Calígula en el Teatro Colón. Abril 2014

Ficha:

Música de Detlev Ganert, libreto de Hans-Ulrich Treichel, basado en la pieza teatral homónima de Albert Camus.

Función del viernes 4 de Abril de 2014. Teatro Colón

Director: Ira Levin

Escena: Benedict Andrews. Escenografía: Ralph Myers. Vestuario: Alice Babidge. Iluminación: Jon Clark. Asistente de escena: Sophie Motley

Director del Coro Estable: Miguel Martínez

Reparto:

Calígula: Peter Coleman Wright

Cesonia: Yvonne Howard

Helicón: Damián Ramírez, que  reemplazó a último momento a Martin Wolfel

Quereas: Héctor Guedes

Escipión: Jurguita Adamonyté

Mucio: Fernando Chalabe

Mereia/Lépido: Víctor Torres

Livia: Marisú Pavón

Drusila (personaje mudo): Lara Tressens

Poetas (solistas del Coro): Cristian de Marco, Nazareth Aufe, Cristian Maldonado, Marcelo Monzani

Calígula en el Colón
Saludos al final de Calígula

Argumento: Calígula es un emperador sensible y amable, pero al morir Drusila, su hermana y amante, se encuentra destrozado y perdido y con su mundo interior arrasado. Su pensamiento, entonces, deriva hacia la locura, sosteniendo que “los hombres mueren, y no son felices”. Siente un desprecio absoluto por todo lo exterior y comienza a ejercer un reinado del terror, asesina y viola sistemáticamente y por cualquier, o por ningún motivo. Calígula muestra una pasión irrefrenable por la perversión, sus argumentos siempre son regidos por la lógica, y todos terminan siendo culpables. Rechaza toda muestra de sumisión o de amor. Al mismo tiempo, sabe que su desprecio y su perversidad le darán suficientes motivos a quienes lo rodean para asesinarlo. Quizás busque eso, que lo maten, y así terminar por fin con su sufrimiento. Puede decirse que ésta es la historia de un cruel suicidio. Calígula se da cuenta de que no puede ser libre, de que no puede dejar de sufrir, y busca que lo maten. Al final lo consigue.

El Director: Ira Levin
El Director: Ira Levin

Sobre la función: El libreto de Hans-Ulrich Treichel sobre la obra de teatro Calígula, de Camus es brillante. Quizás porque la obra de Camus es un lúcido estudio sobre lo absurdo de la existencia ante la muerte, Treichel logra plasmar en el libreto todas las sensaciones que el dolor de Calígula provoca. Eso hace que esta obra sea eminentemente teatral, para lo

cual hay que tener, además de muy buenos cantantes, excelentes actores. Y en esta función los hubo y en cantidad.

 

Calígula
Peter Coleman-Wright es Calígula

Peter Coleman-Wright es un barítono con voz muy melodiosa, de mediana potencia, y un gran actor. Con su aspecto físico, mezcla de Ray Liotta y Antonio Gasalla, domina la obra por completo, está omnipresente desde el doloroso comienzo con la muerte de Drusila comienzo hasta su trágico final, cuando muere linchado por la gente. Calígula se muestra dolido, angustiado, pero no pierde su extrema lucidez. Juega con sus ministros y sus allegados ayudado por un fiel Helicón y por Cesonia, que lo ama incondicionalmente. Coleman-Wright es un actor expresivo e inteligente y jerarquizó la obra. Si quedó a veces tapado por la orquesta se debió al extremo volumen en algunas partes de la partitura, especialmente en aquellas donde la crueldad de Calígula era llevada al máximo.

Yvonne Howard como Cesonia
Yvonne Howard es Cesonia

Cesonia es interpretada magníficamente por Yvonne Howard, que tiene una voz bella y expresiva. Cesonia ama a Calígula, hace todo lo que le pide sin preguntar, y ya cerca del linchamiento final se deja asesinar suavemente por el desquiciado gobernante, que repite una y otra vez que ella es culpable.

El esclavo de Calígula, Helicón, a quién su amo le pide que le traiga la luna, fue interpretado por Damián Ramírez, cantante que ya estuvo en el Teatro Colón en 2012 componiendo

un sólido Eustacio en la ópera de Handel, Rinaldo. Ramírez, que posee una hermosa voz de contratenor, interpretó al esclavo con una solvencia y capacidad notables. Sus gestos, que demostraron desde la absoluta admiración hasta el temor más insano, su capacidad de utilizar el cuerpo de forma expresiva, lo hicieron uno de los mejores de la jornada.

Damián Ramírez como Helicón
Damián Ramírez como Helicón

Héctor Guedes interpretó a Quereas, el líder de la confabulación en contra de Calígula. Fue muy solvente con su voz y su actuación estuvo a la altura de la obra.

Fernando Chalabe, a quien ya vimos en papeles menores pero importantes en Otello en 2013 y La Forza del Destino en 2012 en el Colón, mostró nuevamente que es un tenor afinado y un buen actor.

Nuestro conocido Víctor Torres, a quien tuve el placer de ver y escuchar en el Colón en oportunidad de Rinaldo en 2012, Réquiem de Guerra de Britten y Bebe Dom de Peruso en 2013, mostró su notable voz de barítono y su solvencia actoral interpretando el doble papel de Mereia y Lépido.

Jurguita Adamonyté como Escipión
Jurguita Adamonyté es Escipión

Por último Marisú Pavón, a quien he visto en dos papeles mozartianos, la Constance del Rapto en el Serrallo y la sirvientita de Cossi Fan Tutte, interpretó a Livia con solvencia y con su interesante voz de soprano.

Los integrantes del coro que actuaron como los poetas, Cristian de Marco, Nazareth Aufe, Cristian Maldonado, Marcelo Monzani, estuvieron muy bien, casi tragicómicos,  en su pequeño torneo de vida o muerte ante el emperador.

El coro estable, dirigido por Miguel Martínez se mostró muy ajustado y afinado, sonando de forma estridente o suave según los requerimientos del momento.

Héctor Guedes como Quereas
Héctor Guedes como Quereas

Sugestiva la puesta de Benedict Andrews, y la escenografía de Ralph Myers, que nos mostró una especie de estadio con butacas, parantes y la típica entrada/salida de público, muy práctica. Pero noté que a los cantantes les costaba bastante subir y bajar constantemente las gradas, lo cual debe haber sido un considerable inconveniente para lograr la compenetración con los personajes. Además, lució desaprovechado todo el enorme espacio del escenario del teatro. La sensación era la de estar en un ambiente más pequeño y limitado, especialmente en la profundidad no utilizada. El vestuario de Alice Babidge me gustó, y fue muy variable según los estados de ánimo de Calígula y la escena del momento. La creativa iluminación de Jon Clark, que optó por ser en general bastante amplia y evitó climas morbosos de oscuridad, ayudó a que el clima no fuera tan áspero y enloquecedor.

La música de Detlev Glanert fue, como estamos acostumbrados en las producciones modernas, una especie de acompañamiento a los sentimientos que surgían en la obra. No deja de ser meritorio, en los momentos de suavidad del personaje, donde se muestra humano y confiesa su dolor, su angustia y lo absurdo que encuentra a la vida, la música es suave, puede llegar a ser casi melodiosa, o al menos armoniosa. Por otra parte, cuando las acciones de Calígula llegan al paroxismo, la música también, especialmente en la percusión, logra climas muy fuertes. Detlev Glanert consigue con su partitura hacernos sentir e integrar cada parte de la obra, realza la misma y esto hace que el conjunto se luzca aún más. Sin embargo, me pregunto si es esa la única función que la música debe tener en una ópera. Los compositores modernos se olvidaron casi totalmente de la melodía, no utilizan a la orquesta en su totalidad o la utilizan como acompañamiento y yo creo que no debe ser así. Si no se ve la obra, si se escucha solamente la música, el valor de ésta disminuye hasta el mínimo. La música no puede ser separada de la acción teatral y por eso creo que debe replantearse su situación en la ópera moderna. Ojalá una nueva generación de músicos entienda esto y se ponga a trabajar en melodías que están en el aire esperando ser encontradas por algún músico talentoso y traducidas en una bella partitura para las futuras óperas del siglo XXI.

Dentro del contexto que mencioné, la dirección de Ira Levin fue, como siempre extraordinaria. No me sorprende, ya lo he visto y escuchado en Lohengrin de Wagner, Un Ballo in Maschera de Verdi, La Mujer sin Sombra de Richard Strauss (quizás su mejor trabajo al frente de la Estable), en las obras Aleko y Francesca da Rímini  de Rachmáninov y en Edipo de Enescu, donde siempre se destacó por su sutil manejo de la batuta, obteniendo lo mejor de la orquesta.

En definitiva, Calígula es una obra que vale la pena ver, en todo sentido, se puede sufrir o disfrutar, como todas las óperas dramáticas, y seguramente va a quedar en el recuerdo de quienes la vieron.

 Otros comentarios en la web, para comparar la manera tan distinta en que todos vemos las cosas:

Telam – Página 12 – Blog del Coro Estable – Martin Wullich – Seen & Heard – Asoc Criticos Musicales de la Arg – La Nación –

Reportaje a Detlev Glanert

Víctor Torres como Mereia/Lépido:
Víctor Torres como Mereia/Lépido:
Fernando Chalabe como Mucio
Fernando Chalabe como Mucio
Marisú Pavón como Livia
Marisú Pavón como Livia
Cristian de Marco, Nazareth Aufe, Cristian Maldonado, Marcelo Monzani
Cristian de Marco, Nazareth Aufe, Cristian Maldonado, Marcelo Monzani
Miguel Martínez y el Coro Estable del Colón
Miguel Martínez y el Coro Estable del Colón

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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