Reportaje a Gustavo López Manzitti

Gustavo López Manzitti viene de una familia de cantantes y músicos. Sus padres han formado parte del Teatro Colón durante años, y eso fue algo que lo marcó desde muy joven. Su primera vocación fue el piano y la composición. Estudió canto, piano, composición y dirección de coro y orquesta, aunque con el tiempo decidió cantar como barítono. Sin embargo, guiado por maestros reconocidos y luego de un largo periodo de transformación, consiguió transformarse en un auténtico tenor y en seguida comenzó a recoger críticas elogiosas. Su presente es excelente, alternando desde hace muchos años los más prestigiosos teatros argentinos con importantes teatros del exterior. Su inquieta carrera incluye trabajos con Les Luthiers, y con Leo Masliah, entre otras muchas labores, lo que habla de la versatilidad de este importante tenor argentino. Su repertorio abarca infinidad de obras de distintos periodos y de autores como Gluck, Mozart, Verdi, Massenet, Bizet, Puccini, Donizetti, abarcando también óperas veristas y contemporáneas, como Bebe Dom. En este momento se encuentra representando el papel principal de Werther de Jules Massenet para Buenos Aires Lírica en el Teatro Avenida, luego de haberlo hecho con gran éxito de público y crítica en el Teatro Colón en este mismo año.

EA - ¿Tuviste algún cantante de referencia? ¿Idolatraste a alguien antes o al comienzo de tu carrera?

GLM - Desde mis primeros escarceos con el canto y hasta ahora hubo varias figuras emblemáticas para mí, entre ellas, Enrico Caruso y Beniamino Gigli. Escuchaba sus grabaciones preguntándome “¿cómo lo hacen?”. Se me antojaba que esas voces eran sobrehumanas, y como dejaron tan poco escrito acerca de técnica vocal, decidí extraer ese conocimiento basándome en lo que hacían. Hice literalmente jirones cantidad de cassettes con sus grabaciones, de los cuales repetía una y otra vez fragmentos de tal o cual aria para ver si encontraba el secreto de la técnica vocal. Los bajaba de velocidad para oír en “cámara lenta” detalles de inflexiones y pasajes, anotaba, hacía diagramas de sus modificaciones vocálicas, cortaba la cinta en varios fragmentos y los volvía a unir para escuchar en sucesión las partes que me interesaban. De modo que sí, los idolatré, aunque fui tal vez un poco hereje tratando de descubrir sus secretos herméticos.

Gustavo López Manzitti
Gustavo López Manzitti con Norberto Marcos

EA - ¿Qué estilo de canto te hace sentir más cómodo? ¿Tenés algún autor o una época musical preferida?

GLM - Es una pregunta compleja. Nunca encaré una ópera desde otro punto de vista que no fuera el de intentar meterme en la mente del compositor. ¿Por qué, de entre infinitas opciones, esta persona decidió escribir esto así? Cuando logro desentrañar las intenciones del autor, automáticamente me siento feliz, particularmente con aquéllos que unen con maestría genial lo dramático, poético, vocal y musical en obras increíbles. A partir de ahí, las posibilidades son infinitas, y a la vez están contenidas en un formato muy severo; es por esto último, los límites que impone la obra, que no existe límite en la interpretación. Similar a lo que decía Saint Exupéry en su “Ciudadela”: “Sin los muros protectores el hombre se encuentra perdido; su libertad gira en el vacío, es estéril, es la libertad de no ser.” Cuando encuentro esa maestría en una obra, no importa quién la haya compuesto o en qué época, me siento feliz. Y aquí cabe distinguir “feliz” de “cómodo”: no son muchas las situaciones de comodidad en el canto lírico, pero pueden hacerte inmensamente feliz. El público sensible, nuestro verdadero cómplice, comparte esto inmediatamente.

EA - ¿Qué dificultades debiste sortear para poder llegar a este presente que te encuentra en nuestros mejores teatros alternando con importantes teatros extranjeros?

GLM - Muchas, a decir verdad. Creo que la fundamental ha sido y es la exigencia conmigo mismo. Los maestros que tuve en distintas disciplinas que incluyen el canto me inculcaron el ideal, con el que siempre estuve de acuerdo, de que las cosas hay que hacerlas bien o no hacerlas, y esto va muy a contramano con cómo suele funcionar el mundo hoy. Hay mucha gente que las hace de cualquier manera y tiene muchísimo éxito, lo cual es deplorable. Sé que jamás me aproximaré siquiera a mi ideal de excelencia, y esto es precisamente lo que me mueve a seguir buscándolo incesantemente.
En lo externo, como todo artista, tuve momentos de dificultades, por lo general económicas, particularmente durante los primeros años de probar suerte fuera mi país. De todas formas, hoy soy muy dichoso de alternar mi actividad en Argentina, que tiene uno de los públicos operáticos más maravillosos, con otros escenarios del exterior. Bien valió la pena sortear esas dificultades.

EA - La obra que van a representar en el Teatro Avenida, Werther, es ya muy conocida por vos y la has hecho en el teatro Colón hace muy poco tiempo. Fuiste más elogiado que el invitado extranjero, que estuvo muy bien en su papel. ¿Cómo reinventás el rol (éste o cualquiera que hayas hecho varias veces) cada vez que lo hacés? ¿Le das otros matices, lo reinventás, te dejás llevar por los directores o lo cantás siempre de la misma forma?

GLM - Con Werther siempre tuve la fortuna de contar con excelentes directores de escena y musicales con quienes pudimos trabajar en equipo y tener diferentes visiones del personaje. De hecho, Werther es tan complejo que se pueden tomar varios caminos para interpretarlo. Este año, por ejemplo, tuve dos oportunidades muy cercanas en el tiempo y en salas muy diferentes, el Teatro Colón primero, y ahora el Avenida. Con Hugo de Ana en el Colón trabajamos concienzudamente un Werther cuya hipersensibilidad llegaba al dolor permanente y lo volvía un tanto inestable desde el inicio mismo de la ópera. En esta puesta para Buenos Aires Lírica tengo la dicha de trabajar con Crystal Manich, cuyas excelentes ideas, si bien distintas, no son menos intensas. Con ella logré componer a un héroe romántico, extremadamente sensible, que sólo va perdiendo su equilibrio emocional a partir de que Charlotte, como por accidente, le nombra a Albert y el hecho de que es su prometido. Mi percepción del personaje y su conflicto se amplió notablemente al encararlo de esta manera. Con respecto al canto, las modificaciones en cada producción van de la mano con los distintos planteos dramáticos. Cada sala, a su vez, impone formas diversas de encarar lo vocal. En esta ópera predomina lo intimista, las situaciones más intensas se dan en ámbitos acotados: en la gigantesca sala del Colón esto se maneja de manera diferente a cómo se hace en el Avenida. Y sin embargo, la obra tiene explosiones monumentales tales como la del final del segundo acto en que Werther angustiosamente le pide a Dios que le hable, o el dúo del final del tercero. La intensidad es la misma, pero los colores vocales deben ser adecuados a cada entorno, así como la actuación. Es fascinante trabajar eso.

Gustavo López Manzitti
Gustavo López Manzitti con Florencia Machado

EA - ¿Cuáles son para vos los matices que hacen tan interesante el rol principal de esta ópera?

GLM - Sin dudas, la profundidad y riqueza espiritual son los aspectos más interesantes del personaje, pero no podría hablar de él separadamente de la interacción con los demás. En esta ópera todo es altamente simbólico. Para mí Werther representa el ilimitado anhelo de libertad. Charlotte, por su parte, vibra en consonancia con esa libertad y se entrega a la ensoñación de una noche con Werther llegando incluso a olvidar aquél juramento que había hecho a su difunta madre de casarse con Albert. Pero mientras para Werther no existen los obstáculos que se interpongan entre él y su ideal, representado aquí por Charlotte, para ésta es indispensable construirlos. Es más importante la obediencia a la promesa hecha a su madre que su verdadera felicidad. Werther, sin embargo, sabe cómo es Charlotte en realidad, sabe en ella la libertad que la hace volar en alas de las poesías que leen juntos, de la música que comparten, de la visión del universo, y no puede comprender cómo ella se resiste a ser lo que verdaderamente es. Si viéramos la ópera desde el punto de vista de Charlotte, es lógico que Werther deba morir: para llevar una vida basada en obediencia a cánones preestablecidos toda libertad debe ser eliminada. El símbolo de un Albert que le ordena a ella hacerle llegar a Werther el arma con la que se suicidará es una clara muestra de esto. Si la vemos desde el punto de vista de Werther, contemplamos al idealista consumido por su propio fuego, al ser luchando denodadamente contra el deber ser, al buscador incansable contra la mansedumbre de la sumisión a los deberes impuestos por la sociedad.

EA - ¿Qué expectativas tienen con Werther? Yo la espero con muchas ansias, intuyendo que va a ser mejor que la del elenco principal del Colón de este año, y sé que mucha gente piensa igual. ¿Ustedes sienten ese entusiasmo que existe por verla?

GLM - Sentimos ese entusiasmo, que para mí es parte fundamental de la expresión artística que llamamos ópera: asistir a las diferentes interpretaciones de una misma obra, a su relectura, a su transformación y resignificación. Las expectativas se han realizado ya puertas adentro para el equipo de esta producción, y falta el paso más importante, darla a conocer al público, que te aseguro lo disfrutará muchísimo. El trabajo que hicimos bajo la guía de Crystal Manich como directora de escena y Pedro Pablo Prudencio al frente de la orquesta es realmente extraordinario. Al mismo tiempo, es un placer gigantesco para mí compartir esta ópera con un elenco solidísimo: Florencia Machado, con quien compartimos otros títulos antes y que está magnífica en éste su debut como Charlotte, Laura Sangiorgio también en su debut como Sophie, Norberto Marcos como Albert. La compenetración de todos y cada uno de los artistas de esta producción con sus personajes y con la obra en sí es algo que no se da muy a menudo.

EA - ¿Qué música te gusta escuchar en general, que no sea ópera?

GLM - De alguna manera vuelvo, en esta respuesta, a la pregunta que me hiciste anteriormente. Amo escuchar toda música que tenga un significado más o menos profundo.

EA - Después de Werther, ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

GLM - Es éste para mí uno de esos años de repeticiones, además de los dos Werther. Voy a hacer dos Bohémes, una en Tucumán y otra en el Argentino de La Plata, y haré la Condenación de Fausto en el SODRE de Montevideo, obra que ya preparé para San Pablo.

EA – Muchas gracias Gustavo por tu amabilidad y tu tiempo.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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