Tristán e Isolda en el Teatro Colón, 1963

Tristán e Isolda

Enzo Valenti Ferro
Enzo Valenti Ferro

La Ópera, Pasión y Encuentros – Los Directores – Las Voces – Editorial: Gaglianone. Artículos escritos por Enzo Valenti Ferro entre 1940 y 1989. Digitalizado y compaginado por José Castillo. También agradezco al sitio de la Sra. Leonor Plate,  por su importante información en su base de datos.

Tristan und Isolde – Música y poema de Richard Wagner – Funciones: 13, 15, 17, 19 y 21 de Octubre de 1963

Director musical: Ferdinand Leitner con la Orquesta Estable del Teatro Colón. – Regie: Ernst Poettgen – Escenografía y vestuario: Roberto Oswald – Director del Coro: Valdo Sciammarella - Elenco: Hans Beirer: Tristán – Gladys Kuchta: Isolda – Franz Crass: Rey Marke – Carlos Alexander: Kurwenal – Gian-Piero Mastromei: Melot – Grace Hoffman: Brangania – Per Drewsen: Pastor – Tulio Gagliardo, Eugenio Valori, Renato Sassola: Pilotos.

Sólida como una roca

Richard Wagner

El sesquicentenario de Richard Wagner fue conmemorado en el Teatro Colón con la reposición del drama lírico ‘Tristán e Isolda’. La elección fue excelente porque recayó en la más perfecta y trascendente de las obras del gran taumaturgo y aquella que no ha dejado de ser reverenciada unánimemente. Mientras otras de las concepciones dramáticas de Richard Wagner han sufrido, en mayor o menor grado, mella por los embates del tiempo y resultan extrañas para la mentalidad del hombre moderno que se resiste a admitir el gigantismo y el análisis exhaustivo que conforman una de las características más acusadas del estilo wagneriano; mientras algunos artificios de la dramática wagneriana han dejado de convencer; mientras se discute la sinceridad que Wagner ha puesto en algunas de sus obras capitales, ‘Tristán e Isolda’ queda, por unánime consenso, al margen de cualquier reparo. Cada vez que se escucha esta obra fascinante, la más humana de Richard Wagner y la expresión pasional más intensa de la música toda, se comprende el por qué de este crédito que ninguna generación se ha atrevido a revocar y que no será revocado, seguramente, mientras existan hombres capaces de sentimientos sublimes y sensibles a la belleza. Ni Wagner ni ningún otro artista han logrado jamás repetir este milagro de síntesis entre poesía y música que es ‘Tristán e Isolda’. Cumbre del romanticismo poético-musical entroncada con la tragedia clásica, cada vez vuelve uno a caer frente a ella rendido de emoción. Cuatro horas y media de música (muchas horas para el oyente de hoy) se siguen sin esfuerzo y con placer si se trata de ‘Tristán e Isolda’, porque no existe una nota en ella que sea prescindible. Es sólida como una roca. Su integridad no tiene paralelo en toda la producción wagneriana y desafía cualquier otra confrontación. Dejemos para otra vez cualquier referencia a la ubicación histórica de ‘Tristán e Isolda’ y a su clara trascendencia en la evolución del lenguaje musical, para concretarnos hoy a saludar a la suprema belleza de esta música a la que cada nuevo contacto muestra más genial e inconmovible.’

La versión

Tristán e Isolda

En el Teatro Colón, Tristán e Isolda ha sido servida siempre con honor. En los últimos veinte años, para hablar de historia moderna, fue recordada en tres temporadas: Lauritz Melchior y Helen Traubel, con la dirección de Fritz Busch; Kirsten Flagstad y Set Svanholm, dirigidos por Erich Kleiber y Gunther Treptow y Birgit Nilsson, con la dirección de Fritz Rieger. Las dos primeras ediciones, memorables (histórica la segunda), y correcta la última.

La versión que acaba de ofrecerse fue, en términos generales, muy buena. Tuvo picos de innegable calidad y algunos vulnerables, según se verá. La labor de Ferdinand Leitner, fue digna y responsable. Su orquesta se condujo en excelente forma, denotando haber sido objeto de una esmerada preparación. Tuvo precisión, transparencia y calidad sonora, cualidades que convienen a “Tristán”. Leitner dirigió con evidente dominio de la partitura en la que abrió varios cortes, y lo hizo, además, con evidente convicción. Logró climas sonoros muy afortunados. En cambio, creo que donde había que hacer derroche de pasión, se mostró algo parco. Mayor intensidad expresiva, una pizca más de capacidad de comunicación habrían valorizado sensiblemente su respetable versión. En la escena, Hans Beirer y Gladys Kuchta protagonizaron a la inmortal pareja de amantes. El primero había actuado en el Colón hace algunos años. Sigue siendo la suya una de las voces de tenor menos atrayente que hemos escuchado últimamente en el repertorio alemán. Ciertamente, no es una voz en estado floreciente. Por otra parte, su canto conlleva una modesta cuota de expresión, a la cual ha de agregarse que su concepción del personaje es, si se quiere, primaria. Todo lo cual no hace de él el Tristán ideal. Es, sin embargo, si no el único, uno de los pocos tenores wagnerianos de estos días que puede sostener todavía decorosamente el peso de la obra. Su actuación se caracterizó, aparte los aspectos mencionados, por la prudencia con que administró sus reservas vocales para llegar con el máximo de eficacia al acto final. Es justo reconocer que lo logró en buena medida y, más aún que llegó por momentos a interesar. La soprano Gladys Kuchta, constituyó una agradable sorpresa. Posee un excelente patrimonio vocal, quizás no demasiado caudaloso, bellos graves, buen centro, aunque de relativo brillo, y agudos fáciles con cierta tendencia a decolorarse. No es una voz que se distingue por su homogeneidad, pero es de buen rendimiento. Aunque estuviera acosándole a uno el recuerdo de las grandes Isoldas que ha tenido el privilegio de escuchar, la actuación de Kuchta concitó, legítimamente, el interés del oyente, porque a sus buenos medios vocales, agregó el atractivo de un canto inteligente y sensible y, además, por ser una respetable actriz.

Ernst Poettgen

La más bella voz, la línea de canto más seductora y el estilo más refinado, estuvieron de parte de otro personaje femenino: Brangania, a cargo de la mezzo soprano Grace Hoffmann. Hace algunos años, cuando Hoffmann se presentó en el Teatro Colón como Fricka, en una Walkyria que dirigió, precisamente, Ferdinand Leitner, expresamos por ella nuestra admiración, señalando que era una de las cantantes más exquisitas de este repertorio que ha pasado en los últimos años por el escenario del Colón. Hoy nos place ratificar esa opinión frente a una Brangania de excepcional relevancia. Carlos Alexander, que personificó a Kurwenal, no es un cantante de méritos sobresalientes, pero se desempeña con eficacia. Es, sin duda, un actor de variados recursos. El bajo Franz Crass, tiene una bella voz, sospechamos que de mayor caudal que el que ahora puso en evidencia. Su Rey Marke tuvo calidad vocal, apostura, nobleza expresiva y escasa resonancia. En partes de menor responsabilidad se desempeñaron correctamente Gian-Piero Mastromei, Per Drewsen, Tulio Gagliardo y Eugenio Valori.

Roberto Oswald
Roberto Oswald

Los decorados de Roberto Oswald, influidos en parte por la nueva tradición de Bayreuth, son un trabajo de mérito. Nos gustó especialmente el del primer acto y, en orden decreciente, los restantes. Mucho los ayudó una correcta iluminación que el ‘régisseur’ Ernst Poettgen trató con gran habilidad. En el segundo acto hubo escenas admirablemente resueltas con un manejo de luces que tenía clara intención expresiva. Los dos aspectos típicos que podríamos citar al respecto son el ‘dúo de amor’ del acto segundo, y la muerte de Isolda. Esto no impidió que no comprendiéramos la razón por la cual la semioscuridad se adueña en pleno día, casi en forma permanente, del soleado solar de Bretaña donde yace Tristán… Poettgen trató con sentido plástico los movimientos individuales y compuso grupos con igual acierto. La dirección escénica de ‘Tristán e Isolda’ entraña un delicado problema, sobre todo por el hecho de que la acción se detiene en largos trechos dejando a la música dueña absoluta de la situación. Estas situaciones de estatismo escénico fueron atinadamente resueltas por Poettgen. En las dos escenas antes señaladas, logró soluciones que suplieron ese vacío y establecieron justa correspondencia con el sentido y belleza de la música. Un momento de gran belleza plástica, fue la entrada del Rey Marke en el segundo acto. Entre las ideas menos ortodoxas que introdujo Poettgen, una de las más discutibles fue, quizás, la de hacer morir a Isolda de pie. Como un árbol.

El Director: Ferdinand Leitner

Maestro Ferdinand Leitner

Durante varias temporadas este director estuvo a cargo de las óperas alemanas del repertorio del Teatro Colón. Al igual que otros maestros que lo precedieron, como Kleiber y Busch, para limitarnos a los provenientes del área alemana, que permanecieron vinculados durante mucho tiempo con el Teatro, Ferdinand Leitner no fue meramente un director contratado, que cumplía su compromiso y se marchaba: fue amigo e inteligente consejero. La elección de este maestro fue una óptima decisión de las autoridades del Colón. Porque Leitner, ha demostrado estar a la altura de las circunstancias ante un público acostumbrado a tener directores de primer orden para las temporadas alemanas, lo cual ha permitido que las mismas, rara vez hayan descendido de un nivel de excelencia en toda la historia del teatro Colón. Músico sobresaliente, maestro de alta escuela y conocedor de la orquesta, hombre de teatro, el nombre de Ferdinand Leitner goza de respeto en los centros musicales de mayor prestigio a través de los cuales ha construido una trayectoria artística que ha traspuesto ya los cincuenta años y que ahora el distinguido músico alemán puede contemplar con satisfacción desde su cargo en el Stadttheater de Zurich. Berlinés y egresado de la Hochschule für Musik, donde fue alumno de Franz Schreker; excelente pianista, dio sus primeros pasos en la carrera de director de orquesta en la Opera del Estado de su ciudad. Tenía poco más de treinta años cuando se produjo lo que podríamos llamar su lanzamiento hacia los estadios más jerarquizados: Opera del Estado de Hamburgo, National Theater de Munich, Opera de Stuttgart, Scala de Milán, Bayreuth, Amsterdam, Rotterdam, La Haya, Londres, Tokio, Osaka; los festivales de Bregenz, Lucerna, Venecia y el Maggio Musicale Fiorentino, constituyen otras tantas etapas de una carrera en la cual Leitner se ha distinguido por igual en la ópera y el concierto. Escuchar al director en el Coro de Peregrinos de Tannhauser

Las Voces

Hans Beirer

Hans Beirer: Escuchar al cantante en Tannhauser

Gladys Kuchta

Gladys Kuchta, soprano estadounidense: Poseedora de un considerable patrimonio vocal, si bien de relativa homogeneidad; con bellos graves, un buen centro de discreto brillo, y agudos fáciles aunque con tendencia a decolorarse, era una voz dramática de positivo rendimiento gracias también a un canto inteligente y sensible. Realizó firmes progresos vocales que se pudieron apreciar en actuaciones posteriores a la de su debut. Era, además, una buena actriz. Escuchar a la cantante en Tristán e Isolda de 1963

Grace Hoffman, mezzo-soprano alemana: Uno de los mejores elementos en la cuerda de mezzo soprano con que contó el Teatro Colón durante varias temporadas para el repertorio alemán. Hoffmann poseía una gran autoridad vocal y escénica. Cantante musical y culta, con excelentes antecedentes en la música de cámara y el concierto, poseía una bella voz, muy pareja y de buen rendimiento sonoro, y unía a la perfección de su línea de canto la calidad de sus facultades expresivas que tenían una suerte de regusto camerístico. Escuchar a la cantante en Tristán e Isolda

Franz  Crass, Bajo  alemán: El bajo obligado en las temporadas alemanas del Teatro Colón entre 1963 y 1971. A través de esos años pudo comprobarse la evolución favorable que este cantante experimentaba en el camino hacia la madurez de sus medios. Ya en 1963 tenía las condiciones que permitían considerarlo uno de los bajos alemanes de más bella voz y nobleza expresiva que habían cantado en el Colón de mucho tiempo atrás. Pero entre su primer Rey Marke y el segundo, tres años más tarde, mediaba un mundo. No solamente se había desarrollado su voz que mantenía intactas sus cualidades. Había ahora maestría y genuina aristocracia y emoción en su canto, hasta límites conmovedores. También excepcionales, casi antológicos, fueron su Rocco y su Gurnemanz. Un artista para recordar. Escuchar al cantante en El Holandés Errante, Bayreuth 1961

Grace Hoffman
Franz Crass

Gian-Piero Mastromei, barítono ítalo-argentino

Aunque nacido en Italia, este barítono es un artista de nuestro medio, pues aquí se formó musical y vocalmente. Egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, desarrolló entre nosotros las etapas iniciales de su fructífera carrera y si bien se radicó luego en Europa, se ha mantenido estrechamente vinculado con el escenario en el cual dio sus primeros pasos artísticos y en el que con el tiempo habría de asumir los roles más importantes de su cuerda.Dotado de un órgano vocal amplio y efectivo cuyas posibilidades ha explorado al máximo; dueño además de un vigoroso temperamento que le hace descuidar a veces el uso prudente de sus medios, y de una singular vitalidad, Mastromei se ha abierto camino en la escena lírica de Europa y America, ubicándose entre los barítonos más solicitados. Por espacio de más de veinte años ha actuado en los principales teatros de ópera del mundo y sigue muy activo (Mastromei es un cantante joven todavía y su estado vocal es óptimo) (*). Su labor le ha valido honrosas distinciones. Por la naturaleza de su voz y su sanguíneo temperamento, tiene mayor afinidad con el melodrama del Ochocientos. Ello no le ha impedido destacarse en otros roles, debiendo recordarse aquí que, al promediar su carrera, como integrante de la Opera de Cámara del Teatro Colón demostró poseer muy buenas condiciones de actor y una contagiosa vis cómica, cualidades que culminarían en una inteligente composición de Falstaff. Escuchar al cantante en Tosca

Gian-Piero Mastromei

(*) Comentario en 1983

Tulio Gagliardo, bajo argentino: Bajo argentino presente durante muchos años en los elencos del Teatro Colón.

Eugenio Valori, tenor polaco-argentino: Nombre en arte de Eugenio Szumpich. Natural de Polonia, era argentino por adopción. Formaría parte de los elencos del Colón hasta bien entrada la década del ’70. A lo largo de más de veinte años, Eugenio Valori prestó valiosos servicios artísticos al Teatro Colón. No poseía una voz atractiva. Tenía buena técnica y una admirable seguridad musical. Enfrentaba las tessiture más crueles con responsabilidad y valentía. Era insustituible en roles que presentaban esas dificultades.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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