de desagrado cuando ella dio vuelta la cabeza hacia la ventanilla, retiró su brazo y se alejó un poco en su asiento. Se ofendía muy fácil, pero también se olvidaba de todo con suma rapidez. Viajaron los primeros momentos en silencio. Javier sabía que ella iba a dormirse pronto, y que él iba a hacer lo mismo luego de dos o tres estaciones. Era como una prolongación del sueño, dormían unas horas en la cama, se levantaban como zombis, viajaban en colectivo como podían y seguían dormidos en el subte, aún si viajaban parados. Llevaban ya cinco años de casados pero eran muy jóvenes, ella de 22 y él de 23 años. Tuvieron un hijo que murió antes de nacer, como sucede de manera frecuente en las primerizas, y una hija, Carolina, que a los tres años recibió una bala en medio de un tiroteo entre ladrones y policías mientras estaban paseando con su madre cerca de la casa de Liniers. Murió también. Su mundo se había venido abajo dos veces y estaban intentando salir del pozo en el que estaban, aunque aún no sabían si lo iban a lograr. Al menos tenían trabajo y salud, y el médico les había dicho que podrían tener más hijos sin problemas. No habían tomado la decisión de seguir buscando, porque el miedo a volver a sufrir los paralizaba. Se tenían el uno al otro, pero eso a veces no era consuelo.

La ciudad tiene una forma muy particular de despertarse en verano. Apática, desordenada, histérica, en seguida corrompe el humor de sus vecinos. Se los ve serios, fastidiosos, un poco agresivos. Miran de reojo a los otros y critican para sus adentros sus actitudes. Muchas cosas los irritan, chocan entre sí, se miran mal, discuten por cualquier motivo. Se nota que están pasados de peso, fuera de estado, que comen pastas todos los días, frituras, medialunas, que toman gaseosas. Eso les arruina la figura y los dientes. Visten de las más increíbles formas y colores, se peinan de mil maneras distintas, y luego se critican en silencio y para sus adentros los unos con los otros.

Mariela se sentó en la misma fila de asientos de la pareja, al costado, sobre la ventanilla derecha, y los miró divertida. Parecían dos viejos aburridos, aunque debían ser menores que ella, que andaba por los veinticinco. Los miró atenta a sus actitudes. Apenas arrancaron ella ya se quería dormir. Esa era una mala señal. Señal de que no tenían nada de qué hablar, o de que pasaban demasiado tiempo juntos. No siempre el viaje de un matrimonio al trabajo tenía que ser divertido. Mariela pensaba que jamás se casaría si se iba a aburrir de ese modo. No lo soportaría. Volvió a mirarlos. No, no quería un matrimonio de ese tipo. Hoy se había levantado de muy buen humor. Tenía que ir a trabajar a la tienda de electrodomésticos, un trabajo de vendedora, tedioso, pero que le daba la posibilidad de conocer mucha gente. Con su carácter alegre y su simpatía podía darse el gusto de recibir algunas propuestas interesantes. Aunque a veces odiaba recibir propuestas de personas que no le gustaban. No sabía cómo evitar esas situaciones, ya que su carácter alegre y despreocupado incitaba a todo tipo de hombres, y hasta a mujeres con las cuales no quería tener nada que ver.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

Deja un comentario