Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

- Yo voy también.- Dijo Rodrigo, que no estaba de acuerdo pero no le gustaba la idea de perderse una aventura, además de soportar las cargadas de su amigo si no iba.

La ventana más cercana a ellos era la más segura para salir, porque daba a la pared externa del túnel, y tenía una distancia de dos metros por la cual podrían caminar sin problemas, aunque el suelo fuera algo húmedo y resbaladizo, según opinión de los tres. Fue Gastón el primero en asomarse y comenzar el intento de salir. En cuanto lo vio Beraldi le pegó el grito:

- ¿Qué hacés, pibe? ¿Adónde vas?

- Voy por ayuda, con mis amigos. Ustedes esperen y los rescataremos.

- Un momento. ¿Quién les pidió ayuda? Ustedes no salen de acá.

- Y quién lo va a impedir, ¿usted, viejo?- Dijo Juan Pablo, con aire amenazante.

Antonio Beraldi se sintió indignado pero decidió demostrar lo contrario. No se inmutó y con voz grave y templada inició el contraataque:

- ¿No se dan cuenta de que allí afuera está todo electrificado? No quiero que se lastimen por algo que no vale la pena. Esperemos un rato. No perdemos nada con eso. Afuera hay todo un armado eléctrico que no conocemos y hay que andar con mucho cuidado. Mejor démosle tiempo a estos tipos para que arreglen lo que ande mal.

- Qué van a arreglar.- Dijo Juan Pablo, con expresión de escepticismo.- Son unos inservibles. Pero podemos esperar un rato, no hay problema. No mucho. ¿Cuánto esperaría usted?

- No sé,- dijo Beraldi- ¿media hora les parece bien?

- Es demasiado. Nos vamos a morir de calor. Ya no hay aire, esto es el infierno. Vea las caras de la gente, están mal, sofocados,

- Tiene razón. Me siento muy mal.- Dijo Amalia en tono grave y solemne.- No quiero que arriesguen sus vidas, pero si tienen ganas de salir a investigar, no veo por qué no lo van a hacer.

- Si. Yo también estoy preocupada y me siento mal.- Dijo Katerina.- Tampoco quiero que corran mucho riesgo, pero hasta donde puedan, me gustaría que averiguaran que pasó.

- Quizás venga alguien de la empresa.- Intervino Beraldi.

- No sea iluso.- Le espetó Juan Pablo.

- Soy prudente. Los años no vienen solos. Traen la vejez pero también la experiencia. ¿Podemos esperar unos quince minutos?

- De acuerdo. Sólo quince.

Se hizo de nuevo el silencio. La discusión había sido algo áspera pero siempre en buenos términos. Gastón y Rodrigo alabaron a su nuevo amigo y dijeron que lo iban a secundar. Juan Pablo estaba orgulloso de sí mismo. No en vano era un jefe de oficina, aún a su corta edad. Porque sabía dirigir gente.

Mientras tanto, Mariela trataba de hablar por celular. Martina todavía estaba abrazada a ella, y parecía no querer soltarla, aunque no decía una palabra. Con un poco de esfuerzo Mariela logró soltar un brazo, tomar su celular, y marcar el número de su trabajo. No tenía suerte, la línea parecía muerta.

- No te esfuerces, no hay línea acá abajo. Ya lo intenté.- Javier, desatendido por María Clara, aburrido y algo abatido, trataba de tener una conversación algo más estimulante con la chica más bella del vagón. Pero Mariela no pensaba lo mismo, ni lo quería, así que le dio vuelta la cara y no le contestó. Trató de comunicarse de nuevo. No tuvo suerte.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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