Justiniano (527-565) Primera parte

Justiniano nació en 482, y fue adoptado de joven como hijo por su tío Justino. Fue preparado por éste con los mejores maestros, los que le dieron la más amplia cultura y los más variados conocimientos desde pequeño. Estaba fascinado por el mundo romano, por los césares de antaño, por Julio César y por el gran Augusto. Tanto que lo primero que quiso hacer fue imponer el orden en el estado mediante las leyes romanas. Era un hombre de gran voluntad, que decidía todo por sí mismo, que apenas dormía, preocupado por los problemas que afectaban al imperio. Aunque había sido oficial del ejército, apenas salía de palacio, ordenando la vida bizantina desde ese, su lugar. Por lo tanto fue un emperador sedentario, que debía confiar en otras personas para que hagan cumplir sus deseos fuera de la capital. Por eso era receloso, y muchas veces sus más fieles servidores terminaron pagando caro por los insidiosos rumores que corrían en la corte.

Comenzó su gobierno con una fuerza extraordinaria, creando una comisión para ordenar el derecho romano, cosa que se logró el 7 de abril de 529, con la promulgación del Código. En 534 se publicó una segunda edición, la que perduró para la historia. El 21 de noviembre de 533 se publicaron las Institutas y el 15 de diciembre de 533 el Digesto.  Este monumento sería de una influencia colosal para el futuro del derecho de todos los pueblos occidentales. El jurista Triboniano tuvo el orgullo de dirigir la tarea junto con un excelente grupo de colegas.

Por otra parte, en la misma época, el prefecto del pretorio Juan de Capadocia cometió numerosas injusticias tratando con dureza a gran cantidad de ciudadanos. Esto, junto a la insólita unión entre las facciones del circo, azules y verdes, condujo a una situación límite que explotó en enero de 532. La llamada sedición de Nika estalló el 11 de enero y se extendió hasta el día 18. Fueron incendiados numerosos edificios, entre ellos el palacio del prefecto, Santa Sofía, el Gran Palacio y todos los barrios adyacentes. Hipatión, sobrino de Anastasio, fue proclamado emperador por el partido verde. Justiniano quiso huir, desesperado, pero Teodora le dio aliento y ambos encararon la tarea de reprimir al pueblo. Al mando de las tropas leales estaban Belisario y Narsés, dos de los mejores generales bizantinos. Aplastaron a los sediciosos en el Hipódromo, matando cerca de treinta mil personas, en lo que fue un episodio lamentable y horroroso.

Luego de Nika, Justiniano aprovechó, cual nuevo Nerón en una Nueva Roma, para reedificar esa parte de la Ciudad de la manera más grandiosa posible. Apenas al mes de terminada la insurrección fue emprendida la construcción de la nueva iglesia de Santa Sofía, bajo las órdenes de los arquitectos Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles. El 26 de diciembre de 537, la gran iglesia, el mayor amor de los bizantinos y orgullo del imperio, era consagrada por el patriarca Menas. Durante nueve siglos Santa Sofía sería testigo privilegiado de los hechos más importantes de la historia bizantina.

Su política religiosa reveló su celo ortodoxo a ultranza. En 528 promulgó una ley que obligaba a bautizarse a los paganos, mientras que al año siguiente clausuró la escuela de Atenas, lo que provocó que muchos paganos y maestros de filosofía emigraran a Persia. Ningún hereje podía cumplir funciones en el estado. Por suerte no incluyó entre estos a los monofisitas, que siempre fueron defendidos por Teodora. Para finalizar con los paganos, en 535 Justiniano clausuró el templo de Isis de la isla de File, que era utilizado por los nubios.

Bizancio estaba en guerra con Persia desde 527, cuando se produjeron enfrentamientos por causa de los pueblos del Cáucaso. Belisario dirigió a los bizantinos y logró mantener a salvo a Dara en 530, mientras que al año siguiente triunfó sobre el ejército del rey de reyes en Callinicum. Justiniano aprovechó una propuesta del nuevo rey persa, Crossroes, y aceptó la paz perpetua en 532. Hizo también alianza con los príncipes del Cáucaso, con Etiopía y con los árabes gasánidas, a los que estableció en Bostra.

Una vez que se constituyó la paz en oriente, la paz interior, el orden religioso y el derecho, Justiniano comprendió que su deseo de reconquistar el mundo romano en su totalidad se había transformado en algo posible. Después de todo, estos éxitos los había logrado en solamente seis años, y ahora tenía mucho tiempo y dinero para gastar en su proyecto de restauración. Todo era favorable a esta idea: Los vándalos del África estaban comandados por Gelimer, un usurpador arriano. En Italia, Amalasunta era confinada por Teodato en una isla y luego era estrangulada. Justiniano exigió satisfacciones a Gelimer por haber desplazado a un rey amigo del imperio y se constituyó en el vengador de Amalasunta. Eran solamente excusas, y gracias a ellas la guerra en occidente acababa de estallar. En julio de 533 Belisario salió con un ejército de quince mil hombres y noventa y dos barcos. En setiembre desembarcó cerca de Cartago y derrotó a Gelimer en Decimum. Luego entró en Cartago, siendo aclamado por los pobladores. Derrotó luego de nuevo a Gelimer y lo capturó en Hipona, en marzo de 534. Justiniano se apresuró a crear la administración de la prefectura de África, el 13 de abril de ese mismo año, dividiéndola en siete provincias. Belisario viajó a Sicilia, pero Solomón, su sucesor en África, tuvo que enfrentar una violenta sublevación de los bereberes. Belisario debió volver en 536, para reprimir una insurrección de los arrianos de Cartago. Solomón fue nombrado prefecto del pretorio, y solamente logró pacificar el África en 539. Tuvo que hacer, entre otras cosas, innumerables fortificaciones en la frontera sur para hacer frente a las incursiones de los bereberes.

La campaña en Italia fue aún más complicada. Por un lado, el general Mundo atacó la Dalmacia, apoderándose de Salona. Por otro lado, Belisario desembarcó en Sicilia, llegando a expulsar de la isla a los ostrogodos, en 535. Mientras todo esto sucedía, Justiniano y Teodato negociaban una paz, que éste último se negó a dar al instante de entrar en conocimiento de la reconquista de Salona por sus tropas, haciéndose fuerte en Nápoles. En los meses finales de 536, Belisario pasó de Sicilia a la península, llevando a su ejército hacia el norte, y tomando Nápoles luego de tres semanas de asedio. Teodato huyó más hacia el norte, llegando a Roma, para ser asesinado por los suyos. Vitiges tomó entonces el poder. Belisario siguió los pasos de Teodato hasta Roma, entrando en la antigua ciudad el 10 de diciembre. Pero una vez dentro de Roma fue sitiado por Vitiges y sus fuerzas. El sitio duró más un año, terminando en marzo de 538, cuando la hambruna estaba matando a los ostrogodos. Vitiges se fue hacia el norte, llegando hasta Rávena. La campaña se hizo dura y se complicó por la rivalidad entre Belisario y Narsés, que había acudido a Italia con refuerzos. En mayo de 540 entró Belisario en Rávena, y capturó a Vitiges, llevándolo hasta Constantinopla. En ese momento el emperador cometió un grave error. Apresurado, como en el caso de África, constituyó una prefectura del pretorio en Italia y retiró gran cantidad de tropas de ese territorio.

La situación del imperio prometía aún muchas nuevas hazañas. El prestigio estaba en su máximo esplendor. Se había logrado cierta estabilidad religiosa, con los normales choques con los monofisitas e injerencia del papado, como siempre. Pero Teodora defendía a los monofisitas, siendo muy querida en las provincias de Siria y Egipto. Sin embargo, los recursos del estado estaban agotados. El dinero había sido gastado casi en su totalidad. El ejército había tenido numerosas bajas, especialmente en la campaña reciente del norte de Italia. Los principales generales estaban enfrentados en una guerra de vanidades.

Este texto forma parte del libro de mi autoría, Historia Breve de Bizancio editado por Sílex Ediciones de España

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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