Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

De pronto Antonio Beraldi vio algo que se movía. El dormilón estaba tirado en el suelo, con un tremendo golpe en la cabeza que sangraba, lo que dio al grupo un motivo para salir de ese mundo detenido e inmóvil que los había atrapado. -¿Cómo nadie se dio cuenta de esto?- Pensó. Beraldi corrió a auxiliar al pobre desdichado.

- Ayúdenme, este hombre se golpeó muy feo.- Gritó.

De inmediato Gastón y Rodrigo se pusieron a su lado, aunque no tenían ni idea de lo que tenían que hacer. Juan Pablo y los demás no se movieron de sus asientos.

- A ver muchachos, ayúdenme a levantarlo y a sentarlo en este asiento.-

Una vez acomodado en su asiento, Beraldi miró la herida de la cabeza. Parecía superficial, era sobre la oreja derecha, pero todavía sangraba.

- ¿Alguien tiene alcohol o algo parecido?- Preguntó a todos en general. Nadie respondió.

- Bueno, muchachos,- dijo Antonio, preocupado- creo que llegó la hora de salir del vagón. Este hombre no está grave, pero no podemos dejarlo sin atención. Por favor, salgan ahora y vuelvan con ayuda.

Juan Pablo, con aire de haber ganado una difícil batalla, comenzó a prepararse para saltar la ventana, pero pronto surgió una dura competencia.

- No te movás, pibe. Vamos nosotros. Salimos y venimos en diez minutos.

Había hablado el Muñeco, con tono prepotente y agresivo, pero que a Beraldi le sonó sincero.

- Está bien. Vayan ustedes. Pero vuelvan rápido.

- No tenemos guita.- Dijo el Muñeco mientras miraba a Beraldi con un raro extravío en sus ojos.

Antonio Beraldi metió la mano en el bolsillo y le dio veinte pesos.

- Esos te van a afanar la plata, no se da cuenta señor. Por favor, es un miserable robo.

- Vos callate porque te parto la cabeza.- Comenzó a decir el Muñeco como en un ataque de furia, pero fue interrumpido por la Pulga, que lo tomó de los brazos.

- Vamos y venimos. Lo demás lo arreglamos después.

- Está bien,- dijo Beraldi- váyanse ya. Traigan alcohol y algodón, y si pueden traigan también alguna noticia de cómo va el asunto este del subte.

El Muñeco primero y la Pulga después salieron por la ventana y empezaron a caminar hacia la estación Nazca. No se veía a otras personas que caminaran sobre las vías, sólo a los dos muchachos, que a juicio de la mayoría de los ocupantes del vagón no eran de confiar.

- Por mí no se preocupen estoy bien,- dijo al fin el dormilón.- Mi nombre es Nicolás. Nicolás Almanza. Soy fotógrafo.

Era un hombre alto, de buen físico, de unos cuarenta y tantos años. Su voz era profunda, expresaba tranquilidad y serenidad. Metió la mano en su bolso y extrajo una muy buena máquina fotográfica Canon digital, con un lente enorme, que debía salir una pequeña fortuna.

- No puedo resistir la tentación de sacar fotos, si ustedes no se oponen.

- Lo único que nos faltaba, con el calor y los nervios, tener que soportar que alguien nos saque fotografías.- Dijo Amalia con cara de pocos amigos, e hizo un gesto bastante grosero para una señora.

- No se haga problema, señora, sólo le saco a quien me dé su permiso. Hágame el favor de sentarse allá y no saldrá en ninguna foto.

- Es usted muy amable y correcto, señor Almanza.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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