Bizancio, el Gran Imperio de la Edad Media
Solidus bizantino
Solidus bizantino del emperador Leon VI

Un imperio es fundamentalmente una idea. Es una concepción de vida impuesta a todos los habitantes en determinado territorio, mediante la utilización de su poder. Quieran o no. Un imperio aplica su idea por la fuerza. Los imperios nacen, se desarrollan, duran determinado tiempo y terminan sucumbiendo, necesariamente, cuando la idea original ya no se encuentra vigente entre sus habitantes ni entre sus enemigos. Bizancio era un imperio. ¿Qué quiere decir eso? Que su ley imperaba en gran cantidad de territorios desiguales. Que dominaba y subyugaba a muchos pueblos. Que mucha gente de distinto origen e incluso de diversas etnias y que hablaban diferentes idiomas debían obedecer los preceptos aceptados en el imperio. Que estaban obligados a profesar la religión oficial, a seguir las costumbres, y a obedecer las leyes imperiales. Que tenían que hablar y escribir en el idioma impuesto por el estado. Y que debían pagar sus impuestos a los implacables recaudadores imperiales. Una gran parte de lo que los ciudadanos producían se lo llevaba el imperio. Y a cambio se obtenía cierta seguridad, a veces una paga importante, algo de protección, en ocasiones orgullo, educación y una forma de vida civilizada. Y al que no le gustaba y no cumplía con estos preceptos se le daba su merecido: la cárcel, la mutilación, el destierro o la muerte. Eso era Roma, eso era Bizancio. De esto se puede deducir que el imperio no resultaba una presencia agradable para una gran cantidad de súbditos. Un campesino del sur de Italia, por ejemplo. O un señor armenio, un marino sirio, tal vez un monje copto egipcio. Incluso a un señor griego del Peloponeso. Los eslavos de los Balcanes siempre admiraron y trataron de imitar la cultura, la religión, el arte y la forma de vida de Bizancio, pero también lucharon durante siglos por conservar su propia personalidad y obtener su independencia. Mucho antes, los habitantes de Siria, Palestina y Egipto, contrarios a la religión ortodoxa, habían luchado contra el poder centralizado de Constantinopla. Esta es la historia de Bizancio. La permanente pelea de un poder central por mantener unidos bajo su mando a una gran cantidad de territorios y habitantes disímiles, con diferentes intereses y costumbres, y siempre más o menos violentos o belicosos. La batalla eterna contra los enemigos, los bárbaros conquistadores e incivilizados. La infinita lucha por mantener viva la idea, el concepto de imperio. Esa llama que permitía la supervivencia de todo el sistema.

De mi Libro “Historia Breve de Bizancio” de Sílex Ediciones de España

Escribo, tomo fotografías artísticas y analizo música clásica y rock, literatura, historia medieval y me atrevo con las noticias de Argentina y del mundo.

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