I Capuleti e I Montecchi, Buenos Aires Lírica

I Capuleti e I Montecchi, con música de Vincenzo Bellini y libreto de Felice Romani

Dirección musical: Jorge Parodi  – Puesta en escena y diseño de escenografía: Marcelo Perusso – Diseño de vestuario: Stella Maris Müller – Diseño de iluminación: Rubén Conde – Dirección de coro: Juan Casasbellas

Elenco – Giulietta: Rocío Giordano – Romeo: Cecilia Pastawski – Tebaldo: Santiago Ballerini – Capellio: Walter Schwarz – Lorenzo: Sebastián Angulegui.

 I Capuletti e i Montecchi
Cecilia Pastawski, Rocío Giordano, Santiago Ballerini y Walter Schwarz
 I Capuletti e i Montecchi
Cecilia Pastawski

La compañía de ópera Buenos Aires Lírica ha vuelto a montar una obra muy interesante con gran profesionalismo y dedicación. De todas formas, aunque lo ha logrado varias veces en los últimos años, no siempre el resultado puede ser brillante. Anoche en el estreno de I Capuleti e I Montecchi de Bellini hubo algunos momentos en los cuales la obra pareció zozobrar, siempre seguidos, eso sí, de otros momentos realmente excelentes. Creo que la misma obra conspira contra una buena puesta, porque es demasiado esquemática, fue escrita en muy pocos días y el propio autor tomó material de su ópera-fracaso Zaira para ésta. Por eso la amalgama de toda la obra es muy frágil, y se nota. Pero por lo menos Bellini se sintió muy satisfecho con el éxito de I Capuleti e I Montecchi, tanto que se comentaba que dijo que el fracaso de Zaira fue vengado por esta obra. Una ópera que no parece basarse en Shakespeare, sino en las historias escritas sobre las luchas entre familias de güelfos y gibelinos desde el siglo XVI en adelante.

Así las cosas entonces, el trabajo de la puesta de Marcelo Perusso, a pesar de ciertas lagunas parcialmente atendibles por lo que dije anteriormente, fue por momentos excelente, aunque esto también se ha debido a la brillantez propia de algunos de sus intérpretes. La escenografía no ayudó demasiado, sí fue cómoda e inteligente para hacer aparecer a los numerosos integrantes del magnífico coro de hombres que dirige hábilmente Juan Casasbellas, pero este libreto llevado a una época moderna y con paneles y plataformas negras y espejadas pareció algo muy raro, por lo que no sumó demasiado a la obra. Pienso que pudo, y debió, haber sido mucho más atractiva. Algunos detalles fueron desconcertantes, como las “estatuas móviles” que colocó alrededor del féretro de Giulietta y que no hicieron más que estorbar la vista de una situación que debió ser muy íntima y conmovedora.

 I Capuletti e i Montecchi
Rocío Giordano

Eso sí, la música fue brillantemente interpretada por la orquesta de 47 músicos excelentes, entre los cuales figuraron los eximios violinistas Oleg Pishenin y Serdar Geldymuradov. Brillante el director Jorge Parodi, que sin atender al escenario optó por sacar el mayor provecho de esta música maravillosa de Bellini tocando al máximo nivel de sonido posible, apoyado en un elenco de voces al que le sobra también volumen y talento. Un verdadero disfrute desde el comienzo con la hermosa obertura, y luego resaltando maravillosamente cada una de las partes, ya sean románticas o violentas de la obra, con mucha ductilidad y extremo buen gusto.

El elenco estuvo muy bien elegido, y aún con rendimientos dispares y con las lagunas o emparches que contiene la misma obra, que jugaron un poco en contra del resultado final, todos dieron lo mejor de sí mismos. El público, muy agradecido.

Santiago Ballerini dio vida a Tebaldo, el prometido de Giulietta, con un nivel actoral que excede todo comentario: siempre aplomado, con un dominio de su cuerpo y de sus gestos encomiable, fue un verdadero placer verlo actuar con un personaje entre enamorado y malvado, miembro de un grupo cruel y acostumbrado a la guerra permanente con sus vecinos. Pero lo que me sorprendió fue el nivel de canto que luce actualmente. Lo he visto en el Teatro Colón en Idomeneo de Mozart en el rol de Arbace, y ya en el Avenida haciendo el papel de Lord Ricardo Percy en Anna Bolena de Donizetti, como Romeo en Roméo et Juliette de Charles Gounod, y finalmente como Ernesto en Don Pasquale, del mismo autor. En cada uno de esos espectáculos cantó mejor que en el anterior, o sea que por ahora no tiene techo. Tanto el canto mozartiano como el belcantista le caen bien, y habrá que seguir muy de cerca a este tenor que ya alcanza nivel internacional. En esta obra demostró que además de sus potentes agudos comienza a disfrutar los medios y a hacerse notar por su ductilidad y buen gusto para el bel canto. I Capuletti e i Montecchi

Bellini reservó el rol de Romeo para una mezzo, y nadie mejor que Cecilia Pastawski para hacerlo realidad. Tuvo un excelente nivel de actuación, siempre dominó el escenario con este difícil rol, y ni siquiera cuando se le cayeron los anteojos en el primer acto mostró alguna zozobra. Su voz, además, está pasando por su mejor momento y se siente natural, perfectamente afinada y preparada para los mayores desafíos. A Cecilia la he visto muchas veces, en el Teatro Colón y en el Avenida, en obras tan disímiles como Fausto, Parsifal, El Ángel de Fuego, Rusalka, Werther, Don Giovanni, The Turn of the Screw. Siempre es un verdadero placer, y anoche no fue la excepción: cada vez que salió al escenario, éste se iluminó y lució con su brillante personalidad.

 I Capuletti e i Montecchi
Juan Casasbellas y Sebastián Angulegui

En lo que respecta a Rocío Giordano, puedo decir que me dio la impresión de haber salido algo nerviosa al escenario, y así se mantuvo durante gran parte de la obra. Su actuación si bien fue buena, quizás debió haber tenido más matices. Su rol de una Giulietta perturbada por los acontecimientos, su frustrada fuga con Romeo por propio convencimiento y su futuro casamiento con Tebaldo, su condición de débil y frágil, le exigían una actuación con al menos mayor convencimiento. En cuanto a su voz, es sencillamente maravillosa, fue una delicia escucharla. Tiene una amplitud vocal y llega a niveles de volumen extraordinarios, y además posee una ductilidad casi perfecta para el canto. El casi es porque a veces se entusiasma y canta a un volumen quizás mayor de lo exigido, y eso se nota. Cuando logre dominar el nivel de volumen de su voz y sea mejor dirigida en la actuación su carrera no conocerá límites.

 I Capuletti e i Montecchi
Maestro Jorge Parodi

A Walter Schwarz lo he visto en Oberto de Verdi, Anna Bolena de Donizetti y Roméo et Juliette de Gounod. Es un bajo que se destaca por la profundidad de su voz y siempre cumple muy bien con los papeles que le dan. En esta obra sorprendió además el volumen de su voz haciéndose escuchar por sobre sus compañeros y sobre una orquesta de gran sonido, por lo que puedo decir que cumplió con su rol. Su nivel actoral haciendo el papel del durísimo y estricto Capellio no pasó de correcto. Como en el caso de Rocío Giordano, quizás debió haber sido mejor dirigido. A veces un buen consejo hace la diferencia.

En lo que respecta a Sebastián Angulegui, puedo decir que su actuación ha sido del mismo nivel que la de Ballerini o la de Pastawski. El médico y componedor Lorenzo, hombre de buenos sentimientos viviendo entre gente violenta, fue una delicia en sus manos. Luego de verlo en el papel de Enrico Ashton en Lucia de Lammermoor hace ya cinco años, he visto a este excelente barítono solamente en pequeños papeles, por ejemplo en Roméo et Juliette de Gounod, pero mayormente como parte del extraordinario Coro Estable del Teatro Colón. La última vez, en la ópera Fidelio, dije que estaba para cosas mayores. Espero que éste sea un primer paso. Su nivel de canto y las amplitud de su voz han progresado tanto en estos últimos años como su nivel actoral, y ha sido una delicia escucharlo mientras actuaba tan suelto y natural un papel muy exigente.

Juan Casasbellas, que también es director de orquesta, y de los buenos, dirige al estupendo Coro de Buenos Aires Lírica. Lo hace muy bien, y ayer el coro, que fue el sexto protagonista de esta obra, se mostró participativo, entusiasta, vocalmente casi perfecto, con unos tenores que se destacaron toda la función. Pero por sobre todas las cosas mostraron movilidad y actitud. Un placer verlos y escucharlos.

Como se desprende de todo lo dicho anteriormente, ha sido una obra algo despareja en sí misma, y que ha posibilitado a todos los presentes momentos de gran disfrute y algunos de cierta zozobra. Sin embargo, siempre se agradece la actitud de una compañía como Buenos Aires Lírica, que nos posibilita asistir a obras que el teatro Colón casi nunca pone sobre el escenario, y por lo general su nivel es excelente. Esta vez se le puede poner, sin temor a equivocarme, 7 puntos sobre diez, pero por lo general nos regala un 9 o 10, como la última función, Fausto de Gounod, que fue maravillosa. Pronto vendrá Ernani, hermosa obra de Verdi, y allí veremos cómo sigue esta historia.

Marcelo Perusso
Marcelo Perusso
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Cecilia Pastawski y Rocío Giordano
 I Capuletti e i Montecchi
Sebastián Angulegui

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

One Response to “I Capuleti e I Montecchi, Buenos Aires Lírica”

  1. Silvina & Harry, Responder

    Estimado Rolando, una vez más estamos en sintonía con tus comentarios.
    Nos deleitamos otra vez en el marco del Avenida, viendo una obra que hasta aquí no conocíamos. Algunos aspectos no fueron por completo satisfactorios, pero en general, disfrutamos la velada.
    La orquesta y el coro, en el 1° acto sobre todo, nos maravillaron. Un deleite escuchar cada una de las melodías. Pastawski nos encanta y como vos decis, Rolando, se consolida cada vez más en los roles que le toca jugar. Inclusive pudo con su actuación, superar el “desconcierto” que nos genera esta obra, en la cual el rol de Romeo lo representa una mujer, enfrentándose a la más clásica historia de amor entre un hombre y una mujer.
    El despliegue de Ballerini por el escenario, en particular la escena en la que se enteran junto con Romeo de la muerte de Giulietta, fue excelente.
    Rocío, interpretando a Giulietta nos gustó muchísimo. Tal vez alguna situación no del todo satisfactoria de la 1° representación la pudo resolver en la última, a la cual nosotros asistimos. Transmitió desde principio a fin esa delicadeza y fragilidad que nos imaginábamos en la protagonista.
    Lo que no nos gustó, decididamente fue la escenografía. Los bloques esos tan oscuros, mínimamente retocados para cada acto, la cortina plástica gigante que “decoraba” el cuarto de Giulietta, en fin… mejorable 100%. Tampoco nos satisfizo mucho el vestuario… la ropa que utilizaba Romeo en particular.
    Ajeno a la obra, pero en el marco del espectáculo esa noche hizo muchísimo frío dentro de la sala. Posiblemente tenga que ver con ajustes de presupuesto, pero eso conspiró contra la posibilidad de concentrarse en la obra. Asimismo, hubo mucho bullicio en la sala, algo que nunca antes había ocurrido. En fin, son detalles que impiden poner toda la atención en lo que sucede en escena.
    En síntesis, pensamos que se podrían mejorar algunos detalles, pero podemos felicitar a los Balíricos por los intentos que hacen de brindarnos espectáculos de calidad!

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