Heraclio, artífice de una nueva era

Heraclio, un gran emperador

Este es un extracto de “Historia Breve de Bizancio” editado por Editorial Sílex, de España. También se puede adquirir el E-Book en Amazon, aquí

De origen armenio, tenía treinta y seis años al llegar al poder, y era dueño de un físico imponente y una cabellera larga y dorada que le daba aspecto de extranjero. Fue proclamado emperador en el momento más difícil del Imperio, cuando la situación en todos sus frentes era por lo menos desesperada. En un principio su legitimidad estaba dada únicamente por el hecho de haber derrotado a un usurpador. No había noticias de ningún otro aspirante al trono y sin dudas el pueblo no iba a apoyar al supuesto Teodosio, el hijo de Mauricio, luego de las masacres que los persas estaban haciendo en oriente.  La situación de un pueblo desmoralizado actuó, además, como atenuante para ayudarlo a aceptar a un extraño como emperador. Por eso Heraclio pudo ser aceptado como legítimo sin demasiadas presiones, y formó una dinastía. Estaba casado con Eudoxia, con la que tuvo un hijo, pero ésta murió en 612, y en 614 se casó con Martina, con la que tuvo nueve. Pero su nueva mujer era su sobrina, y el pueblo y la iglesia desaprobaron este matrimonio que para ellos era casi incestuoso. Para formar su dinastía Heraclio asoció a sus dos hijos mayores al trono apenas nacieron, y dio las más elevadas responsabilidades a sus familiares, como su primo Nicetas.

Ya los persas habían tomado Antioquía, la enorme ciudad de Siria, y luego hicieron lo mismo con las grandes ciudades de Damasco en 613 y Jerusalén en 614. En esta última ciudad se produjo una espantosa matanza de cristianos. Los persas con la ayuda de los judíos incendiaron todas las iglesias cristianas, y se llevaron la Vera Cruz y muchas reliquias a Ctesifonte como botín. Finalmente el ejército invasor se dirigió a Egipto y allí se adueñó del granero del imperio. La peste y la hambruna se adueñaron de lo que quedaba del imperio. Tan desesperada era la situación que en los primeros años el emperador llegó a considerar el traslado de la corte a Cartago, para tener desde allí la oportunidad de rehacerse y reconquistar lo perdido. Sin embargo, el temor de los habitantes de la capital y sobre todo el pedido del patriarca Sergio, convencieron a Heraclio de quedarse en Constantinopla.

Administrativamente, Heraclio dividió en themas (especie de provincias militarizadas) toda la región del Asia Menor, decisión fundamental para el futuro del Imperio. Esto dio más poder a los gobernantes de cada thema y facilitó la defensa de cada uno de los territorios. En los Balcanes y en Grecia no le fue posible aplicar esta estructura porque los eslavos habían devastado la región y la habían ocupado. Solamente formaban parte de themas marinos algunas costas. La organización de los themas facilitó la creación de un ejército autóctono en detrimento del ejército de mercenarios, más caro y menos leal. Una vez organizado el territorio, y asegurada la fiel colaboración de la iglesia ortodoxa, con el patriarca Sergio al frente, Heraclio consolidó una paz con los ávaros, pagando un pesado tributo.

Heraclio
Heraclio y sus hijos en un sólidus bizantino de su reinado.

El plan de Heraclio para su campaña contra los persas fue meditado, pensado, elaborado paso a paso, pero fue ejecutado de una forma audaz, constituyendo una auténtica gesta patriótica, con tintes de heroísmo y santidad, que le dieron a esta época un aura especial. Dicho plan consistía en un ataque directo al corazón del rey de reyes. No habría una dura campaña de reconquista en las provincias orientales. Habría un ataque bien organizado directo hacia el reino que tantos problemas le estaba causando. Como primer paso, en 622 abandonó Constantinopla para pasar a Asia Menor, liberarla y organizar su ejército penetrando en Armenia y consiguiendo refuerzos. Eludió las fuerzas de Sahr Barz, que estaba en Capadocia, entró en Armenia y en 623 atacó el norte de Persia, donde triunfó en un par de encuentros y casi logró tomar como prisionero al propio Crosroes en Gandzak. Finalmente se dirigió a Transcaucasia a invernar con sus cansadas tropas. Había conseguido su primer objetivo. Al año siguiente Heraclio venció a los persas en tres oportunidades, y en una de ellas consiguió apoderarse del campamento se Sahr Barz, en las inmediaciones del lago Van. Pero los persas contraatacaron ferozmente y obligaron a los bizantinos a escapar hacia Cilicia, ya en 625. Heraclio no podía todavía entrar en pleno territorio persa, como era su intención.

Al año siguiente se produjo un ataque furibundo y muy peligroso: los persas y los ávaros se unieron para asediar Constantinopla. El general persa Sahr Barz y su aliado el kan ávaro además de incontables eslavos, búlgaros y gépidos atacaron las murallas, cuya defensa asumió el patriarca Sergio, en ausencia del emperador, que se hallaba de campaña en Lazica. No sería tarea fácil defender la enorme ciudad de las incontables hordas de guerreros aliadas con el disciplinado ejército persa al mando del general Sahr Barz. Hombre muy popular en la capital, Sergio comprendió que el vigor religioso podía encender los ánimos de la gente y procuró que todos rezaran y pidieran a Dios que los proteja de los enemigos. Las primeras acciones, ocurridas el 2 de agosto, demostraron la gran superioridad de la flota bizantina sobre los barcos eslavos, quienes eran buenos navegantes pero no estaban bien organizados. Obtenido el dominio de las aguas, los marinos bizantinos pudieron abastecer en fácilmente a los sitiados, levantándoles la moral. Días después, al atacar la flota bizantina a los ávaros en tierra firme, estos entraron en pánico y huyeron, demostrando su desorganización, dejando solos a los persas. Sahr Barz consideró que debía retirarse con parte de sus efectivos, hecho que fue aprovechado por Teodoro, hermano del emperador, que venció a las tropas persas apostadas frente a las murallas. Los persas huyeron a Siria, levantando el sitio definitivamente el 7 de agosto, en lo que constituyó una de los hechos más recordados y dramáticos de toda la historia de Bizancio, porque no tenían consigo al emperador, y porque fueron asediados por miles de enemigos aliados en su contra. La población tomó el hecho como algo divino, y agradeció con grandes festejos y con la confirmación de su fe. También afirmó su fe en los iconos, a los que muchos atribuyeron la victoria.

Excelente mapa del final de la era de Heraclio, cuando los persas habían arrebatado a Bizancio las provincias orientales. Estos territorios serían mantenidos con mayor o menor éxito por el Imperio Bizantino durante seis siglos.

Heraclio, que no se había dejado impresionar por el despliegue ávaro-persa ante la capital y se mantuvo firme en el frente de batalla, se alió con los jázaros del Cáucaso, luego se dirigió a Lazica, bajando por el valle del Tigris en diciembre de 627. Junto a Nínive, Heraclio derrotó a un gran ejército persa, quedando libre el camino hacia Ctesifonte. En una larga marcha de dos meses, Heraclio fue apoderándose de todas las posesiones del rey de reyes, y en febrero de 628 llegó hasta las puertas de la fabulosa capital sasánida. En ese instante lo pusieron en conocimiento de que Crosroes II, rey sanguinario que había dado sobradas muestras de estar desequilibrado y había perdido el favor del pueblo, había sido destronado por uno de sus hijos, Kawadh. Heraclio firmó una paz con el nuevo rey de reyes el 3 de abril, y consiguió que los persas se retirasen de Armenia. Sin embargo, todavía quedaba un problema: Sahr Barz se había sublevado con sus tropas acantonadas en Siria, y mantenía este territorio y Egipto a su mando. Pero en julio de 629 Heraclio se encontró con el bravo general en Capadocia, y arregló el retiro de las tropas persas de todos los territorios bizantinos. En agosto de 629, Heraclio hizo su entrada triunfal en Constantinopla. La reliquia de la Vera Cruz robada por los sasánidas fue devuelta por el emperador a la ciudad de Jerusalén, en marzo de 630. En ocho años de campaña permanente, de sacrificio y lucha, Heraclio había solucionado de forma definitiva el problema de los persas en oriente y el de los ávaros en occidente. El imperio estaba entrando en una nueva era de paz y prosperidad que se avecinaba con los mejores augurios.

En ese año 630 el emperador prohibió a los judíos vivir y establecerse en Jerusalén. Podría interpretarse como castigo por la colaboración que los judíos prestaron a los persas, pero es más factible que la decisión fuese tomada con el objetivo de evitar una represalia de la población cristiana de la ciudad. En 634 obligó a los judíos a bautizarse como cristianos, con otro decreto polémico. Lo único que consiguió fue exasperar al pueblo judío. Por culpa de estos edictos se produjeron levantamientos y varias masacres importantes de esa población en manos de los bizantinos.

Otro gran problema que enfrentó Heraclio fue el monofisismo declarado de las provincias reconquistadas. Lo hizo a  través de los esfuerzos propios y del patriarca Sergio, que trató de imponer soluciones de compromiso, como el monoenergismo o el monotelismo, acercando la posición de los ortodoxos a los monofisitas, soluciones que incomodaron a ambas partes. Ninguna solución fue aceptada por el pueblo oriental. Todas estas disposiciones los predispusieron en contra del emperador.

Heraclio helenizó gran parte de la administración, poniéndola a tono con el pueblo, que ya no hablaba latín, sino griego, ejemplo que fuera seguido por sus sucesores hasta la helenización de las leyes por León III. Por ejemplo, rehusó el título romano de imperator, adoptando el título griego de basileus.

En 634 el árabe Yezid penetró en Palestina derrotando a las tropas de Sergio, el gobernador de Cesarea, que murió en el encuentro. En febrero vencieron a los bizantinos en Dathin. En mayo tomaron Bosra. En enero de 635 derrotaron a los bizantinos en Pella. En febrero el ejército imperial se desquitó en un combate e hizo retroceder al invasor. En marzo comenzó el sitio de Damasco, que fue conquistada por los árabes en setiembre. En noviembre entraron en Emesa. Así comenzó la invasión por parte de los árabes del imperio bizantino, simultánea a la efectuada en el reino Persa sasánida. El pueblo árabe era muy luchador, sacrificado y ducho en contiendas, y había participado regularmente de las guerras bizantinas y persas, de uno y de otro lado. También conocía el territorio de ambos países, porque había comerciado con ellos durante siglos. En 637 ya habían conquistado Persia, muy debilitada luego de la guerra con Bizancio.

En cuanto a la situación en los Balcanes, en 636 Heraclio se alió con Kovrat, el líder de los búlgaros. Intentaba eliminar de forma definitiva el elemento eslavo de los Balcanes. Pero la tarea era demasiado grande para hacerla en forma rápida. Por eso decidió aliarse con las nuevas tribus eslavas, los croatas y los serbios, y los estableció aproximadamente en los territorios que históricamente les han pertenecido hasta el presente, comenzando con la cristianización de ambos pueblos.

En 636 los musulmanes abandonaron Damasco y Emesa y se produjo un avance de las tropas bizantinas. Entre el 15 y el 20 de agosto de ese año los invasores musulmanes vencieron en una larga y durísima batalla a los bizantinos a orillas del río Yarmuk. Se produjo entonces la huida de las tropas defensoras hacia el norte, hasta Anatolia o Capadocia. Los árabes encontraron el terreno libre en toda Siria para conquistar las ciudades bizantinas. En diciembre de 636 conquistaron nuevamente Damasco. En setiembre de 637 tomaron Jerusalén, que se rindió a sus oponentes. A fin de año Bizancio y el Islam firmaron un tratado de no agresión en el norte de Siria. Fue un breve descanso para el agotado ejército bizantino. En febrero de 638 el califa Omar entró en Jerusalén. A fines de 638 los musulmanes entraron en Antioquía, completando la conquista de Siria.

En diciembre de 639 los árabes invadieron Egipto. Su ambición de conquista parecía no tener límites. Al año siguiente terminaron de conquistar los últimos reductos de Siria y Palestina. Amru, líder del ejército árabe en Egipto, no encontró ninguna resistencia, y pidió refuerzos. Con ellos conquistó Pelusium y Heliópolis. El miedo se apoderó de toda la provincia bizantina. Una gran cantidad de habitantes se dirigió hacia las murallas de Alejandría. El patriarca Ciro inició negociaciones con los árabes pero, tal vez tratando de evitar lo que había sucedido en Jerusalén, recibió la orden de viajar a Constantinopla, donde le retiraron su cargo. Alejandría quedó sitiada por el ejército invasor.

Heraclio murió el 11 de febrero de 641, afectado de una enfermedad que le hinchaba los miembros y lo inmovilizaba, muy probablemente hidropesía. Ya estaba cansado, triste y abatido por las derrotas y las malas noticias de los últimos años. Salvó al imperio del accionar criminal de Focas, planificó las mejores campañas del ejército bizantino, acabó con el reino de los persas sasánidas hasta reducirlo casi a la nada. Pero gran parte de esa gloria  terminó con la irrupción del Islam y la definitiva pérdida de las mejores provincias del imperio. No lo sabían aún, y sin dudas durante mucho tiempo considerarían a Siria, Palestina y Egipto como parte natural del imperio. Pero era evidente que un cambio se estaba gestando en el mundo y que no era el mejor para el imperio. Por eso la tristeza y el desánimo hicieron presa de un hombre que, ya viejo y agotado, no tenía punto de comparación con el héroe alto y fuerte que un día se hizo cargo de la enorme tarea de recuperar el prestigio y la fe en las instituciones bizantinas. Heraclio, a pesar de los desastrosos últimos años de su vida, es uno de los grandes en la historia de Bizancio. Sin dudas sin él el imperio hubiera dejado de existir a más tardar en 615 o 620, y los sasánidas o los árabes hubiesen hecho del mismo una presa fácil y accesible. No fue así por obra del gran emperador que reinó durante unos provechosos treinta y un años. Y aunque los últimos cinco años parecieron hacer desvanecer sus enormes logros, éstos no se vieron disminuidos en ningún sentido.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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