Sucesores de Justiniano: Tiberio I (574-582)

Justino II y Tiberio I (574-578)

Tiberio comenzó por pactar una tregua en la guerra con Persia, con el objetivo de reclutar soldados, especialmente entre los pueblos bárbaros que aportaban buenos mercenarios. Como consecuencia, al proseguir las acciones el general Justiniano consiguió evitar que Crosroes tomara Teodosiópolis, a la que atacó rompiendo la tregua en 575. Pocos días después, cerca de Melitene, Justiniano enfrentó a los persas, que huyeron hacia el Eufrates. Este general dio a Bizancio una extraordinaria victoria sobre un ejército que huía despavorido, atravesando el gran río en desorden y sumergidos en el caos. Pero, una vez ocupada la Persarmenia, tuvo que luchar contra la indisciplina de sus soldados bárbaros, y sufrió varios contratiempos que, si bien eran menores, lo obligaron a solicitar al emperador que pactara otra tregua. Tiberio le hizo caso, y comenzó las negociaciones en 576.

Su política religiosa fue de pacificación, y la sobrellevó sin dictar edictos de unión que sólo servían para poner nerviosos a los disidentes. Incluso hizo volver al desterrado Eutiquio en 574, a quien colocó en el trono patriarcal que le había sido arrebatado doce años antes.

Su política financiera fue mucho más liberal que la de su antecesor. Fue un hombre muy generoso con el dinero del erario público, y eso le dio fama de buen emperador, generoso y magnánimo. Sin embargo, muchas veces ese dinero hubiera sido más necesario para comprar la paz o para enviar una nueva leva de hombres a alguno de los tantos frentes de batalla abiertos durante estos breves pero intensos años de guerra.

En 575 los emperadores enviaron un ejército a combatir con los lombardos en Italia, comandado por Baduario, yerno de Justino II. Pero las fuerzas imperiales fueron derrotadas y los lombardos comenzaron su avance hacia el sur de la península. En 578 ocuparon Classe, el puerto de Rávena, pero no pudieron entrar a la ciudad, que se defendió con fuerza y habilidad. Un año después bajaron hasta Roma y comenzaron el ataque a la antigua capital del imperio romano. Italia volvía a estar en llamas.

Tiberio I (578-582)

Mientras los lombardos penetraban en Italia conquistando varias ciudades y atacando Rávena y Roma, Tiberio, ahora emperador único a la muerte de Justino en octubre de 578, soportaba el ataque de los eslavos en Tracia y Grecia, que se prolongaría hasta 581, devastando toda la zona. El emperador, que al ser coronado se había hecho llamar Tiberio Constantino, no tenía un ejército disponible, ya que casi todos los efectivos estaban luchando en Persia. Entonces decidió pactar con los ávaros para que controlasen a los eslavos. Pero aquéllos no tenían intención de favorecer al imperio. Se apoderaron de Sirmium, la última ciudad que necesitaban dominar para tener toda Panonia, y exigieron un mayor tributo de Bizancio.

Volviendo a oriente, sería nuevamente Crosroes quien rompería la paz en 578, invadiendo Armenia. Esta vez el persa encontraría al general Mauricio al frente de las tropas bizantinas. Mauricio había sido nombrado por Tiberio, que le dio la confianza de la que no gozaba su antecesor Justiniano. Se encargó durante la tregua de reclutar soldados en Asia Menor y en Siria, derrotó a los persas y ocupó parte de su territorio septentrional. En 579 murió Crosroes y el trono del rey de reyes fue ocupado por Hormisdas IV, que quería continuar la guerra con Bizancio. Mauricio estaba también decidido a una guerra total, y envió a su ejército sobre el enemigo hasta derrotarlo completamente, y solamente por los problemas que le causaba su aliado, el árabe gassánida Mundar, no pudo llegar hasta la capital Ctesifonte en 580. En ese momento Bizancio estuvo a punto de conquistar al reino de los sasánidas, algo que hubiese cambiado la historia de forma terminante. Pero no pudo, y el estupendo general se tuvo que contentar con volver al territorio bizantino y lograr otra brillante victoria en 581 en Constantina, liberando a posteriori a la ciudad de Edesa.

Tiberio casó a Mauricio con una de sus hijas, y luego lo hizo césar. La víspera de su muerte, el 13 de agosto de 582, lo convirtió en Augusto, y así el mejor general del imperio se transformó en el nuevo emperador sin que nadie tuviera derecho a discutir su coronación. Aunque los rumores de un envenenamiento de Tiberio con un plato de frutas frescas corrieron con insistencia en Constantinopla, nadie pudo probarlo.

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Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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