Juan Salvador Trupia, barítono

Juan Salvador Trupia, barítono.

Primera parte del reportaje de El Apasionado a un extraordinario barítono nacido en Oviedo, Asturias, que vive con nosotros desde los 5 años y que ahora está a punto de cantar Il Signor Bruschino, la ópera de Rossini que produce la Compañía Sol Lírica en el Teatro Empire.

Quedamos en encontrarnos en un bar de Buenos Aires y llegó muy puntual. Apenas sentados a la mesa surgió el tema que lo apasiona hasta transformarlo en un verdadero fanático: la ópera. En las próximas tres horas hablará con emoción y mucha pasión de sus experiencias, sus gustos, y contará una gran cantidad de anécdotas. Hacer esta entrevista fue extremadamente fácil, porque Juan Salvador Trupia es tan apasionado de la ópera que conoce gran cantidad de ellas con minuciosa precisión, de ellas tiene muchas vivencias interesantes, y por sobre todas las cosas, le gusta contarlas. Durante la charla se emociona, mueve las manos en todas las direcciones haciendo peligrar el vaso de jugo de naranja que tiene enfrente, gesticula, y demuestra que él es todo lo que ha vivido. Su fuerte voz de tono grave se destaca por sobre todas las cosas y con ella remarca las palabras y las frases que considera más importantes. Con pasión, inteligencia y mucho sentido del humor, habla de su larga e interesante experiencia en el teatro Colón como integrante del Coro Estable y en muchos otros teatros en los que ha actuado muchas veces como primera figura. En esta primera parte que publica El Apasionado, hablará primero del Il Signor Bruschino, y luego de su formación como músico y cantante. Esto ya es muy interesante, pero les aviso que falta mucho más. Muchísimo más, que estará publicado en los próximos días.

El Apasionado: Contame todo sobre la obra Il Signor Bruschino, que van a representar a partir del 24 de Setiembre en el Teatro Empire.

Juan Salvador Trupia
Foto exclusiva del ensayo (sin vestimenta ni caracterización) de Il Signor Bruschino.

Juan Salvador Trupia: Esto del Signor Bruschino es súper, súper divertido porque es una ópera espectacularmente graciosa de Rossini. Para mí lo interesante es hacer un rol de viejo, que está bueno después de haber hecho el juvenil Fígaro saltando de acá para allá, ahora es muy gracioso tener que estar con problemas para caminar, para subir una escalera. Esto es muy divertido, pasar de haber hecho un personaje tan joven a uno que está en el proceso inverso.

Lo que me gustaría destacar de Bruschino es un tema que es muy interesante: que es la producción de una compañía independiente. Yo que ahora tengo la oportunidad de trabajar en lugares donde las producciones parten de una base bastante alta de presupuesto para escenografía, vestuario, etc, trabajar en una compañía donde se parte de cero para arriba es muy interesante. Personalmente destaco el trabajo de Gaby Vacas, que es un compañero mío del Coro del Teatro Colón, y que canta el Gaudencio, que hace un trabajo fantástico porque ha logrado reunir, en una compañía totalmente independiente, grupos de cantantes muy solventes, un director estupendo como Ulises Maino, que es además asistente del Coro Estable del Teatro Colón, que es un chico de 23 años, mega talentoso, una orquesta que es la que realmente Rossini pide para esta obra porque es una orquesta de 30 músicos, completa, con todo lo que tiene que estar. No es una adaptación, es la orquesta como debe ser en un teatro de las dimensiones del Empire. Así que en este sentido me parece que la producción va a ser muy satisfactoria.Y todos los cantantes son jóvenes menos yo (risas), y son estupendos en los dos elencos, y es una gran alegría trabajar con ellos porque lo hacen con muchísimo amor y con muchísimo profesionalismo, entendido en el mejor de los sentidos, cuidando cada detalle, trabajando con una muy buena organización, que no es fácil cuando es una compañía chica, que uno podría comprometerse menos porque en general los cantantes tenemos muchos compromisos por todos lados y creo que en este sentido Gabriel, como cabeza de esta compañía ha logrado que el grupo se maneje como una verdadera compañía de ópera tanto en los ensayos y en el trabajo muy detallado.

Obviamente el otro puntal absoluto en la puesta de una ópera es el regisseur. Es un placer trabajar con Julián Garcés, yo lo conocí cuando tuvo una gran participación en la última producción de Sergio Renán, L’Elisir D’amore, en la cual, como el maestro ya no estaba bien, muchos ensayos los manejó Julián, convirtiéndose en un pilar que sostuvo la producción. Julián trabaja con ideas muy claras, y con algo que es muy importante a lo que no siempre los regisseurs le dan esa importancia, que es que tiene una serie de ideas muy claras. Las prueba, de hecho, funcionan, pero siempre está muy atento a cosas que son elementales en la ópera y a veces se pierden, que es plantear cosas como: “esta escena en lugar de plantearla así la planteamos asá, porque se te escucha mejor en aquel lugar”. Esto hoy parece casi como una antigüedad, como decir, “no me importa cantar haciendo la vertical, porque es un capricho mío”.

E A – Se ve mucho en las producciones modernas eso de cantar desde cualquier lugar, desde el fondo del escenario, desde el costado, en lugares increíbles.

J. S. T. - Exacto. Acá él estuvo atento a que la escena sea tal cual como él la quiere, de hecho, él muchas veces nos dice cosas que son absolutamente válidas en el teatro como decir “no tengan miedo, den la espalda, caminen hacia atrás, y perfecto, uno no vive la vida de frente, pero siempre está atento a que eso funcione musicalmente. O si él necesita un tiempo más largo para que una idea de un cantante se desarrolle, un calderón, lo habla con el maestro y le dice a Ulises, “¿podemos tener un calderón más largo para que se entienda el proceso y lo que el personaje pensó? Es decir, hay un trabajo muy serio en el sentido de trabajar la ópera como una unidad. No hacer musicalmente algo y que el director de escena se arregle, lo que ya es un clásico de la ópera, la lucha entre el regisseur y el director musical. Eso acá no existe, y más que no existir, al contrario, hay un trabajo de muchísima comunión, de ponerse de acuerdo. Espero y deseo que esa comunión la podamos reflejar.

E A – Es un gran amor por la ópera de todo el conjunto, director, regisseur, actores, cantantes.

J. S. T. - Sí, me alegra mucho ese amor con el que Gaby hace las cosas, ese amor que es tan sincero. Eso se contagia. Yo amo la ópera desde que soy un nene, entonces justamente como amo la ópera, me emociona ver que alguien se pone a cuestas un trabajo tan complicado, alguien que decide tomar esa iniciativa cuando podría ser más cómodo. Eso es algo de una gran valentía. Y también una gran apuesta económica, un asunto que no es menor. Decir: “decidí formar mi compañía y llevar esto adelante”. Además de estar muy contento con todo esto, siento una gran admiración por lo que hace.

E A – Ahora pasamos de la actualidad a explorar a Juan Salvador Trupia, cantante de ópera: ¿Cómo empezó todo? ¿En qué momento decidís convertirte en músico?

Empezó muy temprano. A los 5 años me enamoré de la música, y desde ahí quise ser músico y por suerte lo logré (risas).

E A – Definido totalmente desde los 5 años.

Juan Salvador Trupia
Foto exclusiva del ensayo del Il Signor Bruschino. Sin caracterizaciones ni escenografía.

J. S. T. - Sí, sí. A los 5 años escuché por primera vez música clásica, la sexta sinfonía de Beethoven, y me quedé fascinado. Eso sí, durante muchísimos años no supe que iba a ser cantante. Ingresé a los 9 años en el Conservatorio Nacional, ahí estuve casi 10 años. Primero empecé con piano, luego hice la carrera de violín, y mi idea era ser director de orquesta. Mi idea era al terminar la carrera de violín estudiar para director. En aquél momento no existía como hoy la carrera de director de orquesta. Sólo se podía hacer carrera de instrumentista, y dirección se estudiaba en forma particular.  Creo que había comenzado la carrera en la UCA, pero bueno, yo estaba en el Conservatorio.

Como era fanático de la ópera estuve varios años en la orquesta del Ministerio de Educación, y ahí fui concertino durante 4 años. Trabajaba además en un trabajo que no era de músico, y una gran parte de mi sueldo me lo gastaba en Piscitelli, compraba las óperas.

E A – Si habremos gastado en Piscitelli…

J. S. T. - Si habremos dejado dinero en Piscitelli (risas). Grande don Antonio, que vivió muy bien gracias a nosotros (más risas), y que nos traía unas grabaciones espectaculares. Entonces yo llegaba con todos esos discos y claro, en esa época era una orquesta de adolescentes, yo entré cuando tenía 17 años, y muchos de mis compañeros ahora son compañeros míos en el Teatro Colón pero tocan en la Filarmónica o en la Estable. O sea muchos instrumentistas tocan en las orquestas del Colón pero yo me transformé en cantante.

Yo en ese momento hablaba de ópera y canturreaba me mandaba unos uhh (gesticula cantando como si reviviera ese momento) y todos me decían “tenés que estudiar canto”. Y a mí me daba tanta vergüenza, y era tan fanático de la ópera que pensaba “con tanta gente maravillosa que canta, no voy a cantar yo”. Pero me daba tanta vergüenza cantar que, en el Conservatorio, donde tenía Coro como materia, yo a veces ni cantaba, y venía la profesora, que me quería mucho, me decía “cante, cante, porque yo tengo que ver lo que usted canta”. Un día le dije, “¿Qué voy a cantar? (y canta una melodía con su voz de barítono, y nos reímos mucho) Fue muy gracioso.

Seguí muchos años con el tema del instrumento y con la idea de estudiar dirección. El último año que vivió el maestro Veltri, que falleció lamentablemente en 1997 de un aneurisma cerebral, le conté de mi idea de estudiar dirección. Yo lo admiraba muchísimo y él me ofreció, no darme clases, pero sí trabajar juntos algunas cosas. Ese último año estuvimos trabajando juntos. Él había sido nombrado Director Artístico del Teatro Colón, y yo le llevaba los análisis de las obras que veía y él me permitió estar en algunos ensayos, incluso en ensayos de camarín, por ejemplo los ensayos de camarín de Leo Nucci haciendo Rigoletto, fue increíble. Por eso cuando él muere ese año sorpresivamente para mí fue devastador, porque era lo que venía persiguiendo durante muchos años.

Yo era amigo de Ricardo Yost, a quien había conocido cuando le hice yo a él una nota para la revista Clásica, entonces nos pusimos a charlar, y le dije maestro usted porqué no me escucha cantar, y bueno, fui a la casa, me hizo vocalizar, y a las tres notas que canté me dice: “vos tenés que estudiar canto”. Para mí fue toda una sorpresa, y ahí empezó muy de a poquito, porque en realidad yo empecé a cantar a los 30 años, a la edad en que mucha gente está cantando con años de experiencia. Fue todo un momento loco para mí porque fue como cambiar, no sé, como si fueras abogado y digas “bueno, ahora quiero ser médico”. Fue como cambiar de carrera completamente. Pero por suerte fueron las cosas bastante bien y rápido. Estuve tres o cuatro años cantando en distintas producciones sin estudiar canto, ni una clase. De hecho canté los papeles principales de las tres Mozart – Da Ponte sin una sola clase de canto, canté Viuda Alegre, y un día me dije que llegué a un límite, tengo que estudiar canto. Probé con algunos maestros que no me convencían mucho, y finalmente conocí a Horacio Amauri, que fue mi único maestro y fue maravilloso. Con él trabajamos muy intensamente durante tres años de ir tres veces por semana. Yo quería aprovechar el tiempo, porque ya era grande y no tenía mucho tiempo para perder, y desde ahí me fui desarrollando hasta hoy.

E A – Hablando del canto y de tu iniciación a los 30, ¿desarrollaste algún método para cuidar tu voz?

J. S. T. - El método es aprender a cantar bien desde el principio. Por eso yo, a mi maestro que lamentablemente falleció este año, el 2 de Enero, en lo que fue un golpe muy duro, le tengo un agradecimiento absoluto porque, digamos, no existe otro método para cuidar la voz que cantar bien, no son dos cosas separadas. O sea, cantar bien cuida la voz, esa es la gran base y eso es lo que yo cuando doy clase les enseño a mis alumnos.

E A – ¿Cantar bien significa cantar personajes dentro de la tesitura que tenés o alguna otra cosa en especial?

Juan Salvador Trupia
Foto exclusiva del ensayo de Il Signor Bruschino. Sin vestimenta ni caracterización.

J. S. T. - Una de las cosas fundamentales es elegir bien los personajes, que éstos sean adecuados para la voz de uno. Es un terreno muy difícil, porque uno puede pensar que el personaje es adecuado y a otro, que lo escucha, le parece que no lo es. Es una de las decisiones más difíciles de nuestra carrera, porque es muy sutil. Uno puede ver un rol que por la tesitura lo puede cantar pero después hay que ver de qué manera lo hace, con qué desgaste, cómo uno soporta el personaje, cómo uno sostiene la energía que el personaje requiere, tanto física como psíquica. Uno lo físico con lo psíquico porque, por ejemplo, Diana Damrau, a sus cuarenta y pico de años anunció que cantaba su última Reina de la Noche y que empezaba a cantar Pamina. Y no es que no tenga el Fa sobreagudo, lo tiene y podría seguir cantando el personaje, pero lo que ya a lo mejor no tiene, es la fuerza física de aguantar la presión de un personaje semejante. Por eso los que abordan ese rol son muchas veces cantantes jóvenes. Por supuesto hay excepciones, y cantantes que son soprano súper ligera pueden seguir durante muchísimos años porque es un rol explosivo de una soprano ligera. Con todas las particularidades, porque sabemos que la Reina de la Noche tiene toda una parte que parece que es para una soprano dramática y después se va a la mega ligera.

Es muy importante ver qué es lo que uno canta, elegir los roles, y en tal caso uno puede hacer como muchos grandes cantantes han hecho, que es probar, tratar de ser sincero con uno mismo y darse cuenta si abordar un personaje vale la pena en la relación desgaste – beneficio. Esto requiere de muchísima inteligencia emocional porque esta es una carrera que tiene muchas veces una gran presión, en cuanto a que a veces surge la oportunidad de cantar un rol entonces uno tiene que evaluar rápidamente si dice que sí o que no, para qué conviene o para qué no conviene, eso hace la carrera bastante difícil en este sentido.

E A – ¿Te tocó en tu carrera algún rol difícil de abordar, que te haya costado mucho?

J. S. T. - De los que hice, no, pero de los que rechacé un montón, tengo más roles rechazados que hechos (risas). Pero esto lo digo con mucho orgullo. Hay un rol que yo tengo muchas ganas de encarar próximamente, que siento que hoy ya lo podría cantar, que es el Simón Boccanegra. Es un rol que amo, y que de hecho lo tengo totalmente estudiado, he hecho muchas partes en conciertos, así que es un rol que hoy podría abordar. Si hoy a mí me llaman para hacer Simón, lo hago, muy feliz, lo tomo. Hace unos cuantos años atrás, me ofrecieron hacerlo, al piano, y yo hice lo que hago siempre, a pesar de que hace cinco años atrás tenía menos experiencia, obviamente. Yo digo siempre: “voy a verlo” y lo que hago es sentarme al piano, estudiarlo, probarlo. Rápidamente, en unos pocos días de estudio, me doy cuenta si ese rol es abordable para mí, en ese momento, o no. Cuando me dijeron “querés cantar Simón, dije sí, felicidad total, pero dije también “déjenme probar”. Luego de probar dije, no, no puedo hacer este rol, pero no cerré la partitura y dije “que pena que no lo puedo hacer”. No, me puse a estudiarlo de a poco, cuando tenía tiempo, cuando mis otras actividades me lo permitían, y después de un tiempo me dije, “bueno, ahora me sale el dúo con Amelia”, luego, “ah, ahora me sale el dúo con Fiesco”, después, “ah, ahora me sale el final”. Y fui armando de esa forma el rol. De hecho el año pasado me tocó hacer en varios conciertos el dúo con Amelia cuando se descubre que son padre e hija, y ahora pienso que es algo totalmente adecuado para mi voz. Pero es parte de ese proceso de haberlo estudiado. Hay que aceptar cuando no es posible y cuando se puede hacer.

Un consejo que yo siempre le doy a mis alumnos: aún el que sea el rol más chiquito o la ópera más sencilla, o la producción más humilde, el cantante tiene que hacer siempre el mejor papel, sea donde sea. Yo canto de la misma manera en el cumpleaños de un amigo cuando me dicen “cantate un aria” y la canto igual, con el mismo grado de compromiso que si lo estoy cantando en un teatro. Esto es fundamental en nuestra carrera.

Ver la segunda parte

Ver la tercera parte

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

One Response to “Juan Salvador Trupia, barítono”

  1. Norma, Responder

    Escuché a Juan Salvador Trupia haciendo il dottore Dulcamara en “L’elisir d’amore” (Teatro Empire /30 de junio) y me gustó muchísimo!! De ahí que buscara saber quién es y así llegué a este Blog. Simplemente fascinó al público desde la primera escena… quizás muchos ya lo conocieran. Para mí fue un descubrimento…
    Muy buena la entrevista ¡Gracias!

Deja un comentario