La prohibición de amar, del joven Wagner

La prohibición de amar, del joven Wagner

Saludos finales
Saludos finales

La prohibición de amar, del joven Wagner (“Das Liebesverbot” en su idioma original), basada en la obra “Medida por medida”, de William Shakespeare, en el Teatro Real de Madrid. Producción conjunta del Teatro Real, el Covent Garden y el Teatro Colón.

Dirección musical: Ivor Bolton – Dirección escénica: Kasper Holten.

Reparto: Christopher Maltman, Leigh Melrose, Peter Lodahl, Peter Bronder, Ilker Arcayürek, Michel Sheshaberidze, David Alegret, David Jerusalem, Manuela Uhl, Sonja Gornik, María Miró, Ante Jerkunica, Martin Winkler, Isaac Galán, María Hinojosa y Francisco Vas.

Manuela Uhl
Manuela Uhl

Aprovechando que estuve unos días en la hermosa ciudad de Madrid, fui al Teatro Real a ver la obra que Wagner compuso a los 21 años, La Prohibición de Amar. Es una comedia donde Wagner imita concientemente el estilo de los belcantistas italianos (se sabe que Norma, de Bellini, para Wagner siempre fue una de las más grandes obras de todos los tiempos), pasándolo por el tamiz del temprano romanticismo de su talentoso y compatriota Carl Maria Von Weber (Wagner nunca ocultó su admiración por este gran autor). Lo hace sin mucha gracia, ni chispa, ni momentos extremadamente divertidos como sí los tienen las obras cómicas de Donizetti o de Rossini, por ejemplo. Es en todo sentido una obra extraña, por provenir del gran autor alemán, por ser música claramente italianizante, por ser comedia (muy lejos del sentido de comedia que tiene, por ejemplo, Los Maestros Cantores). Es en realidad una crítica a las costumbres puritanas del pueblo alemán de su época, pero hecha de manera demasiado académica. Como si fuera la prueba de un alumno de música al que se le obligara a imitar el estilo de alguien. De todas formas componer una obra de semejante envergadura (ópera en dos actos de casi dos horas y media de duración) a los 21 años habla de un autor ya sumamente inteligente y con enorme capacidad para la composición. Wagner la definió como un pecado de juventud, frase que sumió a la obra en la oscuridad durante gran cantidad de años. Pero salvo por la rareza de su procedencia, se trató de un hecho justo. Hay muchas obras mejores de otros autores que tampoco se conocen y que merecen mucho más el esfuerzo de hacer un rescate.

Christopher Maltman
Christopher Maltman

Wagner escribió también el libreto, basado en Shakespeare, cambiando Viena por Sicilia, donde Friedrich prohibe el amor extramatrimonial y el tan preciado carnaval. No está mal el libreto, deja bien claro sus ideas sobre el puritanismo, las autoridades hipócritas, el poder por el poder mismo. No está mal la música, es agradable, se puede escuchar y disfrutar en algunos momentos. No están mal las partes del canto, especialmente las de Friedrich y de Isabella. Pero la ópera es apenas superficial, y carece, en general, de encanto.

Luego de ver la obra no me quedó una sensación muy agradable. Esto puede deberse a que es la primera vez que la escucho, pero al menos esta primera vez no pude apreciar casi nada del genio alemán. Hubo apenas breves momentos en los que se aprecia a un buen compositor, con breves notas de lo que vendrá: el final del primer acto, algún recitativo de Friedrich y algún aria de Isabella. Muy poco.

La preparación escénica tampoco fue muy imaginativa. Sí fue colorida, muy bien iluminada, y práctica para el deslizamiento de los actores. La música fue interpretada de manera correcta por una buena orquesta, pero de manera mecánica, sin demasiado brillo. El vestuario fue interesante, e incluyó algunas caretas con personajes como Angela Merkel, algo a lo que el público (quizás ya cansado porque fue al final de la obra) creo que no le cayó muy bien, por la falta de reacción. O tal vez fue como que a nadie le importó.

Ivor Bolton
Ivor Bolton

Se destacaron, sí, dos cantantes maravillosos, que hicieron de su papel algo serio y muy bien elaborado: el excelente barítono inglés Christopher Maltman en el rol de Friedrich, una delicia (pude apreciar a este muy buen cantante en el papel del Conde de Almaviva en el teatro Colón, en la pobre puesta en escena de Le Nozze di Fígaro en 2013), y nuestra conocida y muy talentosa Manuela Uhl (tuve el placer de verla en el Colón en Elektra y La Mujer sin Sombra, de Richard Strauss). Ellos dos hicieron que la noche valiera la pena. El resto de los cantantes mostró voces desparejas, algunos con muy bajo nivel de volumen. Algunos me los imaginé cantando en el Colón, sin que se los escuchara en absoluto. Esto es porque el Teatro Real, como la mayoría de los teatros de Europa, es relativamente pequeño con respecto a nuestra enorme primera sala.

Por los comentarios que se escucharon a la salida de la sala, estimo que el público que asistió al Teatro Real la noche del 3 de marzo opinaba tal vez peor que yo de este pecado de juventud de Richard Wagner. Yo rescato a esos dos grandes cantantes que mencioné y la rareza de ver una obra tan distinta del gran maestro. Fue como conocerlo un poquito más, en una faceta antes inaccesible. Su próxima obra, también fue repudiada por el maestro, y sin embargo para mí sí es excelente. Se trata de Rienzi. Espero tener la oportunidad de verla sobre un escenario alguna vez, porque esa ópera sí merece rescatarse y ofrecerse más seguido al gran público.

El Apasionado en el Teatro Real de Madrid

 

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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