Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

El subte arrancó de nuevo, pero, para sorpresa de todos, lo hizo hacia atrás. Despacio, muy lento, comenzó a moverse en dirección hacia la estación Flores, que ya habían pasado. Para la gente que ocupaba ese ahora último vagón fue como un golpe. Todos abrieron los ojos, se miraron, de reojo, de frente, reflejados en el espejo. Todos tenían caras de asombro. Menos el dormilón, que todavía no se daba cuenta de nada.

Pasaron varios segundos hasta que el tren se detuvo. Pronto la tensión se relajó, todos se miraron sonrientes, como si dijeran: “Acá no ha pasado nada, sólo fue un susto”, o cosas por el estilo. Pero habían quedado otra vez en medio del túnel, cosa que a nadie le gustaba. El calor era cada vez más salvaje. Todos, sin excepción, estaban molestos y transpirados cada vez en mayor medida.

Antonio se dirigió a quien tenía enfrente, Katerina, para sacarse la bronca:

- No puede ser tan malo este servicio. Es una vergüenza. El Estado tendría que sacarles la concesión. Son unos vulgares ladrones, que se llevan nuestra plata y no ponen un peso en mantenimiento. Y ni hablar de hacer nuevas cosas.

-Tiene razón, – dijo Katerina, mientras miraba al escultor con curiosidad, y de reojo a su hijo que se movía inquieto en el asiento, espantado con la idea de los zánganos.- Quizás si todos protestáramos y escribiéramos en el libro de quejas…

- Pero no, a eso nadie le da importancia. Yo escribí hace unos meses por un asunto parecido, cuando llegué tarde por cuarta vez por culpa de estos inútiles, y me mandaron una carta modelo que incluía una especie de ambigua disculpa y las proyecciones sobre el brillante futuro de la compañía. Una vergüenza.

- Tiene razón, es una vergüenza. Lástima que ya estamos acostumbrados. Todo anda igual en Buenos Aires. – Ahora Katerina se preocupaba por Nico porque lo veía hacer gestos cada vez más ampulosos.

- Parece que su hijo lo toma muy bien. Mire cómo juega.- Y ya dirigiéndose a Nico, el escultor le preguntó:

- ¿Estás peleando con alguien?-

- Con los zánganos. Estoy seguro de que nos van a invadir, por eso hacen parar el subte en medio de los túneles. Practico para matarlos.-

- Ah, muy bien. ¿Y cómo son los zánganos?

- Son muy inteligentes. Se transforman en bichos muy chiquitos para esconderse y que no los vean. Por eso los guardas del subte no se dan cuenta de que estamos rodeados. Después, al mezclarse con nosotros, toman forma de semi hombres monstruos, con una fuerza increíble. Va a ser muy difícil vencerlos.

- Bueno, confiemos en que los guardas se den cuenta.

- No lo creo. Son todos tontos. Por eso son guardas y no otra cosa.

- ¿Otra cosa? Como qué?

- No sé, ingenieros, doctores, arquitectos. ¿Usted qué es?

La pregunta lo tomó tan de sorpresa que no contestó de inmediato, atacado por una tos nerviosa. Beraldi nunca estaba preparado para tratar con niños. Aunque era cariñoso no llegaba a entenderlos.

- Soy escultor.

- ¿Y qué es eso? ¿Hace estatuas?

- Entre otras cosas. Sí. Se trata de expresar sentimientos a través de las formas. Pueden ser formas abstractas, humanas, y de muchas otras cosas. Es una profesión que crea muchos disgustos, porque en general la gente no comprende nuestros trabajos.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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