Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

La respuesta de Clara fue un “No me jodas” que, aunque susurrado, fue escuchado por parte de los pasajeros.

- ¿Que pasa ahí? ¿Tienen algún problema?- Fueron las dos preguntas que Beraldi hizo en voz alta, rompiendo el silencio.

- Nada,- dijo Clara. No se preocupen, estamos bien.

- Mejor así. El que tenga algún inconveniente que grite. No se ve nada, pero algo vamos a poder hacer. Por ahora que nadie se mueva, es peligroso. Manténganse en sus lugares, para evitar problemas.

La luz volvió unos segundos después. No era de mucha intensidad, pero servía para mostrar la cara de asustados que todos tenían, con excepción de Beraldi, el negro y los dos pungas, los cuales miraban de forma agresiva a todo el mundo, atentos los dos primeros a cualquier posible golpe de los amigos de lo ajeno, y los dos últimos en plan contrario.

Beraldi observó a Katerina que abrazaba a su hijo con tanta intensidad que su cara no pudo menos que enternecerse. – Debe ser una gran madre.- Pensó.

-Ya está, relájese, no lo deja respirar.

Katerina le sonrió. El niño estaba feliz a pesar de todo.

- Esto es culpa de los zánganos. Pronto nos van a atacar.- Le dijo Nico a Beraldi.

- Que vengan, los espero para noquearlos.- Dijo Antonio, mientras hacía gestos de boxeador experimentado.

Gastón hizo un gesto de preocupación y comenzó una conversación en voz baja con su amigo Rodrigo.

- ¿Qué vamos a hacer ahora?

- No sé. Supongo que esperar a que este monstruo arranque de una vez por todas de forma normal.

- Me parece muy extraño todo esto. Ir para atrás, luces que se apagan, detenernos en medio del túnel.

- No es tan raro. El subte tiene un pésimo servicio, empezando por el de la ventilación, que no existe.

- Si. Con el susto de recién me olvidé del calor, pero ahora me di cuenta de que transpiré todo este tiempo. Esto es un baño sauna.

- Espero que todo se solucione pronto.

Juan Pablo, que los escuchaba con atención, decidió intervenir en este punto:

- Creo que debemos hacer algo.

- ¿Algo como qué?- Preguntó Rodrigo.

- Salir afuera, por ejemplo.

- Debe ser peligroso. En todos lados hay carteles que dan instrucciones por si sucede algo así y en todos dice que hay que esperar al personal de la empresa.- Rodrigo siempre era partidario de ubicarse dentro de las normas legales, posición que no era muy compartida por Gastón, que necesitaba reafirmar esa diferencia. Por eso este último dijo:

- Creo que tiene razón el amigo. Hay que hacer algo. No nos podemos quedar acá a esperar a ver qué pasa. Esto es patético, menos mal que somos pocos, de otra forma no tendríamos ni siquiera un poco de aire para compartir.

- ¿Porqué no salimos vos y yo,- dijo Juan Pablo a Gastón- y vamos a buscar ayuda. Aunque sea podemos salir para ver qué hacen en otros vagones.

- Vamos.- Dijo Gastón de Inmediato.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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