Constante II, emperador temerario (641-668)

Constante II, emperador temerario (641-668)

(Extracto del libro Breve Historia de Bizancio)

Constante II: Solidus de oro con su imagen

Constantino  III y Heracleonas (641)

Fue de lamentar el hecho de que Martina haya dominado de manera tan evidente a su decaído esposo Heraclio en los últimos años de su vida. Para comenzar, ella era ambiciosa y muy impopular, y el pueblo sólo esperaba que cometiese un error para echarla del poder. Muy en especial esperaban ese momento los miembros de los partidos verde y azul que dominaban la vida política en la capital, y con ello la de todo el imperio.

Martina consiguió que su pequeño hijo Heracleonas fuese nombrado por el viejo monarca como emperador heredero, junto con el mayor Constantino, hijo de la primera mujer de Heraclio, y con ella misma.

Martina podía ser la madre del emperador o la regente, pero el pueblo no la aceptó como emperatriz, aborreciendo su ambición y deseo de poder, así como también el apoyo a la nueva doctrina del monotelismo. Ese fue uno de los errores más graves que cometió Heraclio. Este invento, aunque aceptado por los patriarcas de oriente, nunca fue popular ni entre ortodoxos ni entre monofisitas. Además fue condenado por el papa Juan IV poco antes de morir el emperador.

Martina era la sobrina de Heraclio. Su casamiento con el basileus proporcionó las excusas necesarias para cualquier actitud contraria a la autoridad. También fue designado por sus contrarios como uno de los motivos por los cuales el imperio volvía a caer en desgracia. El matrimonio casi incestuoso del emperador, significaba para muchos la desdicha del imperio. El emperador debía ser un ser perfecto, sin mancha, y Heraclio sufrió las peores calumnias por culpa de su casamiento. Pero mucho más poderosa fue la fuerza negativa hacia el poder cuando el viejo emperador murió. Martina no se dio cuenta de ello tal vez porque la cegaba la ambición, aunque en realidad no le quedaba otro camino para elegir. Toda su vida trabajó  para consolidar su dinastía, y ahora su marido estaba muerto y solo le quedaba Heracleonas, ya que si bien dio a luz a nueve, varios murieron en edad temprana y otros nacieron defectuosos.

Constantino III por su parte pidió ser trasladado a Calcedonia. Ya estaba gravemente enfermo y no quería la compañía de su madrastra. Allí murió el 25 de Mayo de 641. Solo estuvo en el poder nominalmente y por escasos tres meses. Siempre fue enfermizo y murió muy joven. Su vida fue tan triste como los últimos años de su padre. Pero Constantino tenía dos hijos, entre ellos uno homónimo de once años, y las manifestaciones en la capital solían nombrarlo como candidato del pueblo a sustituir a la impopular Martina y al pequeño Heracleonas, que en realidad no tenía la culpa de nada. Tanto escándalo y tanta fuerza hizo el pueblo que consiguió que fuera coronado emperador en agosto de 641. Pero esto no fue suficiente para los principales enemigos de Martina, que provenían en general del ejército. Estos consiguieron la aprobación del senado para castigar el proceder de la odiada emperatriz. El castigo consistió en cortarle la lengua a ella y a su hijo la nariz. También fueron desterrados a Querson, en la península de Crimea, un lugar que si bien era parte del territorio bizantino debía parecer el fin del mundo en aquella época.

Constante  II (641-668)

Constante II: mapa del disgregado imperio bizantino que comandó.

El nuevo soberano, hijo de Constantino III y nieto de Heraclio, tomó el nombre de Constante II desde noviembre de 641. Estuvo sus primeros años bajo la protección del senado y del patriarca ya que era apenas un niño. De adulto reveló ser un hombre inteligente, capaz, muy dotado para la guerra y para la intriga, pero también en extremo autoritario, cruel y en ocasiones sanguinario.

Los comienzos de su reinado fueron muy desalentadores y solo trajeron malas noticias: poco a poco se perdía Egipto en manos del Islam, que entraba en todas las ciudades, las que oponían poca resistencia. Sin embargo Alejandría resistiría solitaria durante un año más, cayendo en noviembre de 642. Esta pérdida sería catastrófica en varios sentidos: Egipto era sin ninguna duda el proveedor de grano más importante para la gran cantidad de gente que vivía en Constantinopla. Sin ese grano la sombra de la hambruna ganaba el ánimo en la capital del imperio. Por otra parte, la idea de ser un imperio mundial solía tener un mayor asidero si se tenía Egipto, que proveía no solo de alimento sino de diversas riquezas que a su vez significaban un enorme poder, como ser enormes cantidades de tierras y el oro de Nubia. Por eso al perderse esta provincia se perdió en términos económicos, anímicos, morales, doctrinales y de poder.

Pero los bizantinos de la época tenían demasiados problemas como para perder el tiempo en hacer semejante balance. Podían seguir considerando que las pérdidas recientes eran meramente circunstanciales, pero lo que ahora apremiaba era la subsistencia misma del estado ante la enorme agresividad del enemigo. El Islam siguió atacando al imperio y penetró en Cilicia, Capadocia, Frigia y Armenia. Esta última era fundamental por ser una constante fuente de soldados para el ejército imperial. Ante esto poco pudo hacer el ejército bizantino.

Imagen de un joven Constante II en un solidus de la época

En 645 Constante II envió a Egipto una flota que recuperó Alejandría. Sin embargo, este fulgurante éxito no pudo ser mantenido por mucho tiempo, cayendo de nuevo la ciudad un año después.

La disputa en Armenia duró varios años de resistencia, pero la política de Constante de someter a la iglesia local fue adversa para los intereses de Bizancio. Como última respuesta luego de años de lucha entre dos potencias, Teodoro Rechtuni trató la entrega del país a Mohawiya, en 653. Luego el propio Constante dirigió al ejército bizantino hacia el país del Cáucaso y obtuvo importantes victorias, logrando la sumisión del patriarca armenio Nersés II. Sin embargo la patria de los sufridos y batalladores armenios quedó aislada del imperio por la pérdida momentánea de grandes territorios de Asia Menor, especialmente entre 657 y 661. Por eso Bizancio solamente pudo conservar una parte del país oriental.

Otro grave problema se vivió en África occidental, cuando miles y miles de egipcios monofisitas se asilaron en ella. La provincia occidental era mayormente ortodoxa, con lo cual la guerra religiosa perjudicó a todo el territorio. Para entorpecer aún más la situación, el exarca Jorge se dio a la tarea de convertir a los monofisitas a la ortodoxia, les gustase o no. Fue ayudado por el monje Máximo. Este monje era un personaje muy influyente en la sociedad africana del siglo VII, y entre sus logros estuvo el de convencer al patriarca Pirro de volver a la doctrina ortodoxa abjurando del monotelismo impulsado por el emperador. Pero esto no significo la paz, ni mucho menos. El nuevo exarca, Gregorio, se sublevó y se hizo proclamar emperador en 647, provocando una revuelta de enormes proporciones. Sin embargo la suerte le fue esquiva, ya que en medio de su recorrida por el territorio buscando aliados se encontró con un ejército musulmán y perdió la batalla y la vida.

La convulsión religiosa privaba a Constante II de mantener en paz la provincia de África, fundamental en la defensa contra el Islam. Los Papas Juan VI, Teodoro y Martín solían apoyar siempre al credo ortodoxo en contra de las directivas del estado, influyendo demasiado en la convulsionada provincia, con lo cual Constante se decidió a tomar la acción en sus manos: dio orden a Teodoro Kalliopas, el exarca de Rávena, de capturar al papa Martín, embarcarlo y conducirlo a Constantinopla. Allí llegó Martín el 17 de septiembre de 654. Fue acusado por el emperador de alta traición, convertido en convicto por criminal, juzgado por un tribunal secularizado, retirado del sacerdocio, encerrado junto con criminales comunes en la cárcel del Pretorio y finalmente desterrado a Querson. En esa lejana y fría ciudad de Crimea murió el 16 de septiembre de 655. Había pasado un año de tortura física y mental.

Semissis de Constante II (Medio solidus)

Pero en Africa los inconvenientes siguieron sucediéndose uno tras otro, como el ataque que sufrió el influyente monje Máximo por parte de los monotelitas adictos al emperador. Primero lo secuestraron, luego lo quisieron sobornar para que adhiriese al monotelismo, y ante su negativa  lo torturaron vilmente junto con dos discípulos. Murió el 13 de agosto de 662. Por todos estos problemas y sólo para pacificar una provincia seriamente amenazada por el enemigo, Constante renunció al monotelismo. La decisión del basileus fue oportuna, ya que Mohawiya, ahora en la posesión de una importante cantidad de kilómetros de costa y ciudades costeras en Siria, Palestina y Egipto, mandó construir una flota con la cual se apoderó de las ciudades costeras de Isauria, donde organizó enormes astilleros navales que serían el comienzo de la larga disputa del Mediterráneo oriental entre árabes y bizantinos. Ya en 649 había asolado las costas de Chipre. Luego saquearon Rodas en 654, y Creta y Cos en 655. Incluso hubo un primer intento árabe de  atacar Constantinopla, cuando una flota de Mohawiya avanzó desde Trípoli hasta los Dardanelos, derrotando a la flota imperial que comandaba el mismo emperador Constante. Por suerte para Bizancio, la guerra civil posterior por el asesinato del califa Otmán en 656 hizo que Mohawiya firmara en forma preventiva un tratado con Bizancio, reconociéndose tributario del imperio en 659. A pesar de este tratado, que significó un momentáneo respiro, el largo dominio bizantino del Mediterráneo oriental había sufrido un inesperado colapso. Esto le traería al imperio enormes problemas durante los próximos cuatro siglos, durante los cuales la disputa de las aguas con los árabes fue un permanente punto de tensión. A la vez fue una especie de juego estratégico militar de enorme trascendencia en todos los acontecimientos políticos de la región.

En los Balcanes, Bizancio también sufrió una imponente transformación. Los eslavos acamparon a sus anchas, haciéndose dueños de gran parte del territorio europeo del imperio. Aprovechando la calma con los árabes, en plena guerra civil, el basileus se dirigió a Europa y planeó una campaña en 658, en la que tuvo un gran éxito. Obtuvo gran cantidad de prisioneros.

Constante fue un emperador inquieto y aventurero. Dirigió todas sus campañas personalmente, como su abuelo Heraclio. No le atemorizó ni el mar ni las montañas ni los territorios inhóspitos rodeados de enemigos. Sin dudas los atributos del máximo guerrero bizantino habían llegado hasta él. No le importaba residir en Constantinopla al abrigo de los ataques enemigos, por eso fijaba su residencia en Tesalónica o en Atenas, mientras dirigía campañas contra los bárbaros o planeaba su política religiosa, siempre controvertida y muy resistida en algunos ámbitos del imperio. También residió un tiempo en Tarento, en el sur de la península itálica, base desde la cual pacificó el Africa a su manera. De paso hizo rendir a Benevento, que hasta 663 estuvo en manos de los lombardos. Visitó Roma y fue recibido con todos los honores por el papa Vitaliano. Luego se dirigió a Siracusa, donde estuvo cinco años y estableció una base desde la cual pensó en atacar a los árabes, enviando en ese tiempo al menos una expedición contra ellos. En 668 Constante, rodeado de enemigos en una tierra hostil a sus convicciones religiosas, fue asesinado por un oficial en su propio baño.

Este periodo de Constante II fue un tiempo de lucha interna permanente, de controversia religiosa y de peligros externos muy significativos. El basileus se comportó de forma valiente e inteligente, y su movilidad le hizo estar presente en muchos lugares donde hacía falta la mano dura del poder. Pero esa mano dura fue a veces más allá del límite. El basileus se comportó a veces como un hombre sanguinario. Su política religiosa fue inevitablemente resistida por la gente que ya había mostrado su intransigencia con su abuelo. Constante II dejó a su hijo un imperio convulsionado y con sectores revolucionarios muy decididos a tomar el poder. Pero eran tiempos muy difíciles y el basileus hizo lo que estaba a su alcance para mantener el delicado equilibrio del poder. Fue uno de los emperadores más importantes, por su decisión, su entereza y por la forma en que enfrentó sus decisiones, con fuerza y convicción.

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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