Tristán e Isolda en concierto en el Teatro Colón

Tristán e Isolda en concierto en el Teatro Colón

Música y libreto de Richard Wagner.

Selección: Preludio, Acto II, Muerte de Amor

Director musical: Daniel BarenboimOrquesta West-Eastern Divan

Peter Seiffert como Tristán – Waltraud Meier como Isolda – Ekaterina Gubanova como Brangania – René Pape como el Rey Marke – Gustavo López Manzitti como Melot

Tristán e Isolda. Barenboim
Tristán e Isolda. Barenboim

Ya desde la entrada del maestro Daniel Barenboim, muy festejada por la gente, se vivió en el Teatro Colón una situación de gozo indescriptible. El magnetismo del director va más allá de todo lo imaginable. Desde sus saludos a todos los sectores del teatro, hasta sus primeros movimientos, acapara toda la atención. Confieso que no pude dejar de mirarlo durante toda la ejecución del magnífico Preludio.

Escuchar una versión de concierto del segundo acto de Tristán e Isolda es una experiencia que recomiendo fervientemente. Ya no se trata de una orquesta en el foso, actores en el escenario, escenografía, luces, y toda la parafernalia que exige una representación operística. Se trata, simplemente, de la música de Wagner, desnuda, febril, atrapante. De esta forma la música del genio de Leipzig puede apreciarse en toda su dimensión. Incluso con los cantantes al fondo sobre una tarima, prácticamente invisibles desde las primeras filas de la platea, fue la música de Wagner la gran ganadora de esta noche. Una música que es atonal, quizás difícil de asimilar, que destaca a cada instrumento, que invita a cada músico a una concentración muy especial, y que en su conjunto forma una estructura única, incalculablemente bella y seductora.

La orquesta West-Eastern Divan, llena de jóvenes músicos talentosos y entusiastas, se sometió a las órdenes del genio de su director, que los condujo con mano férrea, casi a los saltos, con gestos ampulosos y muy claros. El resultado fue que la función mostró todas la sensibilidad de un Wagner inspiradísimo, un  placer para los sentidos. Realmente estos chicos han dado lo mejor de sí, han demostrado que, bien dirigidos, pueden llegar a ser la mejor orquesta del mundo, aunque no tengan ese título, lo cual poco importó durante la función.

Los cantantes se ubicaron detrás de la orquesta, cosa extraña, lo que lamenté mucho porque casi no pude verlos. Pero no importó demasiado para el lucimiento de cada uno de ellos.

Peter Seiffert, tenor lírico alemán de gran carrera en el canto wagneriano, se destacó por una musicalidad intacta que no se ha resentido con los años, desempeñándose incluso de forma casi perfecta en este papel dramático de Tristán. Un placer haberlo escuchado anoche.

Tristán e Isolda. Meier y Pape
Tristán e Isolda. Meier y Pape

Waltraud Meier, cantante wagneriana si las hay, mostró su gran solvencia y una bella voz, componiendo a una fascinante Isolda. Por su ubicación especial, al fondo, por breves momentos la orquesta pudo taparla un poco, pero siempre emergió aún con más fuerza y haciendo fascinantes las melodías que Wagner escribió para su papel. Fue hermoso haber podido disfrutar de su precioso canto.

René Pape es un bajo alemán de enorme carrera musical, que ha interpretado con la misma calidad a Mozart o a Wagner. Tuve el gran gusto de verlo en el Metropolitan de Nueva York haciendo Parsifal, junto al tenor estrella del momento: Jonas Kaufman. Bueno, en ese Parsifal la estrella indudable fue René Pape en el papel de Gurnemanz, sencillamente fantástico. Anoche, como el Rey Marke, se escuchó también en un nivel superlativo, haciendo el rol a la perfección. Su voz tiene un registro muy atractivo y es sumamente potente. Fue otra vez y sin lugar a dudas lo mejor de la noche.

Ekaterina Gubanova es una mezzo con una voz destacada tanto por ser melodiosa como potente. Su voz sobrepasó cualquier intento de la orquesta de taparla, haciendo una Brangania más que interesante.

Por último, nuestro Gustavo López Manzitti tuvo, como ya nos tiene acostumbrados, una sólida actuación en el papel de Melot. Lo he visto sobre este escenario en obras tan distintas como Simon Boccanegra de Verdi y Bebe Dom de Peruso, siempre cumpliendo al mejor nivel.

Tristán e Isolda. Barenboim
Tristán e Isolda. Barenboim

 

La noche fue sencillamente perfecta. Como conclusión puedo decir que las óperas de Wagner resisten un concierto como ninguna otra música, ya lo hemos probado en el Wagnerfest de Buenos Aires Lírica y ahora queda más que evidente con esta función.

Por último, dos detalles que pintan al maestro Daniel Barenboim: una mujer tosió demasiado fuerte en la platea, el director se dio vuelta, sacó su pañuelo y le mostró cómo debe toser una persona civilizada y respetuosa. Y sobre el final, cuando la música descendía y se perdía en un pequeño hilo lejano, la gente comenzó a aplaudir. Se dio vuelta con un gesto airado, no exento de humor y miró a la gente como preguntándose “¿es verdad que están aplaudiendo ahora?” y a los pocos segundos, habiendo terminado la música y con la gente en silencio luego de su furibunda mirada, dijo “ahora sí”. Y entonces por fin se produjo el diluvio de aplausos.

Argumento

Libreto

Tristán e Isolda. Teatro Colón
El Teatro Colón a pleno como nunca

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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