Falstaff, de Giuseppe Verdi, en el Teatro Solís

Teatro Solís de Montevideo, 9 de setiembre de 2013

El teatro Solís es muy bello, es armonioso, muy agradable a los sentidos.

Es un teatro muy coqueto de mediana dimensión, pero tiene un foso donde cómodamente caben más de cien músicos. El escenario es también mediano, de buena profundidad, lo que lo hace muy apto para la ópera. La acústica, por lo que pude apreciar, es extraordinaria.

La obra, última de Verdi, es un verdadero canto de cisne. Es maravillosa desde que comienza hasta que dan el saludo final. El argumento es simple, y se basa en el viejo desagradable, gordinflón y presumido de Sir John Falstaff, caballero, cómo a él le gusta presentarse. El viejo cree que es todo un caballero y solamente es un patán que vive de prestado en una taberna. Para obtener fortuna escribe dos cartas a dos bellas damas a las que cree que puede conquistar. Las damas le tienden una trampa para burlarse de él, y luego todo se transforma en una serie de equívocos muy cómicos, entre Falstaff, las damas, Mr. Ford, su hija Nannetta, Fenton, su enamorado, Pistola y Bardolfo, los dos secuaces de Falstaff. Termina en el bosque de Windsor, donde todos acuden disfrazados y ocurren las cosas más increíbles, como el doble casamiento entre Nannetta y Fenton (al que Ford siempre echaba de su casa) y el Dr Cajus, anciano prometido de Nannetta por su padre, y…Bardolfo disfrazado de novia!  Por eso al final no sólo Falstaff es engañado, sino también Ford, que contra su voluntad casó a su hija con quien él justamente quería alejar de ella.

La excelente adaptación de Arrigo Boito de la obra de Shakespeare “Las Alegres Comadres de Windsor” le da al guión una consistencia y una agilidad pocas veces vista en una ópera cómica.

La música es alegre, chispeante, constantemente vivaz y en ocasiones muy melodiosa. La orquesta transmitió todas esas sensaciones con gracia y alegría, y se transformó en el verdadero pilar de esta obra, dirigida en forma excelente por el maestro francés Martín Lebel.

Sir John Falstaff fue representado por Fernando Barabino, que tiene la voz exacta para el personaje y que cantó muy bien, afinado, melodioso, gracioso y de vez en cuando con un cómico falsete que hizo reír al público. El nivel actoral de Barabino también fue muy alto, cumpliendo con todas las características que definen a Falstaff: orgulloso de su panza, presumido, vanidoso y vulgar. Mr. Ford fue encarnado por Federico Sanguinetti, quién lució una voz muy potente, adecuada para el papel, y que se destacó como un excelente actor cómico. Alice Ford fue representada por Sandra Silvera, una soprano de voz importante que cumplió con su papel sin fisuras, mostrando la simpatía y picardía que requiere su personaje. Mrs. Quikly fue Raquel Pierotti, una mezzo de carácter y de buena voz, que yo creo se divirtió tanto como el público burlándose de Fastaff con sus reverencias. Nannetta fue Laura Deloglu, la única argentina del elenco mayormente formado por uruguayos, y cumplió una excelente actuación con una voz dulce y melodiosa. Sus encuentros furtivos con Fenton y la desobediencia a su padre hacen que este personaje siempre sea uno de los preferidos del público. Cantó maravillosamente el nocturno, que hizo las delicias de la gente. Fenton fue interpretado por Blagoj Nacoski, de Macedonia, que lució una importante voz de tenor. Meritoria actuación. En el papel de Meg Page se lució otra mezzo de voz importante, Mariella Nocetti. Como el Dr. Cajus, Andrés Presno mostró buenas condiciones de voz. Aunque es un papel pequeño, la ópera comienza con él interpelando a Falstaff y allí pudo haberse lucido mucho más si hubiese modulado más la voz, ya que si bien estaba muy enojado cantó como si fuese una ópera seria, y no lo es. El tenor Leandro Méndez y el bajo brasilero Murilo Neves además de cantar muy bien se destacaron actoralmente interpretando a los tontos asistentes de Falstaff, Bardolfo y Pistola. Muy cómicos. La obra así fue un gran éxito, y el público les respondió a los cantantes con estridentes aplausos.

El vestuario fue muy atractivo y permitió lucirse a los protagonistas, pero no así la escenografía, que a mi entender fue espantosa, solamente dos escaleras que los actores tenían que subir y bajar todo el tiempo. Permitió eso sí, mucha movilidad, lo que agilizó la obra, pero hubiese preferido una escenografía más clásica, ya que todos vestían de época.

De todas formas, mi primera visita al Solís resultó excelente.

Otras opiniones: Luis BaiettiOpera in the World -

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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