Don Carlo de Verdi en el Teatro Colón

Don Carlo de Verdi en el Teatro Colón

Ópera en cuatro actos (1867, rev. 1872/1886) – Música de Giuseppe Verdi – Libreto de Joseph Méry y Camille du Locle, basado en Don Carlos, infante de España de Friedrich Schiller, traducido al italiano por Achille de Lauzière y Angelo Zanardini. Nueva producción del Teatro Colón

Dirección Musical: Ira Levin – Dirección de Escena, Diseño de Escenografía y Vestuario: Eugenio Zanetti – Diseño de Iluminación: Eli Sirlin – Orquesta Estable del Teatro Colón – Coro Estable del Teatro Colón, Director: Miguel Martínez

Reparto: Don Carlos: José Bros – Elisabetta de Valois: Tamar Iveri  – Princesa Eboli: Béatrice Uria Monzon – Rodrigo: Fabián Veloz – Felipe II Rey de España: Alexander Vinogradov – El Gran Inquisidor: Alexei Tanovitski – El Fraile: Lucas Debevec Mayer – Tebaldo: Rocío Giordano – La voz del Cielo: Marisú Pavón – Conde Lerma: Iván Maier – El Heraldo Real: Darío Leoncini

Don Carlo de Verdi
Final espectacular del segundo acto

La ópera de madurez más elaborada de Verdi, escrita en francés y luego traducida al italiano, revisada y reducida dos veces, Don Carlo, es sin dudas uno de los mejores espectáculos que se pueden ver hoy en día. Lo digo en todo sentido. Y si se piensa en forma de espectáculo integral, quiero decir, con ambientación de época, mucho mejor. Aunque en esta puesta hubo cosas raras, como la mano enorme con el corazón (supuestamente de Carlos V) o ese huevo extraño. La idea del imperio de Felipe II que les debe haber encantado a los franceses es la de un imperio que se nutre de la sangre de sus enemigos, que está podrido, enfermo (qué imperio no fue así, pregunto yo) cuando en realidad fue muchas más cosas. Pero no nos metamos con la Historia, en esta obra hay un tema político muy claro (Flandes, el poder imperial, sombras de traición) un tema religioso (también político, lucha de poder entre el Imperio y la Iglesia) y un tema amoroso, como no podía ser de otra manera (Don Carlo, hijo de Felipe II enamorado de la esposa de su padre Isabel de Valois, que le había sido prometida primero a él). No se dio la versión francesa, larguísima, que hubiese sido difícil de afrontar para un público entre los cuales muchos tenemos que trabajar y hacer miles de actividades, y que vamos a veces ya cansados a ver ópera. Esta obra es larga, muy larga (3 hs. 20 min. netos), pero es tan hermosa y vibrante cuando está bien hecha que el tiempo pasa bastante rápido y de forma gratificante.

Don Carlo de Verdi
Alexander Vinogradov

La puesta en escena de Eugenio Zanetti fue interesante, aprovechó íntegramente el enorme espacio del escenario del teatro, en cierto momento hubo más de cien personas con sus hermosas vestimentas de época, con estandartes, armas, cada cual representando a su partido, imperio, inquisición, Flandes, asistentes de la reina, del rey, etc. Visualmente fue fantástica. Muy bueno el telón transparente con la proyección del cuadro El Jardín de las Delicias del Bosco, con figuras en movimiento. Extraña esa decisión de utilizar luces con gusanos en movimiento para representar la podredumbre del imperio, al menos no me convenció, así como tampoco las botas con ese motivo. Fue incongruente con la excelente decisión de dar a las luces y los colores fulgurantes el protagonismo, haciendo que la puesta sea brillante, al contrario de la mayoría, que con la oscuridad intentan darnos la misma sensación que estos gusanos proyectados. Es o una u otra cosa.

La Orquesta Estable dirigida por Ira Levin dio otra muestra de talento y personalidad. La música fue interpretada con el estilo del maestro, fuerte, audaz, pero con el talento de cada uno de los músicos, lo que hizo que fuera una delicia. Fuerte para los cantantes en algunos momentos, sí, pero todos lo superaron dando lo mejor de sí mismos, aunque en algunos casos fue bastante poco.

De lo más destacable fue el Coro Estable, que nos hizo sentir esa magia que siempre nos entrega, salvo que en este caso estaba Verdi con su maestría para componer pasajes corales fantásticos y los cantantes entregaron toda su experiencia y sus magníficas voces para lograr un resultado que raya la perfección.

Don Carlo de Verdi
Fabián Veloz

Finalmente llegamos a los cantantes. Empezamos por lo mejor, donde podemos decir que Fabián Veloz no sorprendió con un Rodrigo muy bien cantado, con buen gusto y profesionalidad. Sin embargo, esperaba más de él, a quien tuve la suerte de verlo en muchas obras (Rigoletto, Onieguin, Falstaff, Edipo, Simon Boccanegra, de las que recuerdo en este momento). Creo que el papel ameritaba mayor dramatismo, y hablo de la voz, no de la actuación.

Felipe II Rey de España fue muy bien actuado por Alexander Vinogradov, con una intensa gestualidad y movimientos de su cuerpo acordes a lo que se jugaba en cada diálogo o en cada solo. Su voz profunda e intensa cantó el papel casi a la perfección. Sin embargo un poco me decepcionó en el aria estrella de la noche: Ella giammai m’amò. Hace falta cantar con muchísimo sentimiento semejante aria, y lo noté un poco frío, especialmente al principio. Pero esto no invalida su excelente actuación.

José Bros fue un Don Carlo poco intenso, de pocos matices, de poco dramatismo. Su voz es extraordinaria, pero demasiado liviana y aguda para este papel. Es destacable, sin embargo, su enorme esfuerzo para hacer con dignidad un personaje que lo supera en el estricto sentido vocal. Eso siempre es loable, y en este caso José Bros dio todo vocalmente para hacer un papel que para él es extremadamente difícil. Y si uno siente que al cantar su Don Carlo, José Bros nos conmueve en alguno de los momentos en los que sufre, hay que aplaudirlo.

Elisabetta de Valois fue interpretada por una Tamar Iveri  de muy poco feliz actuación. Su voz fue la más castigada por el alto volumen de la orquesta, hubo momentos en los cuales se la escuchó poco o nada y eso para una soprano primera figura es inadmisible. Pero eso no fue lo peor, no tuvo presencia sobre el escenario, nunca se sintió la dignidad ni la tristeza en su voz o en su actuación, ni siquiera la furia cuando le es arrebatado su cofre y se lo informa al rey. Tuvo pasajes mejores, pero no alcanzaron para hacer una buena actuación en general.

Don Carlo de Verdi
Béatrice Uria Monzon

La Princesa Eboli de Béatrice Uria Monzon fue algo despareja. Comenzó un poco fría, sin demasiada gracia y con la voz algo apagada, sin cantar mal ni mucho menos, pero haciéndonos desear mucho más. Sin embargo poco a poco sus intervenciones fueron más emocionantes y terminó su actuación en gran forma, con una voz potente y un registro de mezzo excelente para su rol. Es muy destacable también su presencia sobre el escenario, imponente, y su seriedad absoluta en la interpretación del muy difícil rol. Cuando un artista da todo lo que tiene, hay que agradecerlo.

Alexei Tanovitski en el rol de El Gran Inquisidor fue lo peor de la noche. Con una voz desagradable, tosca, destemplada, apenas nos hizo ver una presencia aceptable, y una actuación que realizó con mucho esfuerzo. Incluso con su voz tan pobre logró hacerse escuchar, hacerse notar y con eso se anotó algún punto a su favor. Pero lamentablemente nunca debió ser contratado para este papel. No tiene la culpa el cantante, que dio lo mejor que tiene con mucho esfuerzo y eso se notó, sino los que lo contratan y piensan que realmente tiene algo para dar.

El Fraile de Lucas Debevec Mayer, un rol de pocas aunque importantes intervenciones en la trama, fue más que correcto, mostrando que está para papeles mayores, como su Felipe II del elenco nacional, que fue extraordinario. El resto del elenco cumplió muy bien cada uno con su actuación y canto, con mucha gracia Rocío Giordano interpretó a Tebaldo, con perfecta afinación y justeza Marisú Pavón fue la Voz del Cielo, voz clara y cristalina para el Conde de Lerma interpretado por Iván Maier y buena presencia y voz de Darío Leoncini que fue el Heraldo Real.

Sabemos que Don Carlo es una obra de la madurez artística de Verdi, que es una obra extraordinaria, difícil de interpretar, exigente y extensa. Sin embargo aún sigue manteniendo en general el esquema musical de las obras que Verdi ya había creado. Sigue siendo una obra de números. El dúo de Felipe II con el Gran Inquisidor me recuerda levemente al dúo entre Sparafucile y Rigoletto, el canto de la Princesa Eboli en la corte me remite al clima musical cortesano de Un Ballo in Maschera y a la música elegante de esa hermosa obra. Arias, dúos, tríos, cuartetos, se suceden para el lucimiento de los cantantes. Cada uno de ellos tiene el típico final de orquesta que promueve el aplauso. Son más extensos, más elaborados, más conectados entre ellos, la música no es tan pegadiza, aunque hay momentos que se “pegan” en nuestra mente, como el dúo de Don Carlo con su amigo Rodrigo, pero… siguen siendo números individuales. Bueno, el martes con los artistas argentinos abundaron los aplausos interminables como el del final, los Bravo, y las exclamaciones de exaltación y alegría por lo que ese vivía a cada momento. En la función internacional los aplausos fueron breves, a veces casi a desgano y muchas veces apenas por compromiso. Lean el comentario de El Apasionado a la función extraordinaria de Don Carlo y luego saquen ustedes sus propias conclusiones.

En suma, un espectáculo excepcional que con la afinación en ciertos contratos podría haber sido más que memorable. Igual lo fue, pero con algunas fallas que hicieron que no llegara a un nivel superlativo como el que pudo haber tenido. Que sirva como experiencia para el futuro.

Don Carlo de Verdi
Lucas Debevec Mayer
Don Carlo de Verdi
Tamar Iveri
Don Carlo de Verdi
Alexei Tanovitski
Don Carlo de Verdi
José Bros
Don Carlo de Verdi
Maestro Ira Levin
Don Carlo de Verdi
Eugenio Zanetti
Don Carlo de Verdi
La lucha continúa para que se reincorpore a Pastor Mora

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Don Carlo de Verdi
Don Carlo de Verdi en el Teatro Colón

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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