Buenos Aires Bajo Fuego
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Buenos Aires Bajo Fuego:

- Viste, esa chica quiere que le hagan mimos.- Dijo la Pulga

- Si. Cambiemos de asiento, vamos a sentarnos delante de ella.-

- No, pará. Si hay algo que no quiero es llamar la atención. Tenemos que ser profesionales.-

El Muñeco miró a su compañero con expresión de no entender. Esa expresión era sinónimo de problemas y la Pulga lo sabía.

- ¿Qué somos, Muñeco? ¿Qué somos nosotros?

- Ladrones, tarado, que vamos a ser?

- Bueno, en realidad, por ahora sólo somos pungas. ¿Entendés? Apenas nos dedicamos a robar cosas a gente que anda distraída en el subte. Pero, si lo hacemos bien, podemos llegar mucho más lejos.

- Yo no quiero llegar a ningún lado, quiero levantarme esa minita.

- Tranquilo, yo te voy a explicar: si hacemos lío, como me imagino que va a pasar si nos acercamos a esa chica, se nos acaba el curro del subte. Yo no quiero estar en un subte toda la vida, hay cosas mejores, pero para que te elijan tenés que tener más éxito, robar mucha guita. Así el jefe nos puede dar trabajos mejores, qué se yo, casas, autos, depósitos, donde haya más guita.- Mientras hablaba la Pulga transpiraba todavía más de lo que lo había hecho hasta ahora. Notaba que el Muñeco no lo miraba, y no estaba seguro de que lo escuchara.

- Dejá de hablar boludeces. ¿Venís conmigo o te vas a quedar acá sólo como un tarado?

Cuando se iba a levantar el Muñeco se topó con las enormes manos del negro que tenía enfrente. Sorprendido porque el negro lo había parado con una mano en el pecho, lo miró de forma furibunda. Pero la Pulga, que conocía a su compañero demasiado bien como para imaginarse lo que iba a hacer, se le adelantó.

- Tranquilo negro.- Despacio separó la mano del pecho de su amigo.- No te metás con nosotros, no tenemos nada contra vos.- A pesar de todo, la expresión de la Pulga era de preocupación. Porque conocía demasiado bien a su amigo. Por eso lo empujó hacia el asiento de la chica antes de que pudiera quejarse.

- No me empujés, che. No le doy a ese negro hijo de puta porque quiero levantarme la minita. Pero no me voy a olvidar de su cara, te lo prometo.

Mientras caminaban por el pasillo, la mano del negro se posó sobre el hombro del Muñeco.

- Volvé a tu asiento, si no querés tener problemas.- Dijo el negro con su notorio acento portugués brasilero.

- No me jodas. Volvé vos o te hago boleta.

Casi apenas terminó de hablar el Muñeco sufrió el golpe del negro. Había sido tan rápido como un rayo y le había dado con el canto de la mano en el cuello, dejándolo casi sin poder respirar. Luego lo tomó del brazo sin preocuparse de la Pulga, y lo sentó enfrente de él. La Pulga se sentó obediente al lado de su amigo, preocupado por su expresión de ahogo y el semblante pálido.

- No pasa nada,- dijo Joao, -se va a poner bien en un minuto.

- ¿Se va a poner bien? Te va a matar, negro, bajate ya, aprovechá que no arrancó todavía este subte de mierda.

El negro rió. Todavía estaba con los auriculares puestos, pero debía tener el volumen bien bajo, porque escuchaba todo. Después de unos instantes dijo:

- Si me ataca, es hombre muerto. Soy experto en artes marciales, en eso no me gana nadie. Podés atacarme con un cuchillo y no me vas a tocar. Estaré atento, pero que se cuide. Y no se vayan de acá. No quiero que molesten a la gente que viaja.

- ¿Pero de dónde saliste? ¿De una película de acción? No queremos problemas ni vamos a molestar a nadie. Pero no nos jodas a nosotros, ¿entendiste?

Joao contestó con cara de pocos amigos: – Okei.-

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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