Esplendor Veneciano, La Bella Música

Esplendor Veneciano, Fusión de artes. Teatro Avenida.

Evento auspiciado por el Instituto Italiano de Cultura y por Arpeggio.

Dirección de la Mtra. Patricia Pouchulu – Orquesta de Cuerdas de La Bella Música – Régie: Lizzie Waisse  –  Vestuario: Sergio Pelacani – Coreografía: Margarita Fernández – Diseño de luces: Luis Pereiro & Alfredo Morelli & Fausto Nutkiewicz Bosch (láser)

Cantantes: Soledad de la Rosa (soprano), Mariana Rewerski (mezzosoprano), Damián Ramírez (contratenor), Carlos Ullán (tenor), Pablo Pollitzer (tenor), Víctor Torres (barítono),

Solistas: Pablo Saraví (violín), Rubén Albornoz (oboe), Gabriel La Rocca (fagot), Fernando Ciancio (trompeta), Jorge Pérez Tedesco, Carlos Nozzi (violoncellos), Dolores Costoyas (tiorba), Hernán Cuadrado (viola da gamba), Miguel de Olaso (archilaúd) y  Giorgio Revelli (clave)

Bailarines: Pamela Giana Atrio y Nicolás Miranda

Esplendor Veneciano.  Víctor Torres y Mariana Rewerski, espléndidos.
Esplendor Veneciano. Víctor Torres y Mariana Rewerski, espléndidos.

Fue un maravilloso espectáculo. Hay que agradecer a todos los que participaron, a la Maestra Pouchulu, a los músicos, a los cantantes. Fue fantástica la iluminación, hermosa la coreografía, perfecta la régie. Un espectáculo inolvidable. Y la música, en su gran mayoría piezas del periodo barroco, canciones o partes de conciertos o de óperas de autores como Vivaldi, Handel, Monteverdi, Gabrielli, con el agregado de la bella Barcarolle de Offenbach, y, al comienzo la ejecución de la archiconocida canzonetta O sole mio.

Hace mucho tiempo que no salgo de un concierto con el corazón hinchado de felicidad. Ciertamente tengo que aclarar que amo a la música barroca, una música que a mi modesto entender tiene a los más profundos sentimientos del ser humano como centro y objeto. El amor incondicional es uno de los motivos más frecuentes, pero también tienen amplia cabida el tormento, el lamento, la traición, la venganza.

Esplendor Veneciano. Maestra Patricia Pouchulu
Esplendor Veneciano. Maestra Patricia Pouchulu

Realmente fue una idea fantástica que merecería hacerse en tres o cuatro funciones. Es seguro que en todas las posibles funciones la gente poblaría el Avenida como en esta única función, a tope. La idea de una orquesta tocando vestida de gala, seria, circunspecta, con los cantantes o los solistas apareciendo uno tras otro al frente para interpretar su parte, fue dejada de lado completamente. Hubo gran show de iluminación, con láser incluido, humo, una fulgurante vestimenta de época que incluyó las típicas máscaras venecianas, mucho profesionalismo, grandes interpretaciones, mucho humor, pero también concentración, y una actitud de profundo respeto por el espectador. Belleza, profesionalismo y show se tomaron de la mano para producir un espectáculo, como dije al principio, maravilloso.

La orquesta barroca fue conformada por cuatro primeros violines, cuatro segundos violines, tres violas, tres cellos y un contrabajo. Quince fantásticos músicos, todos excelentes, que incluyeron a la concertino, Grace Medina, al violinista Serdar Geldymuradov, Claudio Medina en viola, Gloria Pankaeva en cello y el contrabajo de Oscar Carnero. La dirección de la Maestra Pouchulu fue perfectamente medida, dando el toque de sentimiento exacto que cada pieza requiere, que cada autor enfatiza en sus partituras. Los solistas han estado magníficos, Pablo Saraví en violín, Rubén Albornoz en oboe, Gabriel La Rocca en fagot, Fernando Ciancio en trompeta, Jorge Pérez Tedesco y Carlos Nozzi con sus violoncellos, el pequeño pero extraordinario conjunto formado por Dolores Costoyas en tiorba, Hernán Cuadrado en viola da gamba y Miguel de Olaso con su archilaúd, completando el clavecinista italiano Giorgio Revelli.

Esplendor Veneciano. La orquesta a pleno con Pablo Saraví en violín
Esplendor Veneciano. La orquesta a pleno con Pablo Saraví en violín

Abrió la primera parte cantando magníficamente O Sole Mio el tenor Carlos Ullán, a quien tuve el gusto de ver tres veces en estos últimos años en el oratorio Samson de Handel en el Teatro Colón, luego como Don Ottavio en Don Giovanni y finalmente como Quint en The Turn of the Screw, donde exhibió grandes cualidades dramáticas de canto y actuación. Luego sonó Vivaldi con el Concierto para oboe y fagot, cuerdas y continuo en sol mayor,  dando lucimiento al fagot de Gabriel La Rocca y al oboe de Rubén Albornoz, siendo también la presentación de Pamela Giana Atrio y Nicolás Miranda, que se lucieron con su baile. Toca el turno de Si dolce e’l tormento de Monteverdi para lucimiento del tenor Pablo Pollitzer. En ese momento comenzaron a mostrar todo su talento el conjunto de Miguel de Olaso, Dolores Costoyas, Hernán Cuadrado y Giorgio Revelli. Luego siguiendo con el gran autor del siglo XVII se unieron a la fiesta con el Lamento della ninfa la fantástica mezzo Mariana Rewerski, Carlos Ullán y Víctor Torres. Acto seguido volvieron los bailarines y  la orquesta la Sonata para trompeta, cuerdas y bajo continuo de Doménico Gabrielli, luciéndose Fernando Ciancio con su bella trompeta. A continuación el contratenor Damián Ramírez, que tiene una voz privilegiada y a quien pude disfrutar cantando Rinaldo y Calígula en el Colón, cantó Lascia Ch’io pianga, del Rinaldo de Handel, y fue algo maravilloso. Terminando la primera parte del espectáculo tocaron La Stravaganza Nº 2 de Vivaldi, donde se lució por vez primera en la noche el excelente violinista Pablo Saraví.

Esplendor Veneciano.
Esplendor Veneciano.

La segunda parte avanzó mucho en el tiempo con la bellísima Barcarolle de Offenbach, magníficamente cantada por Damián Ramírez y Mariana Rewerski. Luego volvieron al barroco con Vivaldi, tocando el Concierto para dos violoncellos, cuerdas y cembalo en sol menor. Se lucieron los cellistas Carlos Nozzi y Jorge Pérez Tedesco. Luego, siguiendo con Vivaldi, se unió la magnífica (no tengo más palabras para describirla) Soledad de la Rosa, cantando Amatae, face et anguibus, de Juditha Triumphans. Se fue ovacionada y a pesar de los varios minutos de aplausos que se sucedieron, no volvió a entrar, respetando lo acordado en el espectáculo. Entonces la orquesta comenzó a tocar el Concierto para oboe, cuerdas y continuo en re menor, de Alessandro Marcello, especial para el lucimiento de Rubén Albornoz en oboe, mientras Pamela Giana Atrio y Nicolás Miranda danzaban al ritmo de la música. Es el momento de la vuelta del gran Monteverdi con Pur ti miro, pur ti godo, de L’Incoronazione de Poppea. Fue uno de los momentos más bellos con la genial interpretación de Víctor Torres y Mariana Rewerski y la vuelta al escenario del conjunto formado por Dolores Costoyas en tiorba, Hernán Cuadrado en viola da gamba y Miguel de Olaso con su archilaúd, así como también se lució el clavecinista italiano Giorgio Revelli. Antonio Vivaldi vibró luego con El Invierno, concierto para violín, cuerdas y continuo Nº 4 en fa menor. El lucimiento de Pablo Saraví con su violín hizo de este momento algo mágico.

En suma, fue una magnífica noche casi exclusiva de la música barroca, que es una música maravillosa que desnuda el alma del hombre y que la gente, el público en general debe descubrir. Los motivos son muchos, porque puede ser introspectiva o alegre, temperamental o suave, puede adquirir muchas formas, y todas, todas, son de una dimensión humana excepcional. Sólo para el disfrute. Nuevamente, gracias a todos los que hicieron posible este, el mejor concierto del año 2015, sin ninguna duda.

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Esplendor Veneciano. Maestra Patricia Pouchulu
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Esplendor Veneciano. Giorgio Revelli
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Esplendor Veneciano. Solista: Pablo Saraví
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Esplendor Veneciano. Víctor Torres y Mariana Rewerski cantando Pur ti miro, pur ti godo, sin dudas el mejor momento del concierto.
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Esplendor Veneciano. Hernán Cuadrado (viola da gamba), Miguel de Olaso (archilaúd), Dolores Costoyas (tiorba)
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Esplendor Veneciano. Rubén Albornoz con su fagot
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Esplendor Veneciano. Magnífica y temperamental Soledad de la Rosa
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Esplendor Veneciano. Los cellos, con Gloria Pankaeva, Cha Xu y Ana Faingerch. Atrás en contrabajo Oscar Carnero
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Esplendor Veneciano. Damián Ramírez y Mariana Rewerski, magníficos
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Esplendor Veneciano. El talentosísimo Pablo Saraví
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Esplendor Veneciano. Damián Ramírez cantando el Lascia ch’io pianga
Esplendor Veneciano.
Esplendor Veneciano. Mariana Rewerski

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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